
Había escuchado muchas historias sobre ella y la curiosidad por conocerla era cada vez mayor, tenía que pedirle Alfredo que le llevara hasta ella, que le ayudara a entrar en aquel selecto círculo.
Cada vez que oía las historias que Alfredo le contaba sobre la Diosa del Amor, se la imaginaba en acción y el sólo pensamiento de aquella mujer y sus magnificas artes amatorias le ponían a cien y desataban en él pasiones muy escondidas.
Recordaba palabra por palabra todas las historias que su amigo le había explicado, de cómo un día otro amigo le había introducido en aquel círculo de sexo y placer. Cómo había hecho la iniciación y cómo ahora disfrutaba siempre que quería de la Diosa del Amor y sus discípulas.
No se lo pensó dos veces y aquella tarde de jueves cuando se encontró con Alfredo para tomarse la cerveza de cada tarde se lo propuso, sabía que necesitaba de alguien que hablara e intercediera por él ante la Diosa y ¿quién mejor que un amigo de la infancia?
Alfredo al principio puso algún reparo, pero ante su insistencia le prometió que aquella misma noche iría a verla y hablaría en su favor. Si todo salía según lo previsto aquella misma noche sería conducido frente a ella para pasar la iniciación.
Alfredo lo recogió en su casa a las nueve y lo llevó a las afueras de la ciudad, entraron con el coche en un enorme y frondoso jardín, a lo lejos veía la mansión del placer, bajaron del coche, subieron la gran escalinata de mármol y entraron en un amplio vestíbulo elegantemente decorado. Un joven de agradables rasgos salió a su encuentro, saludo Alfredo con familiaridad y se presentó ante Carlos al tiempo que le vendaba los ojos con un pañuelo de seda blanca. Alfredo se despidió de él y le deseo suerte.
Le sudaban las manos, estaba nervioso y excitado ante la experiencia que iba a vivir. Fue conducido por el joven de la entrada por un largo pasillo e introducido en una estancia que no podía ver a causa del pañuelo que cubría sus ojos, le dejaron allí en medio, sólo o eso creía él.
La estancia estaba presidida por una enorme cama con dosel, cuatro grandes columnas aguantaban el dosel de seda blanca, había también un enorme sofá de piel blanca y una alfombra de pelo largo que cubría toda la estancia que se iluminaba con la luz de múltiples velas blancas repartidas por toda ella, el olor azahar la invadía.
Carlos estaba cada vez más nervioso y excitado ante lo que allí iba a suceder, notó como unas manos suaves y delicadas desabrochaban los botones de su camisa, permaneció quieto, le despojaron de la misma, luego las manos bajaron hasta sus pantalones que también fueron apartados de su cuerpo, más tarde su boxer y sus zapatos y calcetines ... lo habían dejado completamente desnudo ... no se movió ni un milímetro, pues es lo que Alfredo le había indicado durante el trayecto.
A una señal de la joven que hasta el momento había permanecido sentada en el sofá, el mancebo que le había desnudado se retiró sigilosamente, Carlos no oyó ningún ruido, pasaron unos minutos que le parecieron una eternidad. La joven se situó ante él, era alta con un cuerpo escultural y una sedosa piel color miel, sus cabellos caoba caían sobre sus hombros cubriendo escasamente sus voluptuosos pechos, como única prenda de vestir llevaba una largo camisón de encaje blanco, casi trasparente, completamente abierto.
Empezó a recorrer el cuerpo de Carlos con sus manos, empezó por el cuello, bajando por su pecho, su vientre, el principio de su vello púbico, su pene erecto, bajando por sus muslos, y acabando por sus pies, contorneándose de manera sensual. Carlos estaba muy excitado, pero permanecía quieto inmóvil ... sin decir nada. La joven se situó tras él y repitió la operación de acariciar todo su cuerpo, desde el cuello, bajando por la espalda, el culo y las piernas de Carlos, hasta llegar de nuevo a sus pies, pero ahora las caricias las hizo con su húmeda lengua y sus carnosos labios, parándose a mordisquear suavemente las nalgas de Carlos, este gimió de placer.
