
No me apetece nada, hacer de acompañante a Julio, un anciano de 86 años, pero me pagan para ello y en fin, eso de salir de excursión con el Inserso, a mis 20 años, no es demasiado buen plan que digamos:
La parte buena, es que nos vamos a París, mientras él duerme, yo saldré a conocer algún lugar de esa ciudad que me apasiona.
Es la hora, el autocar está esperando para que subamos, las maletas ya están colocadas.
Todos sentados, el recuento final, pero no se pone en marcha ….
Se acerca a toda prisa un joven, ummmmmmmmmmm.
Como está.
Se presenta como Jean, es el guía, pero se le ve un poco engreído.
60 pasajeros todos mayores de 55 años y mua.
Casi patético, pero necesito el dinero para pagar los estudios, y el viaje, me atrae.
Por lo que cierro los ojos y bueno ……
El autocar parece que comienza a cojer velocidad.
Jean, inicia su saludo de bienvenida, parece simpático, me mira y sonríe.
Yo hago caso omiso, no se trata de parecer presa fácil.
Además, la verdad no tiene mucho donde escojer.
Dos horas de trayecto y por fin el autocar para.
Necesito ir al servicio ………..
Mientras los demás comen algo yo me adentro en la puerta y me relajo.
Tengo unas ganas inmensas de llegar al final del trayecto y ducharme.
Cuando salgo del aseo, parece que está todo en orden, Jean se acerca a mí, se presenta y me dice con una sonrisa:
- Menos mal, hay alguien que no se quita la dentadura por la noche.
- Es cierto, ¿pero estás seguro?
Nos echamos a reír, y comentamos lo que queda de recorrido, la verdad es que parece agradable, por lo que quedamos que después de cenar, ya que él conoce París, me enseñaría alguno de sus encantos, pero el trabajo es lo primero y es hora de subir una vez más al autocar.
Mis ojos se cierran y sueño con esa salida, algo en mí, me dice que será perfecta.
Llegamos, nos instalamos y bajamos a cenar.
Una vez acuesto a Julio, me cambio de ropa me pongo lo más sexy posible y bajo a la cafetería.
Jean, me está esperando, su olor me atrae.
Salimos, las calles están repletas de gente por lo que acepto que me agarre de los hombros, aparte de que me cuesta entender el francés por la rapidez que se pronuncia.
Entramos en un local, pedimos algo para refrescarnos, el calor es insoportable.
Cada vez nuestras caras están más cerca, ya que el volumen de la música y el tono de la voz se elevan.
Su moreno pelo, me atrae hasta pensar en hacerlo mío, mis manos rozan sus dedos y me siento firme en mi decisión de hacer el amor con él sea como sea.
Sé que sus ojos clavándose en mis pechos desean lo mismo, por lo que nos miramos y sin mediar más palabras salimos.
Apenas estamos en la salida, nuestras bocas ya están unidas.
Siento tus manos descender por mi cuello, y me gusta el contacto, continúan descendiendo y se sitúan en mis pezones.
Mi sexo arde, mi mano colocada entre tus piernas, adivinan y calculan la mida de tu sexo.
Me gusta ese contacto y tu saliva en mi boca, espesa.
Caminamos unidos en un abrazo, no importa nada ni nadie, no sé hacia donde vamos, no me importa, el calor que siento me pide a gritos ser apagado.
Me acerca a un portal, en él coloca mi cuerpo en la pared, me arrasa con sus manos sin dejar ni un solo rincón de mi cuerpo sin ser explorado.
Y su lengua continúa formando paseos por mis lugares y explorando mi boca.
Mi ropa interior, está totalmente húmeda, por lo que le pido más.
Abre la puerta, entramos sin separarnos ……
Subimos peldaño a peldaño, como podemos, unidos llenos de manos por todo el cuerpo.
Llegamos a una puerta, la abre, nos adentramos, cierra con el talón de un golpe seco y una vez allí …… dejo salir lo que tengo dentro de mí, mis manos le apartan y se apoderan de su cuerpo, lo hago mío, le despojo de la ropa y me introduzco por él, sin pedir permiso, sólo succiono y lamo, me como todo su cuerpo.
La excitación crece y su pene erecto se clava entre mi vientre como una estaca, es cuando le pido que me haga suya.
Entra en mí como una fiera.
Mis uñas lo arañan, arrastran su piel, mientras grito y él jadea.
Mi sexo se contrae, el tic constante de mi vagina hace que llegue a descargar toda su leche en mí, yo al notarla, me dejo llevar y guiar por el encanto, el calor y agridez de su estallido. Y desencadeno mi orgasmo.
Como una loca grito.
Siento que me revienta y esa sensación me gusta.
Estallo en sudores y gemidos, mientras mis caderas parecen no estar cansadas.
Continúan saltando.
Sus ojos me piden piedad, descanso, y al verlos dejo que mi cuerpo se relaje.
Pero no por mucho tiempo, nos quedan, 9 días en París y esta ha sido sólo la primera noche.
Deseo. Año 2003.
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