
Era su primer día en aquella oficina. Se trataba de un polígono industrial bastante bien comunicado y de calles anchas, por lo que no tuvo ningún problema en llegar ni en aparcar en la misma puerta ....
Priscila descendió de su coche asomando sus piernas a la inoportuna vista de un hombre bajito que pasaba por allí, o mejor dicho, salía de la nave hacia donde ella se dirigía.
El comentario típico, con silbidito incluido ya le ofrecía pistas oportunas de que “aquello” era de la clase de ligones plomizos a la caza hasta de una fregona .... -que decía su abuela ....-.
- (Silbidito) ... y .... Buenos días, señorita .... ¿viene por la demanda ...?. Yo mismo la atiendo, disculpe pero como la veo con el contrato en la mano, he supuesto ..... perdóneme si me equivoco .... hace tiempo que esperamos una secretaria y, la verdad, hasta hoy no habíamos visto nada de nuestro gusto .....
- ¿Quiere usted decir que contrata con la vista? .... ummmm, vaya, y para eso he estudiado yo tanto secretariado internacional en vez de la carrera que yo quería ...?, bueno, bien mirado .... estamos a la par: Usted contrata con la vista, yo tendré garantizados mis estudios, aunque sean por correspondencia, jejeje¡¡¡¡. ¿Y .... me va usted a dejar salir del coche, o piensa seguir desgastándome las piernas ....?.
- Por supuesto, salga, preciosidad, salga .... Perdone mi torpeza ..... qué tonto soy ..... Mil disculpas, de verdad, soy buena gente, un poco graciosillo, nada más ....
- Si, ya veo, ya .... Gracias ..., pues nada, ya me dirá dónde está mi puesto ..... Será mejor que empiece cuanto antes, ¿no?, como dice que “llevaban tiempo esperando”...... Le advierto que es muy desagradable encontrarse con un montón de tarea atrasada, pero siempre es así, ya estoy acostumbrada ....
- ¡Claro¡, aunque, por favor, déjeme primero besar su mano, y decirle que estoy encantado de que haya aparecido por aquí ..... Me llamo Juan ...
- Yo me llamo Priscila, y no le digo lo mismo porque no soy una aparición, en todo caso un envío de la agencia de colocación .... y de momento no hay nada que me encante salvo el sueldo y eso, evidentemente, hay que ganárselo, de modo que por favor le ruego termine de besar usted mi mano y proceda a indicarme el centro operativo de mis tareas ....
Juan no se daría por vencido, por supuesto .... La chicas duras siempre habían llamado poderosamente su atención, mucho más esta, con aquella abertura en la falda, aquel niki con tachuelas en su pecho .... (.. ¿no le pincharían .... las ..... partes blandas ...?) .... Toda ella en sí misma era un contraste permanente: rostro angelical, y eso que aún no se había quitado las gafas de sol ....., piel perfecta, blanquita, bien maquillada, un pelo ensortijado y oloroso que dejaba caer graciosamente un caracolillo en la gafa ..... ¡¡qué ganas tenía Juan de ver aquellos ojos ...¡¡¡, seguro que todavía ganaba más ....Y en cuanto al cuerpo, a pesar de lo barroco de su vestimenta, aquellas medias eran de seda, Juan lo sabía bien dada su experiencia en el picoteo de mujercitas de oficina, lo que daba a entender un interior ....... mmmmmmmm, totalmente a su gusto: seda por dentro, o raso quizás ..... tenía que averiguarlo como fuera ....
Invitó por fin a la muchacha a traspasar el umbral de la puerta para conducirla hasta los lavabos .... ¡¡digo, no¡¡, hasta la oficina después de las presentaciones oportunas:
En recepción estaba Manuel, que saludó a Priscila con la boquita un poco abierta y aquel deje extremeño que no tardaría mucho en hacerse familiar para ella. Priscila le correspondió con una amable sonrisa y despojándose de sus gafas de sol, dejando por fin al descubierto aquellos ojazos oscuros que inexplicablemente brillaban como el mar ... e iluminaban muchísimo mas su rostro angelical -aunque la mirada fuera más bien perversa ....-.
