sábado, 22 de mayo de 2010

Javier, una parte de mi mundo



Tengo tantas ganas de sentirte en mi piel, necesito tu contacto, el roce de tus dedos que pasean por mi piel casi sin notarlos.

Espero que no te enfades, sabes que es imposible que yo esté quieta, y por eso de mi último trabajillo, ahorré un poco con la sana intención de dedicártelo tí.

Esta mañana salí de compras.

Ya me conoces ……..

No suelo hacerlo, pero no pude resistirme.

Ahora estoy de regreso a casa, sé que estarás sentado esperando mi llegada, como siempre, al entrar mis labios se acercarán a los tuyos, ofreciéndote la parte más dulce de mí.

Me dirijo al lavabo, quiero ducharme, pero no te comento nada, deseo que lo adivines cuando mi voz te llame.

Me ducho, el agua, el roce de las gotas resbalando por mi piel y el imaginarte sentado, hacen que mis sentidos estallen.

Me siento como una niña.

Una vez refrescada, cepillo mi pelo hacia atrás, dejando mi cara limpia y despejada, mis ojos grandes y mis mejillas rojas ….

Sé que te gusta esa mirada, y te la dedico una vez más.

Me visto, sólo con el sostén que acabo de adquirir, azul, nuestro color.

Lo deslizo por mis brazos y acomodo en su cabida mis senos aún húmedos …..

Me gusta mi imagen reflejada en el espejo, mientras mis manos abrochan el sostén.

Me coloco el tanga a aguas del mismo color, mi figura delgada pero firme, hacen que realce aún más mi cuerpo y antes de llamarte, unas gotas de mi aroma en mi cuerpo.

Apago mi voz, para contemplar otra vez que mi estado sea perfecto … y por fin pronuncio:

Javier, cielo, ¿puedes venir un momento?, es que hay algo que necesito y no lo puedo alcanzar yo sola.

No respondes por que tu cuerpo ya se dirige hacia nuestra habitación, nuestra cama.

Abres la puerta.

Mis pupilas se clavan en las tuyas, al hacerlo siento que me mareo, es tanto lo que hay en mi …….

Mi cuerpo te dedica el mejor de mis movimientos.

Aprendí la danza del vientre, para darte el mayor de los placeres, y al son de la música, contorneo mis caderas insinuantes, llamándote ……….

Te acercas.

Puedo notar como tu pene crece y quiero darle la libertad que se merece.

Tiendo mis manos hacia tí, mientras mis dedos te indican que te acerques.

Lo haces, a mi compás.

Cada uno de tus pasos enciende la hoguera de nuestro cuerpo.

Tu mirada me lo dice.

Me gusta que me mires, me gusta ver que te gusta hacerlo.

Mi cuerpo llama al tuyo, en un desenfreno de pasión, pero en cada movimiento, en cada desliz, en cada aliento, hay tanta ternura, que casi no es necesario mucho más para hacer que los impulsos estallen.

Te acercas a mí hasta el punto en el que mi cuerpo cae sobre la cama.

Pero esta vez soy yo la que se coloca sobre tu cuerpo, y mezclando mis dedos, mis manos, mis labios, mi ternura y el amor que mi alma desprende por tí, te desnudo sin dejar de agitar mi cuerpo.

Ya eres mío.

Libre, sin ropaje, que tape o cubra tu piel.

Desciendo mi cara hasta tu pecho, me encanta sentir el latido de tu corazón, mientras mis manos pasean por el vientre comprimido.

Tu pene alarmantemente erguido, me mira.

Siento la necesidad de adentrarme por él, de entrar en tu sexo y hacerlo mío …. cada vez más mío, queriéndote decir con ello, lo mucho que significas para mí.

Por lo que agito mi lengua en tu glande, mientras continuo agitando mis caderas … antes, he colocado tus manos sobre ellas con la intención de que sientas los movimientos como parte de tu cuerpo, parte del ritual.

Tus genitales quedan descubiertos, para mí, y adentro mi cabeza aún mojada entre ellos, invadiendo una parte de tu cuerpo, la exploro y me sacio con ellos, hasta escuchar de tu boca, tus gemidos de placer.

Mis manos ahora suben y bajan por tu pene, ya mojado por mi saliva …. resbalan …. la sensación en si ya me llena, el ver tu cara, me hace sentir bien, para mi eso ya es un placer.

Y decido cabalgar sobre tí …..

Me incorporo y situo tus manos en mis cachetes para que seas tú, el que dirija mis saltos.

Deseo tanto hacerte feliz ……

Cabalgo sobre tí, mientras mi pelo cubre parte de mi cara …..

No puedo evitar, gemir y sentir que me llenas.

El calor aumenta.

La excitación acelera las convulsiones de mi cuerpo ...

El tuyo tiembla, mientras nuestras gargantas no callan los gemidos.

Javier, te quiero, ¿lo sabes?

Una vez más, como en cada acto de amor, en el momento de tu descarga de semen en mi interior, mi pregunta.

No puedes hablar, solo agitarte, pero esa respuesta es la mejor.

Estallamos a la vez.

Los líquidos mezclados resbalan por mis piernas.

Te pido que no salgas de mi cuerpo, y como podemos nos acomodamos entre las sábanas, abrazados.

Mi boca, busca la tuya.

Mis manos agarran las tuyas.

Mis ojos se cierran en paz.

En mi cuerpo reposa una parte de tí, en mi interior.

Eres mío.

No quiero despertar.

Cuando lo hago, al ser consciente de tu ausencia, siento que una parte de mi muere.

Pero ahora estas aquí, cerca, a mi lado.

Y acabas de susurrarme, esas dos palabras que nunca nadie me ha dicho.

Las palabras que he esperado toda mi vida.

No te separes de mi cuerpo.

Javier, no me dejes despertar

Deseo. Año 2003.

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