miércoles, 5 de mayo de 2010

Primer vuelo



Tan solo una mirada bastó para entendernos, eso me proporcionó un escalofrío tan intenso que podría haber llegado a un orgasmo instantáneo. Sus ojos color miel que casi no podían mantenerse en los míos más de tres segundos me dijeron cosas que nunca otros me habían dicho.
Era aún de día y no conocíamos nada de aquel lugar. Estábamos en un parque, corría una brisa que de no haber sido por las motitas de polen que la adornaban como sacada de un cuento de hadas, el cual hacía que la imagen y el momento creara un ambiente aún más romántico, hubiera sido algo orgásmico.

El levantó la mano y la dirigió a mi pelo, acariciándolo suavemente y quitándome una a una las motitas que en él se habían posado en la cabeza, lentamente bajó su mano, grande, huesuda y temblorosa, hasta mi cara acariciando todas y cada una de sus partes, dibujándolas, como un ciego el cual a través del tacto imagina lo que está tocando.

Los ojos, mis pestañas, las cejas, pasando a la nariz, pómulos, rodeándolos suavemente, terminando en mis labios, bordeándolos uno a uno y en conjunto, volvió hacia arriba acariciando de nuevo pómulos, nariz, ojos ... en los cuales me cerró los párpados y volvió a bajar haciendo el mismo recorrido de antes pero esta vez más lentamente.

Aquel momento fue interminable, fue como si todo nuestro alrededor desapareciera, no podía escuchar nada más que su respiración , cada vez más cerca de la mía, sus latidos del corazón cada vez más acelerados.

Sus manos estaban de nuevo en mis labios, dibujándolos, apretándolos, jugando con ellos, de repente apartó sus manos, noté como se acercaba a mí, sentía su corazón cada vez más fuerte, empecé a sentir algo húmedo en mis labios, que los recorría lentamente, dibujándolos tal y como antes lo había hecho con sus manos ...

Su lengua, húmeda, cálida, relajada me estaba proporcionando más placer del que él creía. Seguidamente comencé a acariciarle el pelo, tocándole las orejas lentamente, mientras el seguía lamiendo poco a poco mis labios, humedeciéndolos hasta que pasó a mordisqueármelos poco a poco. Sus manos recorrían mi cuerpo, mis pechos, bajando por la cintura y terminando en mi sexo, acariciando lentamente, apretando fuerte sobre él, proporcionándome espasmos de placer.

El hecho de estar allí rodeados de gente, hacía que cada vez estuviera más cachonda.

Mis manos comenzaban a formar parte del juego que él había iniciado, pasando por su pecho, bajando por la espalda, llegando a sus nalgas prietas, acabaron acariciando lentamente su miembro, el cual se encontraba aprisionado entre el calzoncillo y la piel, ya que se mostraba bastante excitado.

No podía aguantar más así, sentía unas ganas inmensas de chapársela, pero solo me tuve que conformar con imaginármelo y que así ello hiciera que aumentara la temperatura de ambos, ya que le susurré al oído todo lo que le haría. Cada vez estaba más excitado, sus besos y sus caricias eran más continuadas y placenteras. La idea de que estábamos rodeados de gente nos hacía controlarnos un poco más y comenzamos a susurrarnos todo lo que nos haríamos en ese momento.

“Me gustaría estar contigo a solas, y poder chapártela hasta que esté tan dura que me la metas y me corra en la primera embestida”

“quisiera sentir como te corres mientras mi lengua penetra en tí”

“...”

Estaba tumbado encima de mí, continuábamos susurrándonos cosas obscenas al oído y consiguiendo estar cada vez más cachondos, metí mi mano por su pantalón sin pensar en nuestro alrededor, pero era tal la excitación por esto mismo que no pude aguantar más. Su pene estaba erecto, muy húmedo, casi sin darme cuenta comencé a masturbarle lentamente para que no se notaran mucho los movimientos. Su mano ya estaba acariciando mi sexo por encima de la ropa, notaba que mis braguitas estaban cada vez más húmedas. Metió su mano, sus dedos resbalaron al entrar en contacto con mi piel, húmeda. Al acariciar mi clítoris sentí un pequeño orgasmo, la sensibilidad que tenía era enorme ya que estaba cachondísima.