En el almacén estaba Paco, bastante más joven que Juan y que Manuel, con un mote un tanto peculiar ....”el estupendo”.... curioso, lástima que a Priscila le importara más bien poco el motivo de aquel mote, aunque terminaría por deducirlo unos días más tarde, en cuanto llegara hasta su mesa y los mecanismos administrativos a tratar se iniciaran de una vez ....
De momento no había por allí nadie más. Los repartidores ya habían salido a ruta y el otro socio de Juan se encontraba en la entidad bancaria, de modo que ..... ya los iría conociendo poco a poco.
Lo malo iba a ser que la oficina estaba en la planta superior de la nave y ....... ¡¡¡oh, sorpresa¡¡¡, las malditas escaleras eran metálicas y además caprichosamente orientadas hacia la entrada ...., por lo que irremediablemente cualquiera que se colocara debajo vería el interior de su falda ..... pero .... ¿qué podía hacer si no se le había advertido de aquella pequeña e insignificante característica del puesto.? .... Priscila tenía una teoría: más sufre el que ve que el que enseña, de modo que, elegantemente, ante la invitación de su flamante jefe, Priscila subió las malditas escaleras sabiendo a ciencia cierta que tanto Manuel como Paco mirarían desde abajo. Solo esperaba que fueran algo prudentes y no unos babosos a la hora de mirar unas piernas y unas bragas ..... pero ...... que si quieres arroz, Catalina ...... Bueno, pues que se jodiera Juan que se tuvo que conformar con ver de cerca nada más que el culo ..... ¡¡¡¡¡¡Hombres¡¡¡¡¡¡, para según qué no tienen composturas ningunas, ni disimulo, ni discreción ..... Es más, dudaba mucho que conocieran aquellas palabras ..... o tal vez solo para intereses personales .... lo mismo da .....
Una vez dentro de la oficina, Juan mostró a Priscila el funcionamiento de albaranes, marcas, facturación, caja, asientos .... etc ..... al tiempo que se hacía el pegajoso -aparte del gracioso- porque ya no podía más ....
Desde luego Priscila se había percatado de que el paquete de Juan iba creciendo según avanzaba ....... no ya la conversación, que era casi inexistente, sino la mirada de su interlocutor, que más o menos intentaba desvestirla con los ojos y, seguramente ayudado de su fantasía, lo que le pareció un tanto inaudito, querer pretender ya, desde el primer día y sin ni siquiera conocer el procedimiento rutinario de la oficina, ir a tan mayores, pero bueno, aquello ya no era la empresa familiar que dejara atrás, donde todo eran enseñanzas y prácticas, aquello era el mundo exterior, jefes, hombres. Con esta última palabra todo estaba definido ..... Necesitaba un plan, una táctica, un ..... freno .... al menos hasta que se pensara lo contrario, porque, claro ...... lo único que sabía: que se llamaba Juan, que se las daba de gracioso -que no es lo mismo que serlo- y que se encontraba excitado, el hombre, que seguramente la noche anterior y dado que lucía anillo de casado, pues su santa y respetable esposa, no tendría ganas de ..... lo procedente en un lecho conyugal, y, claro, recibir a la mañana siguiente una especie de sorpresa envuelta en seda, pues se podía comprender que resultara excitante, pero ..... primero la obligación y, después, si acaso, la devoción. No casaba muy bien aquel planteamiento de aliviar a Juan nada más llegar, seguramente él lo sabía también. Parecía cortito de inteligencia, pero seguro que hasta ahí llegaba ..... No obstante, sus pretensiones quedaban bien claras desde el primer día, la primera hora, el primer minuto y el primer cruce de miradas ..... En fin, forma parte de la dura vida de secretaria, sobre todo si se llamaba ....... Priscila ........
