jueves, 27 de mayo de 2010

Mientras miran la tele



Desde que esta mañana me he levantado, tengo una sensación extraña, una necesidad.

Noto como el calor me inunda, hasta el punto de no poder apagarla.

Me llena de tal forma que mi cuerpo se resiste a continuar así.

Estoy en casa sola.

Pronto regresarás con los niños, estás en el parque, la comida está humeante en la mesa esperando.

Pero aún a pesar de lo ajetreada que estoy no consigo olvidar esa sensación de necesidad, me siento la esclava de tu sexo y necesito tenerte.

Llega la hora en la que regresáis …. comemos, y mientras las tareas obvias de después de comer las realizo, tú te sientas con los niños en el sofa, jugueteas con ellos, mientras yo desde la cocina te miro.

La imagen que se refleja en mis pupilas me gusta y aún enciende más el calor de tenerte.

De hacerte mío.

Cuando acabo, me dirijo a tí, sentado y me acerco a tu oreja.

Mi voz te susurra:

- O te vienes conmigo o me masturbo sola.

Tus ojos me han mirado sorprendidos, ¡tu mujer diciéndote algo así!

La respuesta mezclada con tu sonrisa de oreja a oreja, no se ha hecho de esperar.

Desde la cama escuchaba tu voz, dando instrucciones a los peques para ver si podíamos tener por lo menos 30 minutos de tranquilidad a solas sin ser sorprendidos.

El tiempo suficiente para encender el video y que se iniciará la película de dibujos.

Escucho tus pasos acercarse.

Mi cuerpo te espera en la cama desnuda, tapada con la sábana.

Sin más ropa que mi propia piel.

Te sientas en el borde del colchón y te quitas tu pantalón corto.

Te introduces entre la sábana abrazándome.

Una de tus manos busca mi sexo y lo aprietas con los dedos al ver que no hay ropa por medio, y el tacto de mi depilado vientre te hace bajar por él buscando el tacto de un sólo bello que enroscar en tu dedo.

Nada, no hay nada.

Sorprendido, la idea te excita más.

Por que tu pene ya está erecto como una roca.

Me agarras firmemente por la cintura y humedeces los dedos para acariciar mi sexo y parte de los cachetes de mi culo.

Por los que paseas tu miembro una y otra vez, mientras tu boca besa mi tatuaje del hombro.

Me encanta, el silencio hace que se escuchen las profundas respiraciones que salen de nuestra garganta, la sensación de estar escondiéndolo, y el peligro por ser descubiertos, nos hace sentirnos rápidamente encendidos.

Mientras que por otra parte no nos deja ser libres para adentrarnos un poco más en nuestro sexo.

No es necesario hacerlo hoy, el estado de nuestros cuerpos, nos marca la diferencia y el modo de excitarnos.

Tú lo haces paseando tu miembro erecto entre mis muslos y piernas, glúteos y rozas mi sexo con tu glande, yo me estimulo, masajeándome el clítoris, hasta que tu mano aparta la mía y se apodera enteramente de él.

Lo humedeces transportando tu saliva, desde tu boca hasta mi sexo.

Mi cuerpo se agita y contrae con cada roce.

Ofreciéndote mi culo, para hacer de mí surco una carretera para que se pasee tu miembro.

El silencio …….. creemos que se acerca un niño ……

No entra en la habitación y poco después oímos como se aleja.

Nuestra complicidad aumenta.

Me penetras en uno de tus paseos por mi sexo, tu glande ya no puede escapar y entra por mi raja …… te lo atrapo y no dejo que salga, apretando mi cuerpo contra el tuyo y con mis pies, acercándote contra mí.

No te dejo salir.

Mi cintura se divide en dos partes, la de abajo que no se separa de tí, y la parte superior, que se inclina para buscar la forma de dar y encontrar mi placer con los roces de tu pierna.

Tus genitales chocan una y otra vez entre mis muslos.

Entre ellos el agua, líquido que escapa humedece la sábana.

Te pido más, te adentras en mí.

Y no podemos contener la sesación, de calor.

El placer hace que te agites en mí, más adentro, tengo miedo haga que tu penetración me cause daño, pero me gusta el fuego que me produce.

Aceleramos a la vez el ritmo.

Y se escapan los sentidos cuando llegamos al placer, nos corremos como niños, con esa sensación de estar escondidos, esa sensación que no teníamos desde hace años.

Me susurras al oído que te gusta hacer el amor después de comer.

Ahora ya lo sé.

Mañana tendremos otra clase de sexo a la hora de la siesta.

Habrá que salir a alquilar películas infantiles al video club.

Deseo. Año 2003.

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