Le ayudó a sentarse en una silla y le ató las manos al respaldo con otro pañuelo de seda blanca, le abrió completamente las piernas y se las ató con sendos pañuelos a las patas de la silla, se arrodilló frente a él, completamente indefenso, y empezó a lamerle el pene, desde abajo hacia arriba, pasando la punta de su lengua por la cabeza del mismo, de arriba a bajo hasta topar con sus testículos y juguetear con ellos con su lengua, succionándolos, primero uno, después el otro, luego su lengua busco él ... de Carlos y se entretuvo allí un buen rato. Carlos pensaba que iba correrse de un momento a otro, pero cuando ella se dio cuenta aflojó la marcha, pero sin parar, estuvo jugueteando con los genitales de Carlos durante largo rato, cada vez que notaba la excitación máxima del muchacho aflojaba para que este no se corriera, aún no ...
Lo desató y lo condujo hacia la cama, poniéndolo de cuatro patas con los pies en la almohada, se deslizo bajó él poniendo la cabeza en la almohada, alargó la mano e introdujo los dedos en un frasco que había en la mesilla. Arqueó las caderas hasta que su pubis rozó el labio de Carlos indicándole que ahora también podía participar él, Carlos no se lo hizo repetir y empezó a buscar la vagina de la joven a tientas, notó que iba completamente rasurada, se la lamió con fuerza, estaba muy excitado, primero los labios exteriores, se los separó con cuidado y busco los interiores, los lamió un buen rato, sus dedos los separaron con cuidado buscando el clítoris mientras los dedos de la otra mano se introducían en su vagina, entrando y saliendo al mismo compás que ella lamía de nuevo su pene y jugaba con sus testículos ... cuando Carlos menos lo esperó le pasó sus dedos impregnados de vaselina por el ano, Carlos, se lo penetró primero con un dedo, luego con dos hasta acabar metiéndole tres dedos en aquel agujero que hasta el momento era tabú para Carlos, éste se estremeció y gimió de dolor y placer ... la chica se incorporó levemente y con sus manos bajó y separó las nalgas de Carlos, dejando el ano abierto a su disposición, se lo lamió con fuerza, Carlos gemía de placer, notaba la lengua húmeda en su interior y le gustaba. Cuando Carlos estaba a punto de no aguantar más, ella se escurrió de su posición y se situó sentada en la almohada, Carlos notó como su ano era penetrado por un objeto que supuso era un vibrador, la chica se lo folló con el juguete, mientras Carlos sólo podía gemir de placer, pero tampoco esta vez dejó que se corriera.
Le acompañó hacia la alfombra y le tumbó en ella, colocándose encima de él, pero mirando a los pies de Carlos, mientras se sentaba en su pene, moviendo sus caderas acompasadamente, Carlos apoyó las manos en sus nalgas y con las caderas siguió los movimientos de su enigmática pareja, la besó en la espalda y le acarició los pechos firmes y duros como rocas, la muchacha se levantó y se sentó a los pies de Carlos, con sus diminutos pies acarició el pene del hombre que ya estaba fuera de sí, lo masajeó de arriba abajo, le pisó delicadamente los testículos y cuando menos se lo esperaba se lo volvió a lamer como nunca se lo habían chupado, Carlos no podía dejar de gemir.
La muchacha se situó sobre Carlos y le besó dulcemente los labios, por primera vez en toda la noche, con su mano introdujo el pene en su interior y se lo folló con tanta fuerza que Carlos era incapaz de recordar otro polvo como aquel, disfrutó como un loco, aguantándose un poco más las ganas que tenía de correrse desde hacía mucho rato, pero quería disfrutar de ella, la acarició y le besó los pechos al tiempo que ella no paraba de moverse frenéticamente sobre su pene, se corrieron a la vez, Carlos aullando como un salvaje ... ella silenciosa como se había mostrado toda la velada.
Carlos quedó tumbado en la alfombra resoplando, no se dio cuenta que ella se escabullía por una puerta, al rato apareció el joven de la entrada y le destapó los ojos, le indicó donde podía darse una ducha y vestirse. Cuando fue a buscarle, Carlos ya estaba listo, Alfredo le esperaba en el vestíbulo con cara de felicidad, estaba claro que su noche también había sido perfecta ...