María Silvia Cano. Año 2003.
Priscila descendió de su coche asomando sus piernas a la inoportuna vista de un hombre bajito que pasaba por allí, o mejor dicho, salía de la nave hacia donde ella se dirigía.
El comentario típico, con silbidito incluido ya le ofrecía pistas oportunas de que “aquello” era de la clase de ligones plomizos a la caza hasta de una fregona .... -que decía su abuela ....-.
- (Silbidito) ... y .... Buenos días, señorita .... ¿viene por la demanda ...?. Yo mismo la atiendo, disculpe pero como la veo con el contrato en la mano, he supuesto ..... perdóneme si me equivoco .... hace tiempo que esperamos una secretaria y, la verdad, hasta hoy no habíamos visto nada de nuestro gusto .....
- ¿Quiere usted decir que contrata con la vista? .... ummmm, vaya, y para eso he estudiado yo tanto secretariado internacional en vez de la carrera que yo quería ...?, bueno, bien mirado .... estamos a la par: Usted contrata con la vista, yo tendré garantizados mis estudios, aunque sean por correspondencia, jejeje¡¡¡¡. ¿Y .... me va usted a dejar salir del coche, o piensa seguir desgastándome las piernas ....?.
- Por supuesto, salga, preciosidad, salga .... Perdone mi torpeza ..... qué tonto soy ..... Mil disculpas, de verdad, soy buena gente, un poco graciosillo, nada más ....
- Si, ya veo, ya .... Gracias ..., pues nada, ya me dirá dónde está mi puesto ..... Será mejor que empiece cuanto antes, ¿no?, como dice que “llevaban tiempo esperando”...... Le advierto que es muy desagradable encontrarse con un montón de tarea atrasada, pero siempre es así, ya estoy acostumbrada ....
- ¡Claro¡, aunque, por favor, déjeme primero besar su mano, y decirle que estoy encantado de que haya aparecido por aquí ..... Me llamo Juan ...
- Yo me llamo Priscila, y no le digo lo mismo porque no soy una aparición, en todo caso un envío de la agencia de colocación .... y de momento no hay nada que me encante salvo el sueldo y eso, evidentemente, hay que ganárselo, de modo que por favor le ruego termine de besar usted mi mano y proceda a indicarme el centro operativo de mis tareas ....
Juan no se daría por vencido, por supuesto .... La chicas duras siempre habían llamado poderosamente su atención, mucho más esta, con aquella abertura en la falda, aquel niki con tachuelas en su pecho .... (.. ¿no le pincharían .... las ..... partes blandas ...?) .... Toda ella en sí misma era un contraste permanente: rostro angelical, y eso que aún no se había quitado las gafas de sol ....., piel perfecta, blanquita, bien maquillada, un pelo ensortijado y oloroso que dejaba caer graciosamente un caracolillo en la gafa ..... ¡¡qué ganas tenía Juan de ver aquellos ojos ...¡¡¡, seguro que todavía ganaba más ....Y en cuanto al cuerpo, a pesar de lo barroco de su vestimenta, aquellas medias eran de seda, Juan lo sabía bien dada su experiencia en el picoteo de mujercitas de oficina, lo que daba a entender un interior ....... mmmmmmmm, totalmente a su gusto: seda por dentro, o raso quizás ..... tenía que averiguarlo como fuera ....
Invitó por fin a la muchacha a traspasar el umbral de la puerta para conducirla hasta los lavabos .... ¡¡digo, no¡¡, hasta la oficina después de las presentaciones oportunas:
En recepción estaba Manuel, que saludó a Priscila con la boquita un poco abierta y aquel deje extremeño que no tardaría mucho en hacerse familiar para ella. Priscila le correspondió con una amable sonrisa y despojándose de sus gafas de sol, dejando por fin al descubierto aquellos ojazos oscuros que inexplicablemente brillaban como el mar ... e iluminaban muchísimo mas su rostro angelical -aunque la mirada fuera más bien perversa ....-.
