lunes, 31 de mayo de 2010

Llámame puta, es mi trabajo



No siento vergüenza alguna al decir que soy una puta, ya me viene de herencia, mi abuela lo era, siendo madre soltera de no sé cuantos hijos, conservando solamente a, mi madre y por lo que tengo entendido es por que su sexo era de mujer y con el cuerpo de su propia hija y el suyo se ganaba la vida.

Mi madre no conoció otra profesión, tampoco estudió, y poco después muy joven me tuvo a mí, he de agradecerle que a pesar de las continuas peleas con mi abuela, se quedara conmigo, mi madre se buscó la vida, haciendo lo único que sabía para mantenerme a mí y a ella, por lo que crecí viendo como cada dos por tres en un mismo día mi casa era visitada por varios hombres.

Mientras yo subía el volumen de la tele para intentar ahogar los gritos y gemidos que no conseguían silenciar.

Eso era para mi una vida normal, fui creciendo, a menudo alguno de aquellos hombres se acercaba a mí, mientras jugaba o miraba mis dibujos y se le escapaba la mano, mi madre, si se daba cuenta lo echaba de casa tras una pelea.

Para después mientras renegaba e insultaba, abrazarme entre sus brazos, era el calor de mi madre.

Pero el tiempo no se para, y poco a poco me las idee para espiar que era lo que mi madre hacía con tanto hombre en su habitación.

Mis ojos de niña miraban como hacían mil y un juegos, mi madre en muchas posturas mientras el palo de los hombres no dejaban ni un sólo agujero sin metérsela.

Después escupían sobre ella, sobre su cuerpo ese líquido que salía del palo grande, mientras la miraban con la cara desencajada, insultándola en muchas ocasiones y dejando dinero en la mesita o tirándolo sobre su cuerpo lleno de esa cosa blanca, a veces mi madre se la tragaba mientras el hombre la obligaba a hacerlo.

Yo veía que mi madre disfrutaba, para mí era un trabajo como otro.

Mis años de niña quedaron atrás, más tiempo en la calle a solas, que en la sala de mi casa.

Hasta que una tarde de invierno en las que el Sol desaparece antes, un individuo me agarró mientras me dirigía a mi casa, sólo me quedaban dos calles para llegar, pero sus brazos me metieron en un portal abandonado, mientras que me desnudaba forzosamente.

No pasaba nadie, y su mano me tapaba la boca impidiéndome hablar, mis intentos de gritar eran en vano.

Mientras él me rompía mis huecos, me acordé de mi madre, imaginármela hizo que me relajara, notaba como mi cuerpo entero sangraba, pero no luché más.

Dejé que se desfogara, me penetró por todas partes me hizo comer su leche, mientras mis arcadas hacían que ésta retrocediera de mi boca, hasta que saciado me dejó allí tirada desnuda y sangrando.

Dolorida, callé, como pude ya que nadie notaría mi retraso, sequé las lágrimas de una niña dolorida, humillada hasta cierto punto, yo era consciente por la vida que llevaba, que eso era normal entre un hombre y una mujer, me dolió, me hundió, pero no dejé que me venciera, gracias a Dios no me quedé preñada, y continué espiando a mi madre y sus clientes.

Pronto, mi cuerpo era el de una bella mujercita, por aquel entonces mi madre compartía su vida con su chulo, follaba sintiendo placer, y por lo menos se sentía más protegida, lo malo es que no tena nunca dinero para un capricho.

Y una parte buena era la de que a mí se me quitó el miedo a salir sola, ya que con el chulo de mi madre en casa, nadie era capaz de hacerme nada malo.

Aprendí a masturbarme espiando a mi madre ya que sentía que mi cuerpo ardía y mis manos encontraron la llave para sofocar aquel calor que me quemaba las entrañas.

En cierta ocasión, estando sola en casa, con el chulo, mientras él dormía hasta media tarde y yo lo sabía, por lo que era como estar sola, me comencé a masturbar pensando en la escena que protagonizó mi madre con él la noche anterior.

Mis dedos buscaban mis rincones, mis ojos se cerraban para entregarme aun más a mis placeres solitarios.

Estaba disfrutando mientras me introducía un objeto de los de tantos ahora no recuerdo cual era exactamente, ya que todo tenía valor para mí y mi placer.

Mi cuerpo de mujer temblaba, hasta que sentí una presencia y con ella abrí los párpados, era la verga del chulo que se acercaba hasta mi boca entreabierta, supe que tenía que hacer, y lo hice, no quería una pelea ni una paliza, era consciente de que antes o después mi cuerpo tenía que sacar partido y ganarse el pan, y decidí disfrutar.

Mi lengua recorrió toda la longitud de aquel palo largo, sabía que horas entes eso mismo lo hacía mi madre, y me dispuse a superarla.

Agarraba sus huevos con mis manos, mientras que dejaba que mis senos los acariciara, con sus grandes y cuidadas manos.

Él se relamía de placer, era como estrenarme.

Yo sabía lo mucho que le había costado reprimirse pero verme sola en busca de mi placer era demasiado para un hombre que no estaba agotado por su trabajo, él vivía de las mujeres.

Agarrándome las piernas me penetró con fuerza, me dolió, yo esperaba otra cosa, sueños de niña, caricias, cariño, pero nada de eso, simplemente entró, rompiendo todo a su paso, hasta mis sueños.

Me dejé, incluso agité mi cuerpo para darle placer, lentamente me relajé, mientras que como estacas el recuerdo de mi violación me punzaban en la mente.

Me propuse disfrutar con cada acto, mientras yo pensaba él disfrutaba y sin darme tiempo a reaccionar, la apartó y me mojó todo el pecho con sus tres chorros de semen.

Eso no era lo que yo precisamente esperaba, sin pensar le planté cara, al chulo de mi madre, me encontré a mí misma diciéndole que si eso era todo lo que sabía hacer.

Cuando acabé la frase sentí miedo, pensé que me acababa de ganar una paliza, pero sus ojos me miraron, me hicieron chupar su polla, flácida hasta que creció, y entonces, se acercó a mi coño mojado y dilatado lamiéndolo, cosa que yo no había visto nunca que le hiciera a mi madre, reconozco que gemí, grité de placer, disfruté hasta que le pedí que la metiera sin esperar.

Bombeamos los dos, yo tiritaba estremecida, y mi coño se comprimía, sentí como algo mojado salía de mis entrañas y era mi propio placer, lo disfruté.

El salió una vez más y mi boca sin previo aviso relamió aquel sexo que acababa de salir de mi interior, hasta que estalló en mi cara. Después de ese acto descansamos, él me dijo que tenía dos ideas una era la de venderme como a mi madre y la otra era la de hacerme su amante y mantenerme mientras yo le gustara.

Le dejé bien claro que yo necesitaba sexo si él no me lo daba lo buscaría, eso le dolió, pero con sus duros gestos me dijo que me saciaría, si llegaba el día que no cumplía, él me daría trabajo.

Hoy por hoy, soy la puta del chulo de mi madre, supongo que ella se lo imagina, pero no lo debe de tener claro.

Ante la duda calla.

A MÍ ME GUSTA EL SEXO, HE CRECIDO CON ÉL, Y CON ÉL QUIERO MORIR.

Deseo. Año 2004.

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