lunes, 31 de mayo de 2010

Mi filosofía de la vida



¿Por qué no contarte esto?, animo, Miguel que tú puedes.

Respiro hondo y comienzo.

No quiero que me taches de bicho raro, sólo que cada uno vive su sexualidad como más la gusta, y a mi me complace así.

Léeme y lo entenderás.

No existen excepciones, cada día me masturbo entre una y dos veces como mínimo, mi cuerpo me lo pide, encuentro mi placer y eso me llena.

Me gusta hacérmelo yo solito, o bien disfrutar de otras manos o boca que me lo realice, puedes llamarme egoísta, pero prefiero definirme como sincero.

No hace mucho en un bar de copas, de esos donde a menudo algunas mesas quedan escondidas y con poca luz, conocí a una chica espectacular, no sé si es que ella estaba caliente o simplemente le gusté, el caso es que acabamos hablando.

Sus ojos eran claros, grandes, en ellos solo leía una cosa, hazme tuya me gritaban.

Mientras mi pene exigía una paja a toda costa con aquellas manos.

Sentados en aquella especie de privado del bar, nos comenzamos acariciar, eso era el precalentamiento a algo más, no somos niños y sabemos lo que hacemos, mis manos colocadas en cada parte de su cuerpo, los abrazos propios de un precalentamiento en toda regla, los dedos que escalan posiciones entre las piernas, y buscando una entrada entre la ropa.

Como pudimos introducimos los dedos por ambos sexos.

Los dos estábamos salidos, excitados, la saliva se olía transformándose en aroma de sexo y eso ardía en mi mente.

Mi boca se adentraba por la suya, mis manos por sus pechos, hasta que perdí sus ojos de vista, y sentí el aliento en mi glande, ella lo había sacado de mi funda, y mientras lo agarraba con una mano, acercaba su boca hasta él con la lengua fuera.

Me dio el tiempo justo de interponerme con mi mano abierta, entonces me dedicó una mirada muy extrañada.

Me gustaría mucho más que ahora me la pajearas, continuaba mirándome extrañada.

¿Que más da?, lo importante es disfrutarlo, por lo que se acercó y metiendo su lengua hasta el fondo de mi garganta, agitaba con una de sus manos mi pene.

Comenzó, lentamente, arrastrando la piel en cada una de sus bajadas, después mientras nuestras bocas estaban unidas, robaba la saliva que se escapaba por la comisura de los labios y colocándola en la punta de mi glande, la esparcía.

Mi pene crecía a ese contacto, no sabía donde colocar mis manos, reconozco que primero me gusta disfrutar a mí, y después si me quedan ganas, que siempre me quedan complacer a la pareja.

Ella pellizcaba mis huevos, poco nos importaban las miradas.

Con ese acto casi puedo decir que pasábamos más desapercibidos, ya que al no estar su cabeza entre mis piernas y la mesa tapaba la parte baja de mi cintura, sólo parecíamos una pareja más dándonos el lote.

Me masturbaba como ninguna, con ganas, se notaba que después quería ser complacida, y puso todo su empeño en ello.

Mis piernas se abrían para dejar que sus manos entraran por entre mis piernas.

Mis huevos estaban hinchados, reconozco que en ese momento me apetecía una masturbación, mucho más que una mamada, necesitaba ese contacto con los dedos, esa opresión de sus manos formando el aro perfecto que apretaba mi pene.

Cuando noté que me llegaba, me dediqué a tocar, mamar y sorber sus pechos como pude, así me distraje de mi deseo de llegar al placer para poder disfrutar más de la situación.

Con mi boca llena de sus pezones, le pedí más roce en mi capullo.

Ella gemía en mi oreja.

Me excitaba, mis manos aún no habían tocado ni un solo pelo de su raja.

Era mi hora, era mi momento.

Colocando una de mis manos sobre la de ella, le marqué el ritmo, así, le susurraba mientras mis ojos se cerraban esperando el ardor del chorro.

Imaginé como salía y se acoplaba con sus dedos, dejando esa mezcla de viscosidad y pegajosa liquidez.

Eso me puso a mil, y conté hasta tres chorros perfectos de semen esparciéndose.

Ella intentó comerlos, pero la aparté, marcándole el ritmo en el que quería que me continuara pajeando.

Me quedé con ganas, y ella estaba completamente mojada, mi verga pedía más, pero entendí que si quería más tenía que cumplir, por lo que un poco de ganas, mis dedos rozaron de la forma más sensual que pude su clítoris, adentrándome por su coño, mientras la parte más ágil de mi dedo rastreaba su interior buscando algo especial que me indicara que ese era el punto a seguir estimulando.

Una vez, comenzó a gemir, a contraerse, y su interior a endurecerse, le cogí otra vez la mano, haciendo que con ella agarrara mi polla, la necesitaba.

La manoseó, como pudo, mientras temblaba, mientas sus caderas buscaban agilidad.

Hasta que mi mano se mojó por completo.

Sentir su flujo, me hizo estallar otra vez.

Esta vez mis chorros empaparon parte de su ropa, llegándole hasta uno de sus senos.

Ella con un dedo mirándome arrastró ese líquido blanquecino y lo atrapó en su boca, lo tragó, indicándome que ese era de ella.

Una vez más relajado, subí mi bragueta, la miré nos besamos, pagué la cuenta y despidiéndome con un simple hasta luego salí del local.

Yo ya tenía lo que andaba buscando, era feliz, no tenía que dar explicaciones ni complicarme la vida con alguien que por muy buena que estuviera no me atraparía.

Hasta la fecha de hoy, no he regresado a ese local, la verdad, todas andan muy salidas, encuentro satisfacción en cualquier parte.

No necesito atarme a nadie, y soy feliz tal y como soy.

Esa es mi filosofía de la vida.

Muy mía.

Deseo. Año 2004.

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