Sus dedos empezaron a perderse en entre los labios llegando a introducirse con mucha facilidad en mí, entrando y saliendo como si de su pene se tratase.

Mis manos jugaban con su miembro, mojado, resbaladizo, cada vez más duro. Eso me ponía muy a tono, tenía unas ganas enormes de que me follara, de sentirle encima de mi empujando como un desesperado, haciéndome llegar hasta el infinito y mas allá, orgasmos continuados, escalofríos y gemidos bestiales, nuestros cuerpos sudando, moviéndonos cada vez más rápido hasta llegar a corrernos los dos a la vez abrazándonos y sintiendo el placer de haber tenido el polvo de nuestras vidas.

Nos dimos cuenta de que aquello se nos estaba yendo de las manos, nunca mejor dicho, ya que el parque estaba lleno de gente, de niños y no era plan de dejarnos llevar, aunque si te digo la verdad, no nos hubiera importado una mierda, era la primera vez que íbamos allí y supongo que la última. Pero por respeto hacía todos, decidimos irnos a un sitio mas íntimo. El coche.

Aún era de día y por aquel pueblo no conocíamos ningún sitio donde poder estar a solas, sin que nadie nos molestara. Dimos un par de vueltas, parándonos de vez en cuando para continuar besándonos y seguir con el morbo de que la gente nos pillara.

Sin darnos cuenta se iba haciendo de noche y al final aparcamos en una calle, que parecía no ser muy transitada, y allí retomamos lo que teníamos pendiente.

El coche no era un lugar especialmente cómodo, pero al menos podíamos estar solos y dejarnos llevar hasta donde quisiéramos.

No nos hizo falta hacer precalentamiento ya que seguíamos cachondos como dos perros en celo. Así que pasamos a la parte de atrás y se puso encima de mí, rozándome lentamente su pene que continuaba erecto.

Le desabroché los pantalones dejando así salír de la “prisión” su falo, me quitó los pantalones y mirándonos a los ojos me introdujo el pene, provocándome un placentero espasmo, en el cual no pude controlarme y lancé un gemido, que le dio morbo, sonrió y me besó apasionadamente, dándome mordiscos en los labios.

Comenzó a empujar una y otra vez aumentando el ritmo hasta que entre gemidos, caricias, empujones, embestidas desgarradoras, nos corrimos.

Habiendo disfrutado casi como nunca lo habíamos hecho, continuábamos besándonos lentamente y ya casi sin fuerzas.

Estuvimos un rato sin hablar, sólo mirándonos y acariciándonos, observando su pene y viendo como se volvía a poner erecto, como volvía mi coño a estar mojado y caliente. Después de un rato, me puse encima de él, dejando así que notara en su pierna los flujos que estaba expulsando, lo cachonda que volvía a estar.

Con una mirada pícara metió sus dedos en mi vagina, y con la otra mano se acariciaba el pene, moviéndolo hacia adelante y rozándolo en mi clítoris. Seguidamente cogí su mano, con la cual estaba masturbándome, sus dedos estaban impregnados de mi, llevé sus dedos a mi boca y los lamí como si de su polla se tratara, y después hice que él los chupara como yo lo había hecho. Su pene me rozaba y sin pensarlo lo cogí y lo introduje de nuevo en mi coño, comenzando a moverme en círculos y lentamente, hasta que él comenzó a tener espasmos y provocándole a moverse debajo de mí, empujándome de nuevo, cada vez mas rápido, llegando a una explosión de placer interminable. Terminando por corrernos de nuevo.

Estábamos medio desnudos en el coche, muertos de calor, así que decidimos vestirnos e irnos a tomar algo para saciar nuestra sed.

Fuimos a un bar y después me acompañó a casa de mis tíos, los cuales estaban un poco enfadados, ya que no había avisado de que iba a llegar tan tarde, pero ... ¿creéis que yo podía pensar en mis tíos en aquella situación?

Reix. Año 2003.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog