viernes, 28 de mayo de 2010

Ania




Ania, mujer, 23 años, modelo.

Delito, encontrada en posesión de estupefacientes.

Condenada a prisión durante 3 años y un día.

Declara:

Yo sólo regresaba de un viaje a México, salí de allí después de hacer mi trabajo, me habían contratado para una pasarela, de moda íntima por una temporada de dos meses.

Una de las noches de desfile, al salir del local, había un hombre esperándome.

Se me presentó como Vicente Millas, empresario y después de hablar un poco en la calle, me invitó a cenar para hablar de un posible contrato con su empresa.

Acepté ya que el país me gustaba y lo cierto es que necesitaba trabajo.

Mantuvimos una conversación de lo más normal, la cena fue deliciosa muy bien armonizada por los típicos mariachis del lugar.

Nos citamos para la mañana siguiente en su empresa, con la intención de perfilar el tema propuesto en la cena y determinar el contrato.

Poco después accedí a que me acompañara a casa.

La mañana siguiente, me presenté a la hora acordada en la dirección que tengo aquí … ¿la ven?, no miento.

Acordamos el contrato.

Pero me dio un plazo de un mes para incorporarme, por lo que decidí regresar a casa y despedirme de ellos, ya que estaría aproximadamente dos años en México.

Reservé el billete para dos días después.

Aquella noche, Vicente, me invitó nuevamente a cenar.

Mi intención sólo era la de estar el tiempo justo, ya que mi vuelo partía hacia España, muy temprano.

No sé que sucedió en la cena.

Levemente recuerdo la comida y el cava que nos sirvieron.

Mi cabeza comenzó a girar en redondo y no podía comprimir la risa de mi boca.

Apenas recuerdo y me veo bailando en medio del comedor mientras la gente aplaudía y me hacían coro.

Supongo que en ese estado no podía regresar sola a casa.

Mis maletas estaban listas en un rincón de mi habitación.

El cuerpo me ardía y tenía la necesidad de acariciármelo, sentir que tenía un nuevo mundo y saciar mi ardor en mi sexo.

Vicente subió hasta mi piso.

Una vez allí a solas me abalancé sobre él, necesitaba ser penetrada y tener el placer que mi mente pedía.

Casi sin darme cuenta, nuestros cuerpos rodaban sobre el suelo.

Mi boca se apoderó de cada parte de su cuerpo, sus manos me recorrían de arriba a bajo, sin descanso.

Mis gemidos estallaban y no quería callarlos.

Mientras sentía como mi boca estaba llena de su miembro y me obligaba a adentrármela más aún en mi garganta.

Mi cuerpo disfrutaba mis manos buscaban una salida por donde darme placer, mientras una parte de mí estaba llena con su miembro.

La cabeza me estallaba.

Me sentía poseída el placer era latente en mi sexo.

Y estallé una y otra vez en su boca, mientras Vicente, estiraba mi clítoris con sus labios.

Después otra cuando dos de sus dedos se introducían por mi sexo, mojado y su lengua penetraban por el hueco de mis glúteos.

Una vez más al sentir su miembro que ocupaba mi vagina y el contacto de sus testículos golpeaban mi trasero.

Y una más cuando me estalló en el culo.

Estaba disfrutando con aquel placer, pero no lograba entender lo que sucedía.

Poco después desperté y vi el cuerpo de Vicente a mi lado, en la cama.

En el reloj, los números parpadeantes marcaban las 06:17 horas, tenía que apresurarme o perdería mi vuelo.

Me duché y al hacerlo descubrí mi cuerpo magullado, morados por todas partes, incluso uno de mis ojos con un derrame.

No entendía nada, las ideas se agolpaban en mi mente y sólo podía recordar una noche loca de lujuria.

Al salir de la ducha.

Vicente estaba vestido esperándome con las maletas en ambas manos.

No tuve el valor a preguntar nada.

Me acercó hasta el aeropuerto, y una vez allí nos despedimos con un beso.

Mientras, en el vuelo, mi mente parecía estallar, no lograba recordar nada, sólo escenas sueltas que no me ayudaban a reaccionar.

Llego a España.

En la aduana, me pararon para mirar mi equipaje.

El resto de la historia ya la sabes.

Me incautaron los estupefacientes, que yo no tengo ni la menor idea de cómo llegaron a mi maleta.

No he visto a mi familia.

Sólo una fría prisión preventiva, con mi cuerpo magullado y un celador que se apodera de mi cuerpo cada noche sin pedir permiso.

Pero esa es otra historia y no es el momento de contarla.

Puedo decirle, que mi sexo arde, escuece de ser forzado.

Mi ano está constantemente con una presión, y me cuesta caminar.

- Ania, ¿puede desabrocharse la camisa, para poder valorar los morados de su piel?

- ¿Aquí?, ¿tengo que hacerlo?

- Sí, se lo ruego.

Mi mano temblorosa se acerca hasta el primero de los botones.

En la sala pido que sólo se quede uno de los policías.

Tengo miedo, miedo a verme.

Poco a poco mis pechos quedan al descubierto, ante aquella persona extraña.

Se acerca hacia mí ….. por mi espalda y con la yema de sus dedos me señala las partes más dañadas.

Poco a poco ese simple contacto pasa a ser caricias y desliza sus dedos hasta alojar uno de ellos sobre un pezón.

Mi cuerpo no reacciona, el silencio se apodera de la sala.

Mis ojos se cierran.

¡No otra vez no!

Con un pie, hace girar en redondo la silla en la que estoy sentada.

Colocándome frente a él.