Al despedirse el joven le notificó que había pasado con matrícula su iniciación, la Diosa le admitía en su selecto círculo del amor.
Serezhade. Año 2003.
Cada vez que oía las historias que Alfredo le contaba sobre la Diosa del Amor, se la imaginaba en acción y el sólo pensamiento de aquella mujer y sus magnificas artes amatorias le ponían a cien y desataban en él pasiones muy escondidas.
Recordaba palabra por palabra todas las historias que su amigo le había explicado, de cómo un día otro amigo le había introducido en aquel círculo de sexo y placer. Cómo había hecho la iniciación y cómo ahora disfrutaba siempre que quería de la Diosa del Amor y sus discípulas.
No se lo pensó dos veces y aquella tarde de jueves cuando se encontró con Alfredo para tomarse la cerveza de cada tarde se lo propuso, sabía que necesitaba de alguien que hablara e intercediera por él ante la Diosa y ¿quién mejor que un amigo de la infancia?
Alfredo al principio puso algún reparo, pero ante su insistencia le prometió que aquella misma noche iría a verla y hablaría en su favor. Si todo salía según lo previsto aquella misma noche sería conducido frente a ella para pasar la iniciación.
Alfredo lo recogió en su casa a las nueve y lo llevó a las afueras de la ciudad, entraron con el coche en un enorme y frondoso jardín, a lo lejos veía la mansión del placer, bajaron del coche, subieron la gran escalinata de mármol y entraron en un amplio vestíbulo elegantemente decorado. Un joven de agradables rasgos salió a su encuentro, saludo Alfredo con familiaridad y se presentó ante Carlos al tiempo que le vendaba los ojos con un pañuelo de seda blanca. Alfredo se despidió de él y le deseo suerte.
Le sudaban las manos, estaba nervioso y excitado ante la experiencia que iba a vivir. Fue conducido por el joven de la entrada por un largo pasillo e introducido en una estancia que no podía ver a causa del pañuelo que cubría sus ojos, le dejaron allí en medio, sólo o eso creía él.
La estancia estaba presidida por una enorme cama con dosel, cuatro grandes columnas aguantaban el dosel de seda blanca, había también un enorme sofá de piel blanca y una alfombra de pelo largo que cubría toda la estancia que se iluminaba con la luz de múltiples velas blancas repartidas por toda ella, el olor azahar la invadía.
Carlos estaba cada vez más nervioso y excitado ante lo que allí iba a suceder, notó como unas manos suaves y delicadas desabrochaban los botones de su camisa, permaneció quieto, le despojaron de la misma, luego las manos bajaron hasta sus pantalones que también fueron apartados de su cuerpo, más tarde su boxer y sus zapatos y calcetines ... lo habían dejado completamente desnudo ... no se movió ni un milímetro, pues es lo que Alfredo le había indicado durante el trayecto.
A una señal de la joven que hasta el momento había permanecido sentada en el sofá, el mancebo que le había desnudado se retiró sigilosamente, Carlos no oyó ningún ruido, pasaron unos minutos que le parecieron una eternidad. La joven se situó ante él, era alta con un cuerpo escultural y una sedosa piel color miel, sus cabellos caoba caían sobre sus hombros cubriendo escasamente sus voluptuosos pechos, como única prenda de vestir llevaba una largo camisón de encaje blanco, casi trasparente, completamente abierto.
Empezó a recorrer el cuerpo de Carlos con sus manos, empezó por el cuello, bajando por su pecho, su vientre, el principio de su vello púbico, su pene erecto, bajando por sus muslos, y acabando por sus pies, contorneándose de manera sensual. Carlos estaba muy excitado, pero permanecía quieto inmóvil ... sin decir nada. La joven se situó tras él y repitió la operación de acariciar todo su cuerpo, desde el cuello, bajando por la espalda, el culo y las piernas de Carlos, hasta llegar de nuevo a sus pies, pero ahora las caricias las hizo con su húmeda lengua y sus carnosos labios, parándose a mordisquear suavemente las nalgas de Carlos, este gimió de placer.
