
Era un domingo soleado y caluroso, me había hecho el cargo de pasarme por el mercadillo que se montaba en el pueblecito de al lado, no es que necesitara comprarme nada, pero en esos lugares siempre encuentras alguna cosilla que traerte para casa. Como el calor de principios de verano se hacía sentir me vestí con un ligero vestidito de hilo en color amarillo y calcé unas cómodas sandalias, el mercadillo era grande y me gustaba recorrerlo de arriba abajo.
Empecé mi recorrido, por el lugar donde solía hacerlo, deteniéndome en todas y cada una de las paradas que allí habían, llevaba vistas más de la mitad y aún nada había llamado mi atención, ví que aquella parada grande del fondo del primer pasillo estaba llena de llamativos tops de alegres colores, me dirijí hacía allí, los observé con detalle y me decidí a preguntar el precio. Uno de los chicos que la atendía, vino hacía mí para poder ayudarme, reparé que era un chico alto y musculoso, de tez muy morena y pelo largo, realmente esta bueno el mamón, me desnudó con su mirada y aquel gesto hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo, pensé en los días que llevaba sin saber lo que era un hombre ... demasiados ...
Cuando me dijo el precio de aquella diminuta prenda, le contesté que no llevaba suficiente dinero que quizás otro domingo pasara a comprarlo - pruébatelo de todas formas, mujer, así sabes como te queda - insistió él, poniéndome un top azul turquesa en mis manos y señalándome la furgoneta aparcada detrás de la parada. No lo dudé y dije que sí, que iba a probármelo, consciente de que no iba a comprarlo. Me acompañó a la furgoneta, dejando a su compañero al cargo de la parada.
Abrió las puertas traseras, era de esas furgonetas grandes, donde podía permanecer de pie en ella y probarme tranquilamente en él la prenda de ropa. Se quedó fuera esperando mientras yo entraba en el vehículo, dejó las puertas entreabiertas y supuse que se quedaba mirando como me desnudaba, aquello me excitó sin tan sólo darme cuenta. Bajé los tirantes de mi vestido y dejé que éste resbalara por mi cuerpo y mis piernas, me quedé sólo con las braguitas de blonda amarillas que llevaba, cogí el top, y me lo probé, en el mismo momento ví como entraba algo más de luz en la furgoneta, las puertas se habían abierto para que el vendedor entrara en ella, entornándolas de nuevo tras de sí.
No me di ni cuenta de cómo lo hizo, pero de repente, estaba arrodillado frente a mí, metiendo sus dedos por las gomas de mis bragas y bajándolas al mismo nivel que mi vestido, no perdió tiempo, sus manos abrieron mis piernas y su lengua buscó mi clítoris, emití un débil gemido de placer, sus manos acariciaban mi sexo, sus dedos entraban y salían de mi vagina, su lengua se retorcía por mi clítoris, seguía gimiendo de placer, mientras mis manos acercaban más su cabeza a mi coño, quería sentir sus manos, su lengua, en mis entrañas. Estuvo varios minutos, lamiendo y acariciando mi sexo cada vez más húmedo por la excitación, me corrí al poco rato y su lengua bebió todos mis jugos.
Se puso de pie y se despojó de sus cortos pantalones y de sus boxers, sus manos me empujaron suavemente hacia su pene, que no dudé ni por un momento de meterme entero en mi boca, hasta mi garganta, lo lamí de arriba abajo, acariciándolo primero despacio, después con algo más de fuerza, mis manos jugaban con sus testículos que también entraban y salían de mi boca, que pasa de ellos a su pene, del pene a los testículos indistintamente, le oía gemir como antes lo había hecho yo. Tenía el pene a punto de explotarle, pensé que iba a correrse, pero en aquel momento, sus manos me cogieron suavemente por el pelo y me levantaron. Me despojó del top, que aún llevaba puesto y empezó a jugar son mis pezones, pellizcándolos suavemente, lamiéndolos en círculos.
Me empujó contra la pared de la furgoneta y me colocó de espaldas a él, sus manos recorrieron toda mi espalda, que se curvó en varias ocasiones, su pene tocaba mis nalgas, acarició mis pechos y mi coño, metí de nuevo sus dedos en él, repetidas veces haciendo que se humedeciera aún más, de repente hizo que me curvara hacía delante, sus manos separaron mis nalgas y sin previo aviso su polla completamente erecta y a punto de explotar se introdujo en mi vagina, mientras sus dedos jugaban con mi culo, noté como se corría dentro de mí, con una fuerte embestida que hizo que le notara en mis entrañas, al tiempo que sus dedos penetraban mi culo con fuerza arrancándome un gemido a medias entre el placer y el dolor, noté como sacaba su pene de mi interior con un movimiento brusco, al tiempo que me daba un cachete en las nalgas y decía - quédate con el top, te queda precioso.
Me incorpore y le sonreí, desapreció por la puerta de la furgoneta en unos segundos, los que tardó en vestirse. Hice lo propio, me vestí y me arreglé un poco el cabello antes de salir de nuevo al mercadillo, guardé el top en mi bolso. Al pasar frente a su parada sonrió y me dijo que cuando quisiera otro ya lo sabía que él dejaba que me los probase.
