sábado, 29 de mayo de 2010

Llámalo venganza



Me gusta aprender cada día, trabajo en unas oficinas, mi puesto es de los mejores, buen salario, pocas horas, y por eso además estudio, para aprender cosas nuevas.

No hace más de un año, me dediqué a la técnica de relajación, cuando acabé la complementé con masajes, como me lo puedo permitir y lo hago por puro placer, a menudo me acerco al local de un amigo y masajeo a la gente que acude a su gimnasio gratis.

Yo disfruto y aprendo y a él le aporto un servicio más que le sale gratis y le da beneficios limpios.

Te juro que me dedico en cada uno de mis masajes, me gusta realizarlos.

Ver como salen relajados, descansados es mi recompensa.

Me piden de todo, chicos, chicas, incluso hacen cola, para esperar el turno.

Eso me llena de satisfacción.

Reconozco que mi forma de autosatisfacerme como persona, no me deja tiempo para buscar pareja, pero soy feliz.

Al cerrar a menudo salimos de copas, y algún plan sale.

Una noche, nos acompañaron dos clientas y amigas de mi amigo, cenamos, charlamos y entre unas copas y otras, me preguntaron si era gay.

Me quedé parado, pero era normal, mi vida precisamente no era la de un casanova.

Lentamente respondí, por lo menos eso es lo que pensaba, pero no me dejaron abrir la boca.

Cuando mi mente encontró la respuesta, una mano en mi pierna la paralizó, era una de las chicas intentando comprobar el tamaño de mi pene, del bulto, tal y como ella lo decía.

Mi pene, comenzó a crecer, yo asombrado y avergonzado, mientras ellos tres se reían.

Mi ira me hizo desafiarlos a los tres.

Me levanté asombrado de mi propia reacción, y agarrando a una de las manos obligué a que los otros dos resiguieran.

Les conduje entre sus risas y mi impotencia, por el término que me empleaban hacia el gimnasio de mi amigo.

Lo abrió, y una vez dentro me desnudé, sin pensarlo dos veces.

¿A qué estáis esperando?

Agarré a una de las chicas y la senté en el aparato de hacer pectorales, abrí sus piernas y coloqué sus brazos en la posición de ejercitarlos.

Obligué a su compañera a chuparle el coño allí mismo, delante de nosotros dos, mientras que mi amigo, le lamía el culo a la que estaba arrodillada.

Me las ingenié para colocarme de forma que la sentada, me comiera la polla, metiéndosela tan adentro que me apetecía que estallara en su garganta, pasear mi glande por la boca de sus estómagos.

En ese momento me di cuenta de que era mi ira la culpable de la situación, tantos años de auto relajación y unas zorras me lo tiraban todo por el suelo.

Respiré profundamente, y decidí disfrutar del momento.

La que me mamaba, gemía de placer al sentirse chupada ella misma.

Tenía claro que esa noche tenía que disfrutar yo.

Le dije a mi amigo que se colocara de forma que las dos lo chuparan, se sentó.

Los dos cuerpos femeninos estaban arrodillados uno a cada lado de su cuerpo.

Pasé mi verga de un lado a otro, de un coño al otro, notaba la diferencia de cada uno, como se contraían, al notar que se la sacaba.

Una era más flácida que la otra, estaba más usada.

Mi amigo acariciaba a la vez el principio de sus rajas a la par con sus dedos.

Me senté yo, y me chuparon a mí, mientras él miraba, masturbándose.

Me corrí en sus bocas, en sus caras, me gustó esa venganza, no dejaron ni una sola gota de mi leche en mis huevos.

Entonces, dejé que entre ellas dos se chuparan, mientras mi amigo, lamía el coño que quedaba desamparado, y como venganza, le metí mi vega por el culo.

Primero se quejó, pero lentamente, relajó su ano, para que entrara algo más que la punta de mi polla.

No era tan grande como cuando las dos bocas la chupaban, pero el tamaño era importante.

Lo hice así para no lastimar tanto su ano, de hombre.

Acabó gozando, corriéndole sobre la espalda de ellas.

Mientras yo esparcía mi leche por la suya.

Sabía que aquella noche estaba poniendo fin a la amistad.

Pero ellos, se lo buscaron.

Al vestirnos, me quedé perplejo cuando una voz propuso quedar para el próximo fin de semana, otra añadió, que sin cena para no perder el tiempo, y la tercera y masculina, decidió cerrar antes el negocio, con alguna excusa para tener más tiempo para jugar.

Recapacité.

Me había gustado.

Estaban de acuerdo.

Querían más.

¡Perfecto!

Deseo. Año 2004.

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