viernes, 28 de mayo de 2010

Juegos de espionaje



¿Quien no siente la curiosidad de espiar a los vecinos alguna vez?, ese era mi caso, recuerdo que mis primeras fantasías sexuales las despertaron mis vecinas, dos chicas que pese a sus diferente color de pelo, los rasgos eran similares, ellas vivían solas, decían que eran hermanas y yo fantaseaba con la idea de que fueran lesbianas y me gustaba imaginármelas en mis locas noches de pajas incontroladas como en su soledad se amaban.

La vista desde casa a pesar de las quejas de mis padres para mi era perfecta, ellos quería ver las montañas, mientras que yo lo que veía eran otro tipo de montañas, ya que una de las habitaciones de ellas daba justo enfrente de la mía.

Adoraba el verano, mi ciudad es muy calurosa y eso nos hace dormir a todos con la ventanas abiertas permitiendo que la brisa de la noche, cuando hacía agitar las cortinas haciendo que el espectáculo llenara mi mente de sensaciones y de placer, al ponerme cachondo.

Bueno supongo que estás pensando en la cantidad de pajas que me hacía mirando por aquella ventana, pues sí, y las que me hacía en la cama pensando en ellas también.

Siempre deseaba mantener alguna charla con ellas, pero la verdad me daba vergüenza ya que mis numerosas corridas se debían a la contemplación en secreto de mi manía expiatoria.

Aquella noche el calor era intenso, no podía de ninguna de las maneras conciliar el sueño, por lo que opté por la mejor manera de calmarme como siempre era la de pajearme como un loco.

Eran altas horas de la madrugada, el ruido se escuchaba con claridad, la puerta de la casa de mis vecinas se abría entre risas entrecortadas, no eran horas de armar jaleo.

Sus ropas me indicaron que llegaban de una larga fiesta, pude ver como una de ellas se desnudaba con prisas y se tumbaba en la cama.

No podía identificar el otro cuerpo, pero mi intuición me decía que le estaba chupando el coño, la cara de ella era todo placer, la lengua salía de su boca y bordeaba sus labios, mientras que con sus manos estrujaba sus tetas al parecer duras.

No pude aguantar la imagen y una vez más, comencé a masturbarme, por tercera vez esa noche.

Mi mano aceleraba su ritmo al ver como el cuerpo perfecto de mi vecina se levantaba como poseído para dejarse caer con fuerza sobre el colchon que rechinaba a cada movimiento.

Sus jadeos se intensificaban con el silencio de la noche, su respiración sólo la molestaba el ajetreo del sonido de mis manos agitando mi dura verga.

Pereció llegar a su éxtasis, reposando unos instantes, pero ese otro cuerpo estaba ansioso de sentir lo que acababa de regalar.

Mi pene estaba a punto, pero al parar ella bajó débilmente mi calor, pero reinició su fuerza al comprobar que ese cuerpo que lamía el coño era el cuerpo de su hermana, según ellas.

Mis sospechas se confirmaban, me excité como nunca mientras mi pene se alzaba hasta unas alturas insospechadas.

Ésta se colocó en la misma posición que su amante, ya no me importaba ser visto y asomé más mi cabeza para no perderme un sólo detalle.

Descubrí unas piernas abiertas de par en par, y unos dedos entrando por su raja hasta que mi vista los perdía de su enfoque.

Sentí esa ardiente lengua como si estuviera lamiendo la punta de mi verga.

No podía permitirme el lujo de cerrar mis ojos y perderme esa escena que quizás no se repetiría nunca más ante mis ojos.

Las convulsiones de ese cuerpo recostado unidas al olor que llegaba a mi olfato, me decían que por fin llegaba mi orgasmo a la vez que el de ella.

Llegaron a casa tan excitadas que no fue necesario ningún artilugio para sentir sus placeres que ahora se convirtieron en el mío sumado.

Ya tenía un secreto con ellas, eso me hacía sentir importante.

Me corrí por última vez esa noche, verdaderamente no hubiera aguantado otro asalto, dormí como nunca, soñando con la imagen de los tres en esa cama.

Y desperté pasada media tarde.

Mi trempera era impresionante, pero tenía agujetas, por lo que decidí que mi verga ya jugaría más tarde esperando otra imagen como la de la noche pasada.

Quizás algún día ese sueño de estar con ellas se cumpla, nadie lo sabe, pero lo que está claro es que yo follo con cada una de ellas, por junto o por separado, el placer que me dan es inigualable y seguramente nunca lo sepan.

Deseo. Año 2004.

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