Le ayudó a sentarse en una silla y le ató las manos al respaldo con otro pañuelo de seda blanca, le abrió completamente las piernas y se las ató con sendos pañuelos a las patas de la silla, se arrodilló frente a él, completamente indefenso, y empezó a lamerle el pene, desde abajo hacia arriba, pasando la punta de su lengua por la cabeza del mismo, de arriba a bajo hasta topar con sus testículos y juguetear con ellos con su lengua, succionándolos, primero uno, después el otro, luego su lengua busco él ... de Carlos y se entretuvo allí un buen rato. Carlos pensaba que iba correrse de un momento a otro, pero cuando ella se dio cuenta aflojó la marcha, pero sin parar, estuvo jugueteando con los genitales de Carlos durante largo rato, cada vez que notaba la excitación máxima del muchacho aflojaba para que este no se corriera, aún no ...
Lo desató y lo condujo hacia la cama, poniéndolo de cuatro patas con los pies en la almohada, se deslizo bajó él poniendo la cabeza en la almohada, alargó la mano e introdujo los dedos en un frasco que había en la mesilla. Arqueó las caderas hasta que su pubis rozó el labio de Carlos indicándole que ahora también podía participar él, Carlos no se lo hizo repetir y empezó a buscar la vagina de la joven a tientas, notó que iba completamente rasurada, se la lamió con fuerza, estaba muy excitado, primero los labios exteriores, se los separó con cuidado y busco los interiores, los lamió un buen rato, sus dedos los separaron con cuidado buscando el clítoris mientras los dedos de la otra mano se introducían en su vagina, entrando y saliendo al mismo compás que ella lamía de nuevo su pene y jugaba con sus testículos ... cuando Carlos menos lo esperó le pasó sus dedos impregnados de vaselina por el ano, Carlos, se lo penetró primero con un dedo, luego con dos hasta acabar metiéndole tres dedos en aquel agujero que hasta el momento era tabú para Carlos, éste se estremeció y gimió de dolor y placer ... la chica se incorporó levemente y con sus manos bajó y separó las nalgas de Carlos, dejando el ano abierto a su disposición, se lo lamió con fuerza, Carlos gemía de placer, notaba la lengua húmeda en su interior y le gustaba. Cuando Carlos estaba a punto de no aguantar más, ella se escurrió de su posición y se situó sentada en la almohada, Carlos notó como su ano era penetrado por un objeto que supuso era un vibrador, la chica se lo folló con el juguete, mientras Carlos sólo podía gemir de placer, pero tampoco esta vez dejó que se corriera.
Le acompañó hacia la alfombra y le tumbó en ella, colocándose encima de él, pero mirando a los pies de Carlos, mientras se sentaba en su pene, moviendo sus caderas acompasadamente, Carlos apoyó las manos en sus nalgas y con las caderas siguió los movimientos de su enigmática pareja, la besó en la espalda y le acarició los pechos firmes y duros como rocas, la muchacha se levantó y se sentó a los pies de Carlos, con sus diminutos pies acarició el pene del hombre que ya estaba fuera de sí, lo masajeó de arriba abajo, le pisó delicadamente los testículos y cuando menos se lo esperaba se lo volvió a lamer como nunca se lo habían chupado, Carlos no podía dejar de gemir.
La muchacha se situó sobre Carlos y le besó dulcemente los labios, por primera vez en toda la noche, con su mano introdujo el pene en su interior y se lo folló con tanta fuerza que Carlos era incapaz de recordar otro polvo como aquel, disfrutó como un loco, aguantándose un poco más las ganas que tenía de correrse desde hacía mucho rato, pero quería disfrutar de ella, la acarició y le besó los pechos al tiempo que ella no paraba de moverse frenéticamente sobre su pene, se corrieron a la vez, Carlos aullando como un salvaje ... ella silenciosa como se había mostrado toda la velada.
Carlos quedó tumbado en la alfombra resoplando, no se dio cuenta que ella se escabullía por una puerta, al rato apareció el joven de la entrada y le destapó los ojos, le indicó donde podía darse una ducha y vestirse. Cuando fue a buscarle, Carlos ya estaba listo, Alfredo le esperaba en el vestíbulo con cara de felicidad, estaba claro que su noche también había sido perfecta ...
Al despedirse el joven le notificó que había pasado con matrícula su iniciación, la Diosa le admitía en su selecto círculo del amor.
Serezhade. Año 2003.
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