sábado, 29 de mayo de 2010

Dulces sueños hermana



Supongo que todos recordamos que años atrás las familias eran más numerosas que las de ahora, dejando atrás las casas familiares para comprarse con los pocos ahorros pisos que acercaban a nuestros padres al trabajo, con ello buscando la modernización y comodidad.

Eso quería decir que normalmente los hermanos temíamos que compartir las habitaciones, no importaba el sexo, sólo tener las camas necesarias para dormir, ya que no tenias habitaciones suficientes como para tener independencia por sexos.

En casa éramos 4 hermanos, dos chicos y dos chicas, las edades nos distanciaban mucho, por lo que lo mejor era que los dos menores compartieran una y mi hermana y yo, ya mayorcitos de edad, la otra.

Justo la que tras el tabique dormían mis padres y a los que escuchábamos una noche sí y otra también, disfrutando de su sexo a solitarias e intentando hacerlo en silencio, cosa imposible ya que ellos, esperaban a altas horas de la noche, pero nosotros casi nunca dormíamos, sentir el rechinar de la cama de hierro, los gemidos y balanceos, a mi en particular como hombre, unido a mi edad y fogoso como soy, me excitaba.

Nunca los vi, a pesar que tentaciones de espiar no me faltaban, pero me los imaginaba y no sé que era peor.

Yo esperaba a que mi hermana se durmiera, y con cuidado le apartaba la ropa, para ver su cuerpo, de esa manera, me masturbaba en silencio, en mi silencio.

Eso noche tas noche, pudo conmigo.

Una calurosa madrugada de verano, ya no aguanté más, ella dormía ligera de ropa, poco tapada.

Una vez más la aparte las sábanas, estaba sin bragas, ver el pelo de su coño, me puso a mil, acerqué mis dedos para sentir el tacto, mi verga crecía, a medida que se acercaba y los rozaban, rizados, claros.

Después subí la mano para rozarle los pechos, estaban duros, fuetes, el contacto hizo que las gotas asomaran por mi la punta de mi sexo.

Noté como a medida que los acariciaba, crecían en tamaño, endurecían, yo comencé a sudar, mi respiraron se hacía incontrolable.

Mi otra mano estaba calmando mi verga, la estiraba, y comprimía, dándome placer, estaba cansado de pajearme mirándola, y quise más, sabía lo que me jugaba pero la tentación fue más fuerte.

Cada vez estaba más excitado, lentamente, evitando despertarla, pasaba mis manos por todo su cuerpo, pechos cintura, todas aquellas zonas que me atraían.

Después de acariciar su raja con mis dedos mojados, me atreví a acercar mi cabeza, ese olor me enloqueció, saqué y alargué la lengua, lamí en silencio cada parte de su coño, rubio, ella en sueños abría las piernas y jadeaba tranquilamente.

No soy tonto, y no quería correr riesgos, por lo que me puse el condón torpemente, la espera me puso a mil.

Una vez puesta la pieza de látex, me acerqué y siendo conciente de que no tenía que costarme penetrarla para que no se despertará, la lamí, sorbiendo cada jugo que desprendía su sexo, el olor, los movimientos, los jadeos y mi propia excitación unida a el morbo de que lo que estaba haciendo no era correcto, me hacía desearlo más todavía.

Una vez estaba todo bien mojado, sus labios grandes, su botón duro, era el momento de meter mi polla, por su raja, aparté como pude sus piernas, acomodándome en una posición incómoda, pero perfecta para penetrarla.

Lentamente, introduje mi glande forrado, cabía más, sin trabajo continué introduciendo lentamente todas las partes de mi verga.

Hasta que noté que no cabía más, dentro de ella estaba caliente.

Mojada, eso me ayudaba a penetrarla y salir de ella suavemente.

Entraba y salía, con tranquilidad, a pesar de estar excitado, pero tenía que controlarme, esa situación, aún hacía aumentar más mi placer.

No tardé en dejar salir mi esperma, no pude contenerme, me la estaba follando mientras dormía, eso era muy fuerte, muy excitante además de prohibido, era demasiado como para aguantar.

Salí sudando, lentamente, me quité el condón que estaba totalmente lleno, lo olí por fuera olía a sexo de mujer.

Ella también había disfrutado, sus gemidos y movimientos me lo indicaron.

La verdad es que después de esa primera vez, me la he follado cada noche, no sé si ella lo sabe, pero lo mantiene en secreto, cada mañana me mira igual, nada hace ni delata que sepa algo.

Por lo que continuo.

Lo malo es que ahora mis padres quieren cambiarse de casa, una con más habitaciones, en parte me preocupa, por que no sé como será mi situación, ni cómo me la tiraré sin levantar sospechas, pero por la otra pienso que seguramente, tendré más libertad y follaré con mis amigas, o novias.

Lo cierto es que tirarme a m propia hermana noche tras noche es ya como una costumbre, un ritual, mi madurez al sexo, la forma de disfrutar con un coño y dejar descansar a mis manos, llenas de callos.

Espero poder contarte como continua la historia después del traslado.

Mientras tanto aprovecho las últimas noches, follando como un loco.

Deseo. Año 2004.

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