
Si estas aquí ahora, es por que quieres saber algo un poco excitante de mi vida, pues bien, te prometo que lo que voy a contarte lo es.
Tan excitante, tan provocador que hasta yo me asombro.
Me llamo May, tengo dos hermanos, todos mayores de edad, y el eterno problema de mis padres, ya que ninguno nos queremos ir de casa por la comodidad que eso representa.
Trabajamos, contribuimos, pero a cambio lo tenemos todo hecho.
Yo hace un año, por fin y casi lo celebran con fiesta, me decidí a comprarme un pisito, no muy lejos del de ellos, pero me independicé.
Poco a poco lo voy llenando, tengo amigos que me ayudan y uno en especial, a pesar de que sólo nos une amistad que tiene llave y entra en casa para ayudarme a pintar o alguna que otra cosa.
Un día en concreto, me faltaba comida en la nevera, como conservo las llaves de casa, me dirigí a echar un vistazo a la gran despensa de mi madre, por lo que entré con mis llaves, viendo al fondo del comedor a mi hermano mayor leyendo, sin darse cuenta de mi presencia.
Al entrar y saludarlo, cerró asustado las páginas de lo que tenía en las manos.
Me acerqué y descubrí un bulto enorme entre sus piernas.
Lo miré, mientras él se ruborizaba y yo me reía, vaya con mi hermanito, que calladito se lo tenía, está bien dotado.
Ese pensamiento me excitó.
Entonces vi que lo que tenía entre manos era una revista porno, y así estaba el chaval, empalmado a tope, con necesidad de alguien bondadoso que le diera un descanso a ese miembro excitado.
- Julián, no te escondas, somos mayorcitos y yo también me excito, fueron mis palabras.
- Lo siento May, pensé que eran los papás.
- Tranquilo, ¿quieres que te desahogue?
- ¿Pero que dices? Eres mi hermana, suelo mirarlas para masturbarme, mi cuerpo lo necesita.
- Te he dicho que tranquilo, yo también a pesar de ser mujer necesito masturbarme, por eso te ofrezco mi boca para mamártela, creo que ver el tamaño que gastas me está mojando las bragas.
- ¿Estás segura?
- Julián, tu eres un hombre, yo una mujer, tu tienes tu cuerpo y yo el mío, ¿que más da?, te espero en mi casa en 10 minutos, aquí nos pueden pillar.
Sin mirar el contenido de la nevera, me acerqué a la puerta, entonces mi cabeza se giró y le dijo.
- Procura que en ese tiempo no baje la temperatura ni el tamaño, guiñé un ojo y salí.
En menos de los 10 minutos de plazo llamaba a mi puerta.
Traía la chaqueta en el brazo tapándose el abultado de su bragueta.
Le abrí y una vez dentro, sin mediar palabra, me arrodillé y saqué del pantalón aquella verga tan conocida pero a la vez desconocida para mí.
- ¡Joder!, que talla gastas hermanito.
- Calla y mama, May, estoy a mil, necesito sentir como me la chupas.
Formé un círculo con mis labios, apretándolos de tal forma que el placer fuera el máximo, me adentré por la longitud de su verga, mientras mi lengua juguetona lamía el glande que expulsaba gotas.
Las tragaba, mientras miraba la cara de placer que él ponía.
Como pude lo empujé hacia el sofá, allí lo acabé de desnudar y él a mí, sus manos tocaron por primera vez mis pechos, de una forma diferente, mis pezones reaccionaron, mi coño estaba húmedo y pedía ser lamido también.
- Qué buena estás May, ¿mira que no haberme dado cuenta antes?
- Calla y chupa, Jaime, no cortes el buen rollo ahora.
Sus dedos entraban por mi raja, primero uno, después dos, mientras yo me adentraba por su polla, hasta notar los huevos como chocaban en mi barbilla, salía y los apretaba, los estiraba con mi boca, para luego lamerlos.
El glande de Julián, se amorató, eso me hizo parar un poco, yo también quería disfrutar.
Le mostré mi conejo ayudada por mis manos que lo abrían.
Julián, se acercó con la lengua fuera y chupó, todo el contorno de esa zona tan sensible.
Yo recuerdo que procuraba estar callada y disfrutar.
Me metió la verga hasta los huevos, noté como chocaban intentando meterse dentro de mi hueco también, en ese momento la puerta de casa se abrió, era Pedro, mi amigo, se quedó totalmente blanco.
La escena era, que la polla de mi propio hermano estaba dentro de mi cuerpo.
- Pedro, acércate, no pasa nada, quiero jugar contigo también.
- ¿Pero que dices? May, no te reconozco.
- Ven tonto, no seas idiota, saca tu verga de la funda o te romperá la bragueta y acércamela a la boca.
- Eso Pedro, follar a mi hermana es una pasada, está muy buena, y no veas como la chupa.
Pedro, no reaccionaba, pero estirando la mano, conseguí atraerlo y sacar su polla del pantalón, mientras mi hermano me penetraba yo metía esa pieza de carne en mi boca.
Julián, metía y sacaba con una bestia, mi coño, soltaba toda clase de líquidos acumulados, me pedía a gritos ese acto, no importaba el parentesco, lo importante era disfrutarlo.
Pedro aún alucinado, cerraba los ojos y me dejaba lamer, de vez en cuando sus manos pellizcaban mis pezones, hasta que le pedí a Julián que saliera de mi cuerpo.
Me arrodillé delante de los dos, me turnaba sus pollas de una en una, hasta que las chupé las dos a la vez, sorprendida al ver que podía con las dos en mi boca.
Julián, estalló, ya hacía rato que él me bombeaba, me esparció la leche por la boca, por la cara, y la arrastró por mi piel con su glande hasta que me lo tragué.
Entonces, le pedí a Pedro que entrara por mi conejo, que palpitaba, lo hizo sin esperar, comenzó a bombear, cada vez más fuerte, cada vez más adentro.
Me gustó ver a mi hermanito mirando como me penetraba, vi como su pene intentaba crecer otra vez, y lo ayudé con mis manos, para metérmelo otra vez en la boca.
Pedro, estalló en mi vagina, mi inundó con el calor, me llenó de esperma, blanco que al contacto del aire cambiaba de color siendo transparente.
Pero yo aún no había acabado.
Al ver que Julián estaba otra vez a punto, le pedí que me bombeara, lo hizo, mi coño, super caliente, no tardó en palpitar, en cerrarse, en latir, así mojé la punta de la olla de Julián que era la que en ese momento me bombeaba.
Él tampoco tardó, a pesar de ser su segunda corrida.
Los tres nos miramos y nos reímos a carcajada pura.
Ahora, a menudo nos reunimos, disfrutamos y somos libres.
Eso sí, la cena la pagan ellos, el piso lo pongo yo.
Deseo. Año 2004.
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