Me dispuse a terminar mi paseo por el mercadillo, quien sabía si podía “comprar” otra prenda ...
Serezhade. Año 2003.
Empecé mi recorrido, por el lugar donde solía hacerlo, deteniéndome en todas y cada una de las paradas que allí habían, llevaba vistas más de la mitad y aún nada había llamado mi atención, ví que aquella parada grande del fondo del primer pasillo estaba llena de llamativos tops de alegres colores, me dirijí hacía allí, los observé con detalle y me decidí a preguntar el precio. Uno de los chicos que la atendía, vino hacía mí para poder ayudarme, reparé que era un chico alto y musculoso, de tez muy morena y pelo largo, realmente esta bueno el mamón, me desnudó con su mirada y aquel gesto hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo, pensé en los días que llevaba sin saber lo que era un hombre ... demasiados ...
Cuando me dijo el precio de aquella diminuta prenda, le contesté que no llevaba suficiente dinero que quizás otro domingo pasara a comprarlo - pruébatelo de todas formas, mujer, así sabes como te queda - insistió él, poniéndome un top azul turquesa en mis manos y señalándome la furgoneta aparcada detrás de la parada. No lo dudé y dije que sí, que iba a probármelo, consciente de que no iba a comprarlo. Me acompañó a la furgoneta, dejando a su compañero al cargo de la parada.
Abrió las puertas traseras, era de esas furgonetas grandes, donde podía permanecer de pie en ella y probarme tranquilamente en él la prenda de ropa. Se quedó fuera esperando mientras yo entraba en el vehículo, dejó las puertas entreabiertas y supuse que se quedaba mirando como me desnudaba, aquello me excitó sin tan sólo darme cuenta. Bajé los tirantes de mi vestido y dejé que éste resbalara por mi cuerpo y mis piernas, me quedé sólo con las braguitas de blonda amarillas que llevaba, cogí el top, y me lo probé, en el mismo momento ví como entraba algo más de luz en la furgoneta, las puertas se habían abierto para que el vendedor entrara en ella, entornándolas de nuevo tras de sí.
No me di ni cuenta de cómo lo hizo, pero de repente, estaba arrodillado frente a mí, metiendo sus dedos por las gomas de mis bragas y bajándolas al mismo nivel que mi vestido, no perdió tiempo, sus manos abrieron mis piernas y su lengua buscó mi clítoris, emití un débil gemido de placer, sus manos acariciaban mi sexo, sus dedos entraban y salían de mi vagina, su lengua se retorcía por mi clítoris, seguía gimiendo de placer, mientras mis manos acercaban más su cabeza a mi coño, quería sentir sus manos, su lengua, en mis entrañas. Estuvo varios minutos, lamiendo y acariciando mi sexo cada vez más húmedo por la excitación, me corrí al poco rato y su lengua bebió todos mis jugos.
Se puso de pie y se despojó de sus cortos pantalones y de sus boxers, sus manos me empujaron suavemente hacia su pene, que no dudé ni por un momento de meterme entero en mi boca, hasta mi garganta, lo lamí de arriba abajo, acariciándolo primero despacio, después con algo más de fuerza, mis manos jugaban con sus testículos que también entraban y salían de mi boca, que pasa de ellos a su pene, del pene a los testículos indistintamente, le oía gemir como antes lo había hecho yo. Tenía el pene a punto de explotarle, pensé que iba a correrse, pero en aquel momento, sus manos me cogieron suavemente por el pelo y me levantaron. Me despojó del top, que aún llevaba puesto y empezó a jugar son mis pezones, pellizcándolos suavemente, lamiéndolos en círculos.
Me empujó contra la pared de la furgoneta y me colocó de espaldas a él, sus manos recorrieron toda mi espalda, que se curvó en varias ocasiones, su pene tocaba mis nalgas, acarició mis pechos y mi coño, metí de nuevo sus dedos en él, repetidas veces haciendo que se humedeciera aún más, de repente hizo que me curvara hacía delante, sus manos separaron mis nalgas y sin previo aviso su polla completamente erecta y a punto de explotar se introdujo en mi vagina, mientras sus dedos jugaban con mi culo, noté como se corría dentro de mí, con una fuerte embestida que hizo que le notara en mis entrañas, al tiempo que sus dedos penetraban mi culo con fuerza arrancándome un gemido a medias entre el placer y el dolor, noté como sacaba su pene de mi interior con un movimiento brusco, al tiempo que me daba un cachete en las nalgas y decía - quédate con el top, te queda precioso.
Me incorpore y le sonreí, desapreció por la puerta de la furgoneta en unos segundos, los que tardó en vestirse. Hice lo propio, me vestí y me arreglé un poco el cabello antes de salir de nuevo al mercadillo, guardé el top en mi bolso. Al pasar frente a su parada sonrió y me dijo que cuando quisiera otro ya lo sabía que él dejaba que me los probase.
Me dispuse a terminar mi paseo por el mercadillo, quien sabía si podía “comprar” otra prenda ...
Serezhade. Año 2003.
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