Puedo escuchar el sonido de su cremallera al deslizarla.

Ese sonido, estalla en mi cabeza ……. y mis senos se agrandan … mis puños se contraen. Mientras mi sexo se humedece entre mis piernas apretadas.

Una parte de mí dice que no.

La otra lucha por abrirlas y mostrar mi vagina para ser penetrada.

Saca su pene de la funda de los pantalones.

Me agarra la cabeza ….. y la acerca hasta su miembro.

Bruscamente me obliga a abrir la boca …..

La experiencia en la cárcel me indica a no negarme.

Abro mi boca e introduce su pene en ella.

Obligándome con sus manos a agitarme entrando y saliendo de mí.

Me gusta hacerlo y pongo mi empeño en ello.

Una de sus manos se coloca en mi sexo ….. lo acaricia …. lo humedece … y me penetra con los dedos, mientras con uno me masajea el clítoris. Me siento muy excitada y mi boca chupa con más fuerza su miembro duro, hasta que estalla en mi garganta.

Mi sexo quema ….. y estallo en mi placer.

Mi garganta se llena de su leche y resbala por mis labios.

El chapoteo de sus dedos cesa al salir de entre mi sexo.

Descubro unos 4 policías más, tras el espejo, masturbándose.

¿Acaso importa?

- Muy bien, Ania, veo que quieres colaborar con nosotros. Puedes vestirte que mañana continuaremos la interrogación.

El regreso a mi celda, me retorna al mundo real.

Mi compañera, lesbiana, me está esperando.

Estoy acostumbrada a callar y esperar que el tiempo pase.

No falta mucho para que oscurezca ..... su sonrisa me hace temer lo peor.

El timbre, estalla en mis oidos, las luces se apagan.

Mi cuerpo se acurruca en mi colchón, mientras en silencio suplico una tregua.

No puedo conciliar el sueño, y pasadas unas dos horas, una mano se acerca hasta mi cuerpo, retira la sábana e introduce una de sus manos entre mis piernas.

Las lágrimas inician su escapada, no puedo contenerlas, es mejor no hacer nada.

Mi cuerpo gira y lo coloco inmóvil estirado, esperando el resultado de aquella caricia.

Marta se coloca encima mío, se sienta sobre mi cabeza y sitúa su sexo en mi boca.

Mi lengua sabe que es lo que ha de hacer, sale y chupa aquel sexo ardiente, su clítoris se hincha como un botón entre mis salivas, sus manos se estrujan sus pechos.

Ella se agita, con los ojos en blanco.

Después cuando su excitación llega a su estado máximo, desciende por mi cuerpo hasta penetrar su lengua en mi raja.

Reconozco que me gusta y gimo en silencio.

Es una experta en hacer el acto sexual, en violarme noche tras noche. Me dejo hacer, el placer llama a las puertas de mi sexo y me entrego a él.

Una vez ardo, Marta se coloca en forma de tijeras, en esa posición el roce de nuestros, clítoris, es incesante.

Las dos nos agitamos, los pechos son succionados y arrastrados los unos contra los otros.

Asustada y en la cima de mi placer, descubro la mirada del celador acechando. Abre la puerta, para cerrarla tras de su cuerpo y contempla de cerca la escena.

Saca su miembro y se masturba ante nosotras.

Marta y yo acabamos de llegar al orgasmo, nos separamos y cuando Marta, descubre la presencia se excita una vez más.

Desciende por mi cuerpo hasta colocar su lengua en mis genitales ..... de forma que su culo mire al celador.

Éste se chupa la palma de su mano, y la pasea por entre los cachetes de ella.

Usa las manos para abrirle el culo y una vez abierto, le introduce el pene por el ano, mientras ella me chupa mis labios más íntimos.

La escena me excita. Y la agitación del cuerpo de Marta, al ser penetrada hace que con ese movimiento me succione mejor mi sexo.

Estallamos los tres en placer, gemidos, cachetes en el trasero.

Y el calor, el aroma a sexo ..... el sudor ..... los líquidos.

Por fin se retiran.

Espero poder dormir un poco esta noche.

Mañana me espera una nueva declaración.

Cierro los ojos ..... el cuerpo del policía, se acerca poco a poco entre mis pensamientos.

Me doy cuenta de lo que me está sucediendo.

Asustada, sorprendida, espero a que pasen los días.

A que se cumpla el tiempo.

Y por una vez en tanto tiempo, tengo la necesidad de sentir placer porque yo lo desee, no por la obligación.

Mis manos inician un recorrido por mi cuerpo.

Imaginándome a Arturo, mi pareja, cada dedo imita los movimientos que él hacía en mi piel.

Ahora si que siento mi excitación propia.

Los desciendo, y no me importa el dolor, sólo quiero sentir la presencia de Arturo en mi cuerpo.

Mis dedos, se colocan entre mis piernas y penetran por ellas.

En mi mente su imagen.

Su pene, grande, cada palabra, cada caricia.

No tardo en sentir su presencia y me adentro por mi vagina hasta entrar en lo más hondo de ella.

Dejo que la punta de mis dedos busque mi placer.

No tardo en encontrarlo.

Veo la cara de Arturo, sobre mí, mirándome, susurrándome las palabras que tanto deseo escuchar.

Inicio mi placer, estallando en un líquido propio. Mientras mis dedos me poseen.

Ahhhhhhhhhhhh .......... esta vez el placer será solo mío.

Esta vez, por fin, somos mi cuerpo, mi fantasía y yo.

Sólo quedan dos años, después seré libre.

Deseo. Año 2003.

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