viernes, 7 de mayo de 2010

No solo uno, sino dos y sin pedirlo



Siempre te oía presumir de lo muy macho que eras, de la cantidad de orgasmos que podías tener en una sola noche sin tan solo pestañear, de la cantidad y CALIDAD de placer que eras capaz de dar a una o varias mujeres ... fantasma pensaba para mis adentros, pero también es cierto que más de una vez había comentado con las compañeras del trabajo que no me importaría nada hacerte algún “favorcillo”, tu cuerpo atlético, tu tez morena, aquellos ojos verdes lo cierto es que me volvían loca, pero tampoco iba a confesarlo aquellas arpías siempre dispuestas a un cotilleo barato. Aquella mañana me había levantado guerrera, mi cuerpo pedía acción a gritos y no dudé ni por un momento de que tú eras el más indicado para la ocasión.

Te abordé en la fotocopiadora y sin más rodeos te dije:

- Esta noche quiero guerra, a ver si me demuestras todo eso que cuentas por ahí, te espero en mi casa a las diez - al tiempo que deslizaba un papel con mi dirección en el bolsillo de tus pantalones. No te di tiempo a responderme y desaparecí. En todo el día casi no nos vimos, pero no dudé ni por un segundo de que acudirías a la cita.

Me arreglé con un diminuto vestido de lame plateado y unas braguitas negras semitransparentes, decidí quedarme descalza, pues es como iba más cómoda. A las diez en punto llamaste a la puerta, estabas guapísimo con aquella camiseta de color amarillo pálido y aquellos pantalones caqui, tus ojos me parecieron más profundos que nunca.

No lo dudaste ni un segundo, tan solo cruzar el umbral de la puerta tu boca buscó la mía, penetraste tu lengua hasta mi garganta, jugando con la mía, tus manos subían mi diminuto vestido y tus dedos acariciaban el principio de mi sexo por arriba de mis braguitas, me apoyaste contra la pared, sin dejar de besarme frenéticamente, tu otra mano, ya jugaba con mis pechos, duros como piedras, las mías buscaban los botones de tu pantalón, los desabroché y me encontré directamente con tu pene, no llevabas ropa interior, estaba como una piedra, lo acaricié con ambas manos. Seguimos así, allí de pie, contra la pared de la entrada, unos minutos, luego te dirigí hacía la habitación ...

Me quitaste el vestido con un movimiento rápido y al acto te quitaste la camiseta, te tumbaste en la cama y me colocaste sobre tí pero en posición inversa, de manera que mi boca topó con tu pene que salía través de la apertura del pantalón y tu boca accedía a mi coñito, acabé de desabrocharte el pantalón y lo tiré hacia abajo, arrancaste mis braguitas con tu boca, partiéndolas en dos, tu lengua recorrió cada centímetro de mi vagina, de mi clítoris, tus dedos penetraron en ella para mojarse con su humedad y con ella lubricar mi ano en movimientos de círculos concéntricos, yo jugaba con tu pene y tus testículos, gemía de placer con cada lametazo tuyo, con cada penetración de tus dedos en mi culo.

Me tumbaste en la cama, de lado y colocaste mi pierna derecha encima de tu hombro, empezaste a masajear mi vagina sin dejar de penetrar mi ano con los dedos de la otra mano, parecías contorsionista, penetraste mi coñito con tu pene erecto, entrando y saliendo de él a tu placer, acariciando mi clítoris con la punta del mismo, tus manos jugaban con mis pezones, pellizcándolos suavemente, me corrí, no pude más y me corrí al tiempo lo hiciste tú.

Me arrastraste al final de la cama, levantaste mis piernas y las colocaste alrededor de tu cintura y volviste a penetrar mi coñito ahora ya empapado, aprestaste mis piernas más contra tu cintura de manera que podía sentir todo tu pene en mi interior, esta vez no te corriste. Gemía de placer, casi chillaba, eras mejor de lo que siempre habías contado.

Volviste a tumbarme en la cama, abriste mis piernas la máximo y metiste tu cabeza entre ellas, tu lengua buscó mi clítoris de nuevo, dabas unos lametazos salvajes al compás de tus dedos en mi vagina, mi cuerpo se arqueaba de placer. Te levantaste y me dijiste que volvías en unos segundos, aproveché para intentar relajarme un poco, estaba muy excitada, notaba como mi sexo palpitaba y el corazón me iba a cien por hora.

Cuando volviste me colocaste como al principio, mi boca buscó tu pene y tus testículos para comérmelo, la tuya hacía lo propio con mi coñito, noté algo muy duro en mi culo, no eran tus dedos, era como si hubiese entrado otro hombre y su pene diera golpes en mi ano, así me lo confirmaste, era un amigo tuyo ... no pregunté aquello me excitaba aún más. Mientras tú lamías mi coñito, él hacía lo propio en mi culo, hasta que lo tuvo suficientemente lubricado como para penetrarlo con su pene, lo noté dentro, hasta el final, no podía dejar de lamer el tuyo y de gemir, tú tampoco parabas, te corriste en mi boca, yo en la tuya, tu amigo en mi culo, mi excitación iba en aumento.

Me colocasteis de manera que los dos podíais penetrarme, aquello me excitó muchísimo más, era la primer vez que dos hombres a la vez iban a darme tal placer, no lo dudasteis, estabais muy acompasados, no era la primera vez que hacíais algo así, se notaba. Os corristeis a la vez, yo no sé cuantas veces más lo hice ... estaba muerta, pero super excitada.

Os dije que necesitaba una ducha, y me dirigí al baño, no había casi abierto el agua cuando noté tus manos en mi cintura, obligándome suavemente a doblarme hacia delante, tocando con mis manos el suelo, así volviste a penetrarme, mientras tus dedos acariciaban mi ano, gemí, chillé de placer, cuando terminaste te pedí que te fueras, no podía más ... había tenido suficiente acción para unos cuantos días.

Te vestiste sin protestar, tu amigo ya se había marchado, me besaste, ahora suavemente, los labios, el cuello y bajaste hasta mis pechos, mi cuerpo se arqueó de nuevo ... tu mano buscó mi coñito y lo penetró de nuevo ... esto para rematar dijiste ... y ya sabes nena cuando quieras guerra no dudes en citarme de nuevo, me besaste los labios y te fuiste.

Me tumbé en la cama extasiada, me quedé dormida de puro cansancio. Al día siguiente me guiñaste un ojo y preguntaste ¿cuándo repetimos? No lo dudé y te cité para la noche siguiente ...

Serezhade. Año 2003.

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