
Nada me hacía pensar en lo que era capaz de hacer, me sorprende como podemos desconocernos tanto a nosotros mismos.
Te cuento, mi vida no es demasiado diferente a la de cualquier chica de 24 años, no pienso en casarme por ahora, sólo en disfrutar.
En mi pasado tres novietes, con los que compartía sexo y caricias, nada más, un poco ceñida a la antigua, hasta el momento ningún amigo con derecho a roce, si no era en plan un poco más serio.
Bueno y ahora viene la parte de la historia que quiero relatarte, es muy real, tanto como que ahora mismo ya me estoy mojando.
Vivo en un bloque de pisos, mis padres lo compraron al casarse, por lo que si no calculo mal tiene unos 27 ó 28 años.
La fachada era tan moderna que es de azulejos chillones, horribles, pero en su entonces llamativos, modernos, como las lámparas y los papeles de pared con redondos estridentes colores rojos, HORRIBLES.
Total, los azulejos comenzaron a caer, con el peligro de que le dieran en la cabeza a algún peatón, o incluso sobre un coche, no hace falta contar más.
El año pasado tras la junta de rigor se decidió que con el fondo de la comunidad se rebozara dicha fachada, haciendo desaparecer los feos y peligrosos azulejos azules, cielo.
Imaginaté, un bloque de 5 pisos de altura, cargado de andamios, me sentí mal al ver como tapaban mi ventana con esa especie de red verde.
Pero con los días me acostumbré.
Lo normal es que a medida que avanzaban las obras, los operarios que se dedicaban al arreglo, gradualmente bajaban el andamio, hasta llegar a la altura de mi ventana.
Ya era tan cotidiano ver aquella imagen que no caí en la cuenta de que entre mi pared y la tela verde trabajaban hombres, hombres que sin querer entraban en la intimidad de la rutina de una casa normal.
Un día más salí de la ducha, con la toalla enroscada en mi pelo para no mojar el suelo, y tan sólo otra minúscula anudada en mi pecho, dejando al descubierto parte del final de mi trasero.
Ese aseo en mi era habitual, normal, tras refrescarme, pero al acercarme a mi puerta, vi como el cuerpo de un joven se balanceaba en el andamio, me gustó y como si tal cosa entré, de tal manera que di la imagen de estar completamente segura de no ser vista, todo en mi era normal.
Salvo la humedad en mis entre piernas, que sólo notaba yo.
Llegando a la altura de la ventana, y viendo de reojo como me miraba, me di la vuelta simulando coger algo del suelo, dejando así la parte que no tapaba mi toalla al descubierto.
Sin que él lo supiera, le estaba dedicando mi mejor postura, para calentarlo.
Poco después, me las ideé para que mientras dejaba mi melena al aire, se me cayera la toalla al suelo, mostrando mis pechos y pezones duros.
En ese momento, agarré mi crema, y tranquilamente puse en la palma de mi mano la cantidad necesaria para poder esparcirla por mi cuerpo, siendo consciente de la mirada, me dediqué a fondo, tranquila, disfrutando, y pasando mis manos por todas las partes de mi cuerpo caliente.
Mi piel la absorbía rápidamente, eso me hacía repetir la operación.
Así acabó mi actuación, masturbándome a solas en mi aseo, sin ser vista y haciendo que esa noche, ese peón, soñara conmigo.
Al día siguiente continué con mi juego, esta vez, puse música y con tan sólo mi ropa interior dancé durante horas agitando mis caderas al son excitante de la música más sensual que encontré.
Acabé una vez más solitaria, sintiendo mi placer y lamiendo con mis dedos mi sexo.
Esa noche soñé con ese cuerpo moreno, de ojos grandes, clavados en mí.
Deseé hacerlo mío, que me penetrara, que me amara.
Rudo, fuerte, sudoroso, entrando en mi sexo hasta no dejar un solo hueco vacío.
El tercer día salí a por todas.
Por la mañana pese a que se me llenara la habitación de polvo, le dejé abierta, como si se tratara de un descuido, de tal forma que al llegar, me senté en la cama, me desnudé lentamente y me comencé a acariciar, enfocada a la ventana, sabiendo que era espiada.
Me excitaba saber que dos ojos me miraban, me deseaban.
El ventilador hacía que mi melena volara, dando un aire especial y sensual a la imagen de mi cuerpo saciándose solo.
La ventana poco a poco se abría, incitando a saltar hacia el interior y poseerme.
El chico se resistía, temí que no lo hiciera, yo un poco desanimada pero excitadísima continué, hasta que creí que ya no entraría, estaba apunto de llegar a mi pacer, cuando noté unas manos en mis pechos, una boca en mi espalda.
Me giré agarrando su bulto con mis manos a la vez que le susurré, ¿por qué has tardado tanto?
Me poseyó como un perro en celo, me atrapó entre sus músculos sin darme escapatoria, su pene entraba y salía de mi cuerpo, mi lengua recorría cada milímetro de su piel con gusto a polvo, me secaba la garganta pero su saliva la humedecía otra vez.
Mis dedos entraron por su ano, después su pene por mi boca, mis pechos acunaron su verga, mientras mi lengua chupaba su glande y sorbía sus gotas.
No aguantamos más, estallamos en gritos, gemidos y placer.
Nos amamos como locos, pero la hora de trabajo llegaba a su fin, el chico tenía que salir si no quería perder su trabajo.
Lo apañamos inventándonos unas goteras en mi habitación, y al día siguiente unas grietas.
Jaime tiene pareja, pero me llama si necesita descargarse, no me importa ser la amante, sé que antes o después la dejará por mí.
Mientras tanto, disfruto de mi cuerpo, el mismo que ha estado dormido durante mucho tiempo.
Y es que vida sólo existe una, eres tú quien decide, como vivirla.
Tú, eres su único dueño.
¿Prefieres desperdiciarla?
Deseo. Año 2004.
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