viernes, 7 de mayo de 2010

Noche de sorpresa



Me habías llamado hacía un par de horas y habías sido muy misterioso a la vez que explicito:

- Te pasaré a buscar a las ocho en punto, te he preparado una noche mágica que no olvidarás en mucho tiempo. Prepárate para disfrutar como nunca lo has hecho ...

Conociéndote como te conocía sabía que algo muy especial estabas tramando y que aquella noche prometía más que cualquier otra. Faltaban aún dos horas para que vinieras a buscarme, así que decidí darme un baño relajante y depilar todo mi cuerpo, como a tí te gustaba. Preparé la bañera con agua templada y vertí en ella una buena dosis de aquel gel con olor a lilas que tanto te gustaba, me sumergí en ella y dejé pasar el tiempo, con los ojos cerrados sin pensar en nada. Salí de la bañera y fui a mi habitación para vestirme, abrí el cajón de las braguitas y escogí un pequeño tanga blanco, con insinuantes trasparencias, del armario saqué aquel vestido blanco que tanto te gustaba, el de finos tirantes y pronunciado escote, lo completé con las sandalias blancas de fino tacón, unas gotas de perfume en los lóbulos de las orejas y en la entrada del canalillo, tiempo de coger mi diminuto bolso y tú ya llamabas al timbre. No te hice esperar.

Subimos al coche y antes de llegar al destino me vendaste los ojos con un pañuelo de seda blanco, lo suficientemente doblado como para que no viera a través de él. Tenía que ser todo una sorpresa, dijiste, te dejé hacer. Cuando llegamos me ayudaste a salir del coche y me guiaste hasta el lugar donde descubriste mis ojos.

Era una estancia enorme, presidida por una enorme cama con dosel de blancas cortinas, en una de las paredes había una chimenea, con su fuego y la ayuda de velas distribuidas cuidadosamente por toda la habitación alumbraban la estancia, olía a azahar.

No perdiste ni un minuto, deslizaste lentamente los tirantes de mi vestido por mis brazos para dejar al descubierto mis pechos, te apartaste para verlos mejor, alargaste tus manos y empezaste acariciarlos, en círculos concéntricos, los dos a la vez, hasta que tus dedos rozaron mis pezones que poco a poco se habían puesto erectos, lamiste primero el derecho, luego el izquierdo, sin dejar de acariciar el otro pecho. Acabaste de bajar mi vestido, deslizándolo justo hasta mis pies. Me tomaste en brazos y me depositaste en la cama. De un cajón de la mesita cercana sacaste dos pañuelos de seda blanca y con ellos ataste mis muñecas a los barrotes de la cama, eso me excitó, estaba a tu merced.

Empezaste a lamer mi cuello, bajando hacia mis pechos, lamiéndolos primero uno, después el otro, seguías bajando por mi vientre, cada vez me excitaba más, lamiste la entrada de mi sexo, pero justo allí paraste, te levantaste y me quitaste mis sandalias, lo agradecí, ya sólo me quedaba el diminuto tanga blanco. Te quitaste la camiseta y ví tu torso desnudo, acercaste tu pecho a mi boca para que lo lamiera, lo hice y me excité aún más. Sacaste otro pañuelo y volviste a vendarme los ojos, - te dije que era una sorpresa- dijiste, sonreí cada vez estaba más excitada y la humedad de mi sexo había ya llegado a mi tanguita.

Cogiste un hielo de la cubitera y lo pasaste por mis pechos, por mis pezones, excitándome mucho, luego lamiste el agua dejada por el hielo, hiciste lo mismo con mi vientre hasta llegar de nuevo a la entrada de mi sexo, allí paraste de nuevo, me iba a volver loca, necesitaba que jugaras con él y te lo dije, me pediste paciencia, mi cuerpo se arqueaba con cada lametón tuyo. Me quitaste el tanga, al fin!! pensé y empezaste acariciar mi sexo, húmedo y excitado para tí, tomaste un nuevo hielo y lo pasaste por él, lamiendo luego su agua, lejos de enfriarme, el contacto con el hielo me excitó aún más, gemía de puro placer.

Noté que lo untabas con algo frío, con suma delicadeza y al momento pasaste tus dedos por mis labios para que viera lo que era, nata!!! Cuando todo mi sexo estuvo impregnado de ella empezaste a comértela, a pequeños lengüetazos, saboreándola, despacio, pasando tu lengua por cada uno de los pliegues de mi sexo, por mi clítoris, cuando terminaste con ella, seguiste lamiéndolo un buen rato, separaste bien mis piernas y al mismo tiempo untaste mi culito con la nata, a modo de vaselina, poco a poco fuiste introdujendo tus dedos en él, sin dejar de lamer mi coñito aún con sabor a nata, estaba a punto de explotar de tan excitada como me sentía y sin poder hacer nada, seguía atada y con los ojos vendados, noté que te removías, y te pedí que me destaparas los ojos, accediste a ello, pude ver que ahora tú también estabas desnudo te arrodillaste entre mis piernas, aún abiertas y yo encogí las mismas para poder aprisionar tu pene entre mis pies, con cuidado lo masajeé, con suma delicadeza, para no dañarlo me desataste las manos, ahora estabas tú casi más excitado que yo, seguí jugando con mis pies y tu pene, ahora eras tú el que gemía de placer.

Apartaste mis pies con delicadeza, llenaste una copa de vino blanco y la acercaste a mis labios, dejando sorber un poco, luego vertiste el resto de contenido sobre mis pechos y lo lamiste, tu pene rozaba mi coñito, y éste se arqueaba pidiendo guerra acabaste de “ beberte” el vino de mis pechos y me penetraste, subí mis piernas hasta tus hombros, facilitándote todo el trabajo, notaba como tus testículos chocaban contra mis nalgas en cada uno de tus movimientos y eso me excitaba aun más, sacaste tu pene y tal como estaba penetraste de nuevo mi culito con tus dedos ... diossss que sensación, bajaste mis piernas y me pusiste de cuatro patas, empezaste a lamer mi culo, previo embadurnarlo de nuevo con la nata, notaba como éste se dilataba y tu lengua entraba en él, luego tus dedos y al final tu pene, mientras acariciabas uno de mis pechos y con la otra mano penetrabas mi coñito, era el sumo del placer.

Fui yo quien ahora te puso a tí de cuatro patas y te embadurnó el culo con nata, lamiéndolo poco a poco, dándote todo el placer que tú me habías proporcionado ... rebusqué mi bolso por el suelo y de él extraje un vibrador anal, froté tu culito con él mientras mi mano buscaba tus testículos y jugaba con ellos, poco a poco el consolador fue entrando en tu culito y gemías de placer, como antes había gemido yo, seguí jugando con tu pene y tus testículos al tiempo que usaba el vibrador en tu culo.

Cuando estabas a punto de correrte te tumbé en la cama y me senté encima de tí para que me penetraras, te medio incorporaste como pudiste y lamiste mis pezones, completamente excitados, también yo estaba a punto de correrme por ... enésima vez en lo que iba de noche, admiraba tu aguante. Lo hicimos a la vez ... gritando de puro placer como dos animales salvajes.

Me dejaste de nuevo en la puerta de mi casa diciéndome ya te llamaré para otra sorpresa ...

Serezhade. Año 2003.

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