viernes, 28 de mayo de 2010

La clienta siempre tiene la razón



Me encanta provocar las miradas y los deseos. Me gusta ver como a mi paso y debido a algún movimiento por mi parte, los bultos de los cuerpos masculinos crecen.

Me excita vestirme de forma muy provocativa, con minifaldas que dejan al cualquier movimiento mis encantos de mujer desnuda, camisetas ajustadas marcando mis pezones encarados desafiando al mundo.

Mientras las mujeres me miran con crítica y los hombres con deseo.

Cada vez que descubro la mirada escondida de un hombre, mi sexo se humedece, y eso se nota en mis muslos al tener la costumbre de no usar bragas que tapen mi sexo.

Entrando en los establecimientos en donde todos o la mayoría de los dependientes eran hombres, así podía dejar volar mi imaginación provocándolos, inclinándome de tal forma que dejaba a la vista mi culo y el inicio de esa parte con poco bello, haciendo así que se empalmarán y tener que taparse por lo largo de mi visita tras el mostrador.

Pedí ayuda a uno para ayudarme a subir la cremallera de mi falda ajustada, el contacto de sus manos me excitó y haciendo un gesto para que pudiera ver mis senos, me engrandecí cuando por fin aún crecía más su paquete y tenía que luchar para escondérselo con las manos.

Continué con mis compras y mis entradas en los probadores de cortina, los llamaba para pedir ayuda en lo más mínimo, total para eso están para ayudar y cuidar al cliente, mimarlo hasta que se deje una buena pasta en el establecimiento.

Esta vez y como si se lo turnaran le tocó el turno a un chico más joven que yo, la edad no me importaba, lo que merecía la pena ver era el tamaño del bulto, el de éste era de los más grandes del día.

Mientras me ayudaba, con disimulo, rocé esa zona, excitada, era cierta, nada de postizo, todo real, mi conejo se mojó aún más desprendiendo el olor a sexo natural en esas ocasiones en que deseas algo más que un roce.

Yo continuaba con mis juegos, con un sólo y claro propósito, salir follada de aquellas cortinas, al ser un lunes por la mañana, no había demasiada clientela, por lo que podían estar todos atendiéndome a mí.

En ese momento le dije a mi dependiente personal que trajera a un amigo, obedeció en el acto, una vez los tres dentro de aquel diminuto espacio, le dije mostrándoles mi culo que si querían comer de él.

No respondieron pero el sudor que aparecía por sus frentes, me daba la respuesta.

Colocándome de la forma más sexy que podía, le enseñé el trasero a uno, diciéndole que me chupara, que lamiera mi conejo, que chupara mi culo.

Al otro le pedí que se tocara delante de mis ojos, que se preparara para poco después entrar en mi cuerpo, a esas alturas mis flujos se deslizaban por mis piernas.

El que me chupaba, se abrió la bragueta y se agitaba con fuerza su polla erecta, el otro aguantaba como podía.

Le pedí que colocara el gran aparato entre mis cachetes, y que se estuviera quieto, yo comencé a mover mis caderas en todas direcciones, lenta, rápida, ágil y excitada, ordené que me metieran un dedo por mi vagina, de tal forma que me introdujeron dos, uno cada uno.

El que tenía la verga aprisionada en mi culo, no tardó en irse, mientras llenaba mi espalda con su leche.

No está mal, le dije, un poco rápido pero no esta mal, la cantidad de leche era impresionante.

Ese tacto, me excitó hasta el punto que necesitaba ser penetrarla, lo que estaba claro es que uno acababa de serme inútil para mi propósito.

Me quedaba el otro, al que acabé de excitar metiéndome su polla por mi boca.

La leche de mi espalda lubricaba mi ano y mi ya mojado conejo.

Senté al chico en el suelo y yo lo hice encima de él, de esa manera comencé a cabalgar, mientras que mi boca limpiaba la polla flácida del otro.

Con mis lengüetazos no tardó en ser activa otra vez. Mientras yo saltaba mientas gemía con la boca llena por aquel miembro grande.

No sentía el cansancio de mis rodillas en aquella incómoda posición, por que me lo estaba pasando bien, disfrutaba.

Agitada formaba círculos cuando ojee la cara del chico del suelo, en un momento se puso blanco, y supe que estallaba, yo me animé a hacerlo con él mientras que comía la otra verga.

El placer de mi orgasmo hacía que mis dientes mordisquearan el glande morado, hasta el punto que estalló en mi boca, los tres a la vez nos corrimos, mi cuerpo, mi piel estaban llenas de leche, el olor me excitaba otra vez.

No dejé que se acomodaran hasta que no me sentí completamente realizada, llena sexualmente, mi placer desencadenó otro, hasta tres seguidos, ellos estaban exhaustos, pero poco me importaba.

Soy clienta y siempre tengo la razón y el derecho para exigir que se me trate como pido y como merezco.

Al acabar, me levanté, mi cuerpo chorreaba entre mis líquidos y sus leches, les pedí toallitas húmedas para limpiarme y me las trajeron.

Era hora de cerrar el comercio.

No compré nada, pero estaba segura de que el próximo lunes aprovechando el día de poca clientela regresaría otra vez.

Por esa manía mía, he de cambiar de ciudad cada poco tiempo, acaban conociéndome en todos los comercios donde los dependientes son hombres.

Y cambio de residencia.

Mañana es lunes, eso quiere decir guerra.

Deseo. Año 2004.

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