En el almacén estaba Paco, bastante más joven que Juan y que Manuel, con un mote un tanto peculiar ....”el estupendo”.... curioso, lástima que a Priscila le importara más bien poco el motivo de aquel mote, aunque terminaría por deducirlo unos días más tarde, en cuanto llegara hasta su mesa y los mecanismos administrativos a tratar se iniciaran de una vez ....
De momento no había por allí nadie más. Los repartidores ya habían salido a ruta y el otro socio de Juan se encontraba en la entidad bancaria, de modo que ..... ya los iría conociendo poco a poco.
Lo malo iba a ser que la oficina estaba en la planta superior de la nave y ....... ¡¡¡oh, sorpresa¡¡¡, las malditas escaleras eran metálicas y además caprichosamente orientadas hacia la entrada ...., por lo que irremediablemente cualquiera que se colocara debajo vería el interior de su falda ..... pero .... ¿qué podía hacer si no se le había advertido de aquella pequeña e insignificante característica del puesto.? .... Priscila tenía una teoría: más sufre el que ve que el que enseña, de modo que, elegantemente, ante la invitación de su flamante jefe, Priscila subió las malditas escaleras sabiendo a ciencia cierta que tanto Manuel como Paco mirarían desde abajo. Solo esperaba que fueran algo prudentes y no unos babosos a la hora de mirar unas piernas y unas bragas ..... pero ...... que si quieres arroz, Catalina ...... Bueno, pues que se jodiera Juan que se tuvo que conformar con ver de cerca nada más que el culo ..... ¡¡¡¡¡¡Hombres¡¡¡¡¡¡, para según qué no tienen composturas ningunas, ni disimulo, ni discreción ..... Es más, dudaba mucho que conocieran aquellas palabras ..... o tal vez solo para intereses personales .... lo mismo da .....
Una vez dentro de la oficina, Juan mostró a Priscila el funcionamiento de albaranes, marcas, facturación, caja, asientos .... etc ..... al tiempo que se hacía el pegajoso -aparte del gracioso- porque ya no podía más ....
Desde luego Priscila se había percatado de que el paquete de Juan iba creciendo según avanzaba ....... no ya la conversación, que era casi inexistente, sino la mirada de su interlocutor, que más o menos intentaba desvestirla con los ojos y, seguramente ayudado de su fantasía, lo que le pareció un tanto inaudito, querer pretender ya, desde el primer día y sin ni siquiera conocer el procedimiento rutinario de la oficina, ir a tan mayores, pero bueno, aquello ya no era la empresa familiar que dejara atrás, donde todo eran enseñanzas y prácticas, aquello era el mundo exterior, jefes, hombres. Con esta última palabra todo estaba definido ..... Necesitaba un plan, una táctica, un ..... freno .... al menos hasta que se pensara lo contrario, porque, claro ...... lo único que sabía: que se llamaba Juan, que se las daba de gracioso -que no es lo mismo que serlo- y que se encontraba excitado, el hombre, que seguramente la noche anterior y dado que lucía anillo de casado, pues su santa y respetable esposa, no tendría ganas de ..... lo procedente en un lecho conyugal, y, claro, recibir a la mañana siguiente una especie de sorpresa envuelta en seda, pues se podía comprender que resultara excitante, pero ..... primero la obligación y, después, si acaso, la devoción. No casaba muy bien aquel planteamiento de aliviar a Juan nada más llegar, seguramente él lo sabía también. Parecía cortito de inteligencia, pero seguro que hasta ahí llegaba ..... No obstante, sus pretensiones quedaban bien claras desde el primer día, la primera hora, el primer minuto y el primer cruce de miradas ..... En fin, forma parte de la dura vida de secretaria, sobre todo si se llamaba ....... Priscila ........
María Silvia Cano. Año 2003.
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