lunes, 3 de mayo de 2010

Hechizo de amor



Por fin amanecía ...... Laila no durmió bien aquella noche, demasiado calor dentro de su cuerpo para una primavera de tantas .... Se levantó de la cama alzando un poco más la persiana para que penetrara el Sol radiante y poder contemplar aquella cordillera que le daba los buenos días amablemente. Había transformado infinidad de veces sus tonos y coloridos dependiendo del grado de luz que la reflejara y de la nieve que solía caer sobre ella copiosamente en varias ocasiones del año ..... aunque ya le quedaba poca, pero no por eso era menos hermosa, fuerte, regia, encantadora ...... Blanca, parda, negra o invisible en los días de nublos, nunca perdía ni un ápice de su hermosura .....

La saludó con su pensamiento y recordó la mala noche pasada ..... No le quedaría otro remedio que recurrir al libro de la abuela ...... de modo que abrió su escritorio donde se encontraba el cofre mágico y sacó su libro de hechizos.

Le fastidiaba mucho recurrir a semejante artimaña pero había detectado que aquella primavera le mantenía un pulso demasiado fuerte. Sus recursos se fueron agotando con el transcurso de los días y .......... nada parecía surtir efecto en él. La última conversación mantenida con la abuela había versado sobre ello:

- “Hay hombres que son inmunes a la magia roja ..... Entonces, y solo entonces deberás utilizar la magia blanca, asegurándote de no hacer daño a nadie o volverás en tu contra todo cuanto hagas” .....

Arriesgada tarea, desde luego, pero mírate, Laila, empapada en sudor, retorciéndote de ardor desde la mañana hasta la noche, dando el grifo de la ducha por la mañana, a medio día, a media tarde y por la noche ....... Sólo una de cada centenar de brujas nacen con este estigma y te ha tocado a tí ............

En otro lugar, lejos de Laila, un hombre de mediana edad se dispone a tomar su vehículo. Se dirige hacia alguna parte y le acompaña una sensación extraña, como si hoy le estuvieran pequeños los pantalones ......”qué raro ...”, son los mismos de siempre .... bueno, de un mes a esta parte, y no creo haber engordado, sino todo lo contrario ..... Además no es de la cintura donde se ha dejado escapar un efecto de “tirantez”, sino de la bragueta .....

Bueno, es igual, ya no tengo tiempo de subir a cambiarme .....

Se sienta en su vehículo y lo arranca empezando un trayecto que difícilmente va a olvidar ......

Laila medita largo y tendido: ¿Soy libre?, sí. ¿Tengo ataduras?, las justas y necesarias, no más. ¿Qué hice?, me lo encontré. ¿Por qué?, fue el destino que así lo quiso. ¿Para qué?, para demostrarme que existe el hombre que encaja en mi puzzle. Reté al cosmos, le reprendí alegando que no existía el hombre que yo necesito y me respondió con él ......

¿Es libre?, si, eso dice. ¿Tiene ataduras?, casualmente las mismas que yo .... ¿Qué hizo?, me encontró, respondió al estímulo pero después se llenó de dudas. ¿Por qué?, porque es idéntico a mí: misántropo, soñador y dañino para sí mismo, para nadie más. ¿Para qué se comporta así?, no lo puede evitar, es así ...... Su impulso lo llevó a un ruego que ahora no cree. Cada uno pasa su vida como sabe, puede o necesita .....

No, para nada hay daño en lo que voy a hacer, el Cosmos aguarda un desenlace de todo esto .... Sin forzar, hay que actuar ...... Nos podemos pasar el resto de nuestra vida los dos en un tira y afloja que rompa la cuerda y entonces el desequilibrio provocaría .... ¿qué?, yo, desde luego no quiero saberlo, así que .....

Laila se sentó en su sillón orejero confortablemente, muy confortablemente. Contaba con adiestramiento suficiente como para en un par de minutos llegar a su destino .... Cerró los ojos, pensó en el y .....

Le vio. Estaba conduciendo, abstraído y le pareció ver un brillo especial en su mirada picarona ....

Con sumo cuidado empezó a hablarle al oído después de besar su mejilla ....

El conductor de aquel vehículo con ciertas tiranteces en ciertas partes se tocó su mejilla derecha .... Le pareció que algo le había propinado un leve roce .....

“Llego en mal momento, amor, como siempre ...... te dejaré conducir tranquilo, solo una caricia y un hasta luego .....”

Sin saber por qué, de pronto, “él” se acordó de alguien, era una chica un poco mentirosilla o enmascarada o desconfiada ....... y zumbada -sin duda-, pero qué bien escribía, la condenada ...... ¿Y por qué me tengo que acordar de Laila ahora ....?, será posible, qué inoportuna ...... Y esta tirantez y este dolor en la bragueta que me está matando ...... A ver si termino pronto la jornada, no puedo más .....

Laila permaneció tranquila en su sillón orejero, procurando simplemente observar, buscar, encontrar, propiciar el momento más apropiado para dar comienzo a su hechizo .... Por nada del mundo deseaba que le sucediera nada malo ..... Aquellos hechizos se utilizaban más en la noche de luna, claro, aprovechando el sueño del hombre amado, para introducirse en él y llenarlo de amor, pero su eterna impaciencia ..... También rompía las reglas de esa otra estadística, solo una de cada cien brujas son impacientes, y a ella, de nuevo, le había tocado ......

Así, concentrándose en sí misma, había propiciado que él llegara por fin a su destino, a salvo ya de curvas y distracciones muy peligrosas. En casa, el pobre hombre se quitó lo pantalones y fue cuando descubrió lo que sucedía, estaba excitadísimo .....

Era el momento propicio para Laila, “ahora sí, mi amor, abre tu mente y déjate llevar. Sabes lo mucho que te quiero, pero no te había dicho lo mucho que te necesito porque soy muy orgullosa. Así me es menos difícil, deja que tome tu pelo entre mis manos y arrime tus besos a mis senos ...... Debajo está mi corazón, mi pobre corazón, escucha cómo late por tí, que fuerte ........”

Él no se explicaba lo que le sucedía, su miembro crecía y crecía cada vez más, tomaba posición erecta mientras un aroma fresco a menta le embriagaba su nariz ..... y un pequeño pero tierno estremecimiento recorría su pelo ..... Se tumbó en la cama, no quería hacer otra cosa que permanecer allí tumbado, excitado y sintiendo. Era capaz de sentir como todo ese estremecimiento que nacía de su cabeza bajaba por su cuello, sus pechos, sus brazos, su vientre y desembocaba en el miembro erecto y a punto de estallar en unas gotas de placer que, a pesar de no saber su motivo ni la razón, le dejó el cuerpo contento para el resto del dia .......... mientras un vago pensamiento atravesaba su mente ............ ¿por qué me tengo que acordar ahora de esa loca ..............?.

María Silvia Cano. Año 2003.

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