
Lili, trabaja en un tienda de alta costura, no hay que decir que las clientas que entran, precisamente no son gente sencilla, más bien están acostumbradas a todo.
Lili por su experiencia, sabe lo que tiene que decir y cuando callar.
Más de una vez se ha visto obligada ha callar y ha tenido que guardar en silencio las aventuras de algún hombre muy importante comprándole ropa a su amante de turno.
Incluso, ha tenido que poner freno a situaciones inesperadas.
Un día, Lili, se encontraba sola en la tienda para tener acceso a ella, se ha de llamar a un timbre, evitando así que más de dos personas se encuentren en el recinto y poder realizar sus compras sin ser descubiertos a miradas ajenas.
Es un estilo de guardar el anonimato, por eso la clientela es bastante selecta.
Y acuden con cita previa.
Acababa de realizar una gran venta, y estaba colocando la ropa en sus lugares correspondientes, aún disponía de unos 30 minutos antes de que acudiera la próxima cita de la mañana.
Inmersa en sus pensamientos.
Doblando ropa sobre el mostrador de roble.
Y tatareando una canción.
No se dio cuenta de que estaba siendo observada …..
Hasta que una mano le rozó el tobillo, se asustó, en un primer momento pensó que era un ladrón y la respiración dejó de salir durante unos minutos. El corazón se le paró.
Pero esa mano ascendía.
Por fin se atrevió a mirar de reojo quien era la persona que le acariciaba las piernas.
Descubrió que era el marido de la clienta que acababa de salir.
Entró con su mujer de compras y seguramente, se escondió en algún probador con alguna excusa, la pobre mujer debía de creer que su marido estaba ya muy lejos de la tienda de ropa.
Aquella situación la aturdía, pero a la vez la llenaba, era tan insólita …
Espero unos minutos para estar segura de que era lo que le tenía que decir a esa persona que se adentraba por sus carnes.
En un puesto de trabajo así, tienes que medir mucho las palabras …
Pero esa espera para pensar, sólo hacía que encender el deseo, de que esa mano ascendiera todavía más por sus piernas.
Sin darse cuenta de que se abrían para facilitar el paso al espectador que se escondía en el suelo.
Las manos llegaron más arriba, se situaron entre sus muslos. Los masajearon, mientras Lili, comenzaba a sudar, los líquidos lubricadores humedecían ya su lencería fina.
Y sus pezones marcaban su forma entre la blusa.
En ese momento entró el jefe por la puerta …
Menuda situación.
El cliente acababa de subir por las piernas de Lili , saboreándolas con su lengua …
El jefe, le comentaba unas cosas a distancia, y Lili, no podía casi respirar ….
Cuando un dedo entró por su sexo apartando la lencería hacia un lado …..
Le costó articular palabra, el cliente parecía no importarle que pudieran descubrir lo que estaba pasando bajo el mostrador de madera.
Y continuaba la exploración.
Esta vez, bajo la amplia falda de Lili, mientras ella abría como podía las piernas, adentró su lengua por un sexo mojado, chorreante.
Las manos de ella no podían continuar doblando ropa y contestando al jefe a la vez, temblaba.
Y esa lengua que recorría desde abajo, cada labio de su vulva.
Que besaba su clítoris, que endurecía en ese botón y lo retorcía.
El jefe de Lili, salió por la puerta.
Respiró un poco más relajada, pero entregada totalmente, a los lametazos que le estaban proporcionando.
No había nadie ya en el local, sólo ella y esa presencia loca, desbordada, llena de sexo que se adentraba en ella.
Las manos de Lili, descendieron para abrir aún más su raja, para ayudar a esa lengua, ese contacto ardiente a penetrarla.
No tardó en correrse, en la boca del amante desconocido.
La situación era tan extraña como placentera.
El cuerpo le ardía, las manos temblaban ….
Y esa presencia, ese cuerpo de hombre, salió del escondite de sus faldas par agarrarla por detrás.
Le subió la falda hasta la cintura.
Con uno de sus brazos la coloco apoyada en el mostrador y con la otra apartaba el tanga ladeándolo, para introducirle su pene hasta lo más hondo del cuerpo tembloroso de ella.
Entraba y salía, primero despacio. Ella se agitaba para que la metiera aún más adentro.
El glande del amante, llegaba a rozar el útero de ella.
Y un chorro ardiente, la inundó.
La sensación de sentirse violada pero consentida, era tal que no pudo callar sus jadeos, sus gritos.
El hombre la agarraba con fuerza por los hombros haciendo que el cuerpo de ellas, como si de una marioneta se tratara, se agitara a su antojo.
El esperma goteaba por los muslos.
El cuerpo del hombre se separó se la vagina de ella.
Se acomodó, su paquete en su pantalón, la miró con una sonrisa.
Y salió del local.
Lili, tardó en asimilar lo sucedido.
Acabó de reaccionar cuando se dirigió al aseo y comprobó como chorreaba su sexo.
Se sentía bien, y cada día esperaba otra vez, la sorpresa de su amante desconocido.
El recuerdo de la experiencia continua en su mente.
Y a menudo cuando no hay clientes, se tiene que ir al aseo para, masturbarse con ese recuerdo.
Lili, continua en la tienda.
Callando los secretos de los demás y callando el suyo.
Deseo. Año 2003.
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