sábado, 29 de mayo de 2010

Otra pieza del puzzle



Has de prometerme que no contarás nada de lo que dejo aquí escrito, es mi secreto, muy íntimo, confío en tí, sé que me guardaras el secreto.

Soy por naturaleza ardiente, ardiente en carne, ardiente en deseos, no puedo apartar de mi mente ni por un sólo instante esa obsesión, cualquier objeto me da ideas o le busco la forma perfecta para saciarme.

Me cuesta aguantarme, controlarme, pero hasta puedo hacerlo, bueno, al menos disimularlo.

Ahora sí, ahora te cuento mi gran secreto, bueno … uno de tantos.

Era muy tarde, aquel día acabé tardísimo del trabajo, estaba oscuro, era pleno invierno, mi cuerpo quemaba, sentía calor, caminaba casi con el abrigo colgando, y si te digo que el conejo me picaba, es porque me picaba de verdad, no es solo un decir, puedo asegurarte que es cierto, no tenía ni tengo enfermedades, si es en eso en lo que estas pensando, sólo calor y picor que necesitaba ser saciado.

Los comercios casi tenían las puertas semi cerradas, seguro que estarían haciendo el recuento del día.

Pero yo sabía bien donde dirigirme.

Entré en un sex shop, siempre me paraba en su pequeño aparador mirando las novedades y soñando con ellas, acababa entrando y adquiriendo algo que me llamaba la atención, te aseguro que en mi casa tengo muchos más artilugios que en la propia tienda.

Esa noche, como tantas entré, miré, deleité mi vista, toqué, soñé y me excité.

Me dispuse a pagar la compra, era un vibrador especial, con muchas funciones regulables, el tacto era idéntico a la piel, aparte de soltar baños de agua en la vagina, y mil cosas más que no me paré a leer, ya que cuando me quise dar cuenta, la puerta estaba cerrada y dos de los empleados mirándome, con ojos de desespero.

Me acerqué a caja, con mis andares provocativos, mi blusa muy abierta, mi cuerpo pedía a gritos una buena vega que meterme, que comerme.

Supongo que se leía en mi cara, mi ansiedad, por que era ansiedad, necesidad, mi droga, mi alivio.

Colocaron mi adquisición en su caja, mientras sacaba mi tarjeta de crédito, bromeamos, esperando la conformidad, hasta que salió el papelito para firmar.

Mientras lo hacía, sentí como cuatro ojos se clavaban en mi cuerpo, eso me encendió, mi aptitud se puso a la expectativa.

Quizás mi cara cantaba mi necesidad, el caso es que en dos palabras me ofrecieron a duo, sus vivas piezas, las reales, las que escupían semen directo de la central, me pareció que el olor a sexo se difuminaba por la sala, entre tantas fotos y aparatos, mi cuerpo pedía aún más guerra, y sus miradas, sus manos, la forma de sus labios al pronunciarme las palabras.

Estaba muy mojada, necesitaba sexo, y ellos eran dos, los mismos que huecos tiene mi cuerpo.

La situación era la perfecta, estábamos solos, en una sala cerrada, los tres pedíamos lo mismo y los tres estábamos dispuestos a darlo.

Sin perder más el tiempo, miré uno a uno los ojos que me desnudaban y así lo hice, me quité la ropa, quedando con tan sólo un tanga fino de color negro que contrastaba con mi blanca piel.

Tenía hambre, hambre de sexo, cada uno de ellos mamó uno de mis senos, mientras mis manos agarraban las vergas que tanto estaba deseando.

Deseaba ser tocada, acariciada, comida, incliné mi espalda para proporcionarles mis pezones, ellos a duo se adentraron por ellos, mamaron, saciaron su sed comiendo de ellos.

Sentía los tirones, mi placer aumentaba.

Aparté mi ligero tanga, queriendo exhibir mi raja rapada, sólo un tatuaje daba color a esa blancura de mi piel, después de lucirla y ponerlos como motos, me arrodillé y lamí las dos vergas, una tras otra, juntas, entrado por una mientras estiraba la otra, mordiendo levemente un huevo mientras pellizcaba el otro.

Mi boca chupaba, mi lengua recorría la longitud del sexo, los rodeaba con ella, lamía y tragaba las gotas que como manjar contado me proporcionaban mis mamadas.

Pero no podía ni quería permitirme el lujo de no sentir mi sexo, mi ano vacío, tenían que llenarlo.

Paré un tiempo prudencial.

El tamaño de los penes era de infarto, me coloqué de manera que me atravesaran mi culo, necesitaba notar el calor de un buen aparato en él, mientras mis caderas daban forma a mis pensamientos, adornando con eses las entradas y salidas, los bombardeos.

Mi boca lamía el pene que obraba en aquel juego, pero con mis mansos abriendo mi conejo, le di paso para que entrara en él.

En unos minutos estaba penetrada por delante y por detrás.

Me gustaba, me complacía, a ellos les encantaba por las caras, los gestos, pero necesitaba algo más.

De tal manera que estiré mis pechos hacia arriba, alargué mi lengua todo lo capaz que pude y me los lamí yo misma, esa combinación de sentidos, estalló en mi mente, reflejándose en la agitación de mi cuerpo.

Cabalgaba como una poseída, sin importarme lo complicado que me resultaba.

Gozaba del momento, de la situación, del placer.

Mis entrañas, se inundaron casi a un mismo ritmo, pero faltaba yo, mi cuerpo quería sentir aún más, dejé mis pechos y metiendo mi mano entre un cuerpo y el mío, me adentré y acaricié mi sexo, era la pieza que le faltaba a mi puzzle.

Estallé, mis gritos ahogaban la respiración y los jadeos de mis dos amantes.

El sudor se mezclaba con el aroma a sexo.

Mis entrañas quemaban, lástima que el tamaño de las vergas disminuyera con tanta rapidez, provocando que en una de mis idas y venidas salieran de sus cuevas.

Pero la sensación en mi piel al notar las gotas caer, resbalar, perderse de mi cuerpo, acabó dándome todo el placer capaz de sentir.

Nos vestimos, y salimos del establecimiento, era más de media noche, ellos cada uno se fueron por diferentes direcciones, yo agarré mi paquete y me dirigí a casa, donde me esperaba el postre y la otra pieza del puzzle.

Sé que guardarás mi secreto, sé que soy una ninfomana, pero no me gustaría que lo supiera mucha gente, pero al verte sentado frente a esta pantalla, me has excitado, te acabo de hacer mi cómplice, y lo cierto es que ese pedazo de verga que tienes entre manos, me iría de perilla ahora mismo.

¿Quieres que probemos?

Deseo. Año 2004.

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