sábado, 29 de mayo de 2010

¿Quién dijo miedo al quirófano?



Imagino que quieres saber cosas de mi vida, claro está, todos somos espías a pesar de no reconocerlo.

Ésta es una experiencia que viví hace tiempo.

Te voy a ser sincera, con ella pretendo excitarte, sí, así de claro son rodeos, me gustaría que al llegar al final, hayas sentido tanto placer como yo aquel día, como ahora mismo que tan solo de pensarlo, me humedezco.

Empiezo, pero antes déjame tocar mi rajita para ver en que grado de humedad he entrado.

Estupendo, está mojada, seguro que a medida que recuerdo me excito más, a ver si logro que tú te pongas en el mismo estado que yo, así mi escritura, mis recuerdos no serán en vano.

Hace algunos años, una tarde al salir de la ducha, mientras me sacaba y acariciaba mi cuerpo con la toalla, disfrutando de mis propios roces, buscando mi placer a la vez que secaba mi piel, noté un pequeño bulto justo en la ingle derecha, en ese momento estaba tan caliente que le presté poca atención y continué metiéndome los dedos por mi raja.

Jugaba con mis pechos, mientras sentía el placer del orgasmo que llegaba, mi cuerpo lo esperaba, con ese tira y afloja, mientras mi mente se esforzaba en que llegara, lo cierto es que lo mejor del orgasmo, son los minutos previos, siendo consciente de que lo tienes apunto y el muy puñetero se hace de rogar.

Hasta que estalla, usando tu cuerpo como una llama, el fuego sale de todos tus órganos, las manos te tiemblan, pierdes el horizonte dejando oscura tú mirada para disfrutar del todo esa sensación de placer, de gozo, de escozor unido a la dulzura.

(Estoy completamente mojada).

Si te soy sincera, mientras escribo esto, me acaricio, no creo que pueda aguantar hasta el final, mis pezones están de punta, y mis diminutas bragas, mojadas.

Una vez que mi orgasmo llegó, después de tomarme mis minutos para relajarme, sentirme bien, en paz, tranquila, reaccioné y regresé hacia donde poco antes había notado ese bultito.

Al pasar mi dedo por encima, me dolía, lo miré, era como una especie de grano azulado, pensé en lo deprisa que me había salido ya que por la noche mientras me acariciaba no lo tenía, pero no le di más importancia, pensando que sería pasajero.

El bulto creció considerablemente en dos días, por lo que acudí a mi doctor de cabecera, el cual de inmediato me mandó al hospital, para ser revisada por el especialista.

Éste al explorarme, (por que lo hizo a conciencia), dictaminó que tenía que ser extirpado, o sea, que tenían que operarme, que anestesiarme y pasar por quirófano.

Me asusté ya que me dieron día para una fecha demasiado próxima como para hacerme la idea de eso de la anestesia.

(Mi raja se abre como una flor, para dejar paso a mi dedo, mi mano izquierda, está entre mis piernas, um…).

Llegó el día del ingreso, ya en la blanca habitación del hospital con su olor a medicación insoportable, me entraron ganas de salir corriendo, pero me controlé.

Por aquel entonces yo tenía poca experiencia con el sexo, digamos que más bien la tenía en plan solitario.

Entró la enfermera, con una voz agradable le pidió a mi madre que saliera ya que tenía que realizar su trabajo, que tardaría un poco mientras me preparaba para la operación, que aprovechara para ir a tomar algo si le apetecía.

Mi madre salió, la enfermera, con utensilios en mano que no quise ni mirar se acercó hasta mi cama, sus ojos eran preciosos, pero no estaba yo por tonterías, me pidió que me relajara, que sólo sería un pinchacito, mientras yo lo que hacía era apretar la mandíbula cagada de miedo.

Estaba tan tensa que ella misma me tuvo que subir el camisón y bajar mis bragas, el contacto de otra piel tocando la mía me excitó, me sentí mojada y recuerdo que me tapé la cara por vergüenza.

Me pinchó, pero …

Me acabó de quitar las bragas cosa que no entendía, hasta que al ver la cuchilla, entendí cual era “su trabajo”, tenía que raparme el bello de mi pubis.

Me colocó en posición y con suavidad pasó la cuchilla por mi monte de Venus, miré como lo hacía, mi conejo acababa de pasar a ser un conejito de niña.

La enfermera me miraba de una forma extraña, lo presentí, como también noté el roce de su dedo en mi clítoris.

(Ahora tengo medio dedo dentro de mi raja, está caliente, mojada, escucho los chasquidos al entrar y sacarlo de mi conejo, estoy a mil).

Ese roce, me daba placer, me sentía a gusto, olvidé mi vergüenza, mis miedos, me relajé necesitaba que continuara pasando el dedo por mi raja, le hubiera pedido que lo metiera por ella.

Sin proponérmelo mis piernas se abrían, dejándole más espacio para trabajar.

Mi cuerpo, reaccionaba con saltitos, a cada uno de sus contactos, en ese momento paró, abrí mis ojos, ya no estaba a mi lado, estaba delante de la puerta y la cerraba con el pestillo.

No tardó en regresar, mirándome, acercó una vez más un dedo, yo cerré otra vez los ojos.

Noté con algún sexto sentido como acercaba su cabeza hasta mis entrepiernas, el respirar me ponía a mil, estaba completamente mojada, cuando sacó su lengua y la acercó hasta mi raja, temblé.

Mis manos habían hecho un nudo con la sábana, la apretaba de tal forma que la tenía recogida bajo mi cuerpo, esperando ese contacto.

Notaba como abría su boca, como respiraba, su lengua se alargaba, para pasar justo encima de mi clítoris, no tenía bello, la intensidad de aquellas caricias era neta, limpia, pura, las sensaciones no se pueden describir.

(Me falta poco, mi coño se contrae).

Me gustó como golpeaba con la punta de su lengua mi botón que estaba duro, como la pasaba entre esos labios sin pelos, como la metía por mi conejo.

Estallé, algo me quemaba las entrañas, mi estómago tenía vida propia, mis manos temblaban, mis labios se apretaban uno contra otro, mi raja latía.

Me quemaba a la vez que me gustaba, esa mezcla de sensaciones, que te hacen apartar y a la vez deseas que no acaben nunca.

En ese momento, mojé las sábanas, ella se apartó.

Era mi primer contacto con otra mujer, estaba relajada, tranquila.

Esos ojos marrones, pero brillantes me miraron guiñándome uno, era complicidad.

Abrió la puerta, y sin más salió.

Sólo acababan de pasar unos 10 minutos desde que esa mujer entró por la misma puerta por la que acababa de salir.

Y me acababa de regalar tanto.

Estaba aturdida, llena, deseaba que regresara, quedarme a solas con ella y hacerle lo que ella me había acabado de regalar.

(Me he corrido, ¿adivinas cuando?).

Poco después regresó, mis ojos se alegraron, mi coño, saltó de alegría, esta vez tenía que mostrarle el culo, imagino que sabes que para que la anestesia no de problemas, ¿antes te tienen que vaciar no?

Me coloqué tal y como me indicó.

(Perdona, no aguanto más, necesito meterme el vibrador, más tarde te cuento el final de ese día, necesito correrme, tener mi orgasmo y ahora me tiembla todo).

Aprovecha y acaba tu faena, así lentamente, como yo, entrando y saliendo, con la saliva, relájate.

Voy a masturbarme.

Deseo. Año 2004.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog