
Soy una chica completa, ya con mi mayoría de edad, a pesar de haber perdido mi virginidad sobre los 17 pero ahora soy mucho más experta.
Me considero llamativa, mis ropas y mi cuerpo añadido a mis andares hacen que mi cuerpo sea mirado a escondidas.
Recuerdo que no acababan de satisfacerme mis relaciones, con compañeros, amigos o ligues de una sola noche, todo era muy poco parecido a lo que yo imaginaba, y caía en la misma tentación una y otra vez, esperando que esa fuera la que me abriera las puertas a mis fantasías, o bien como mínimo a las ideas que tenía sobre satisfacción.
Necesitaba sentirme muy llena, placenteramente satisfecha, esperando ese orgasmo que nunca llegaba, sólo un ligero cosquilleo pidiendo y diciendo que existe algo más, hasta que cansada de buscarlo me daba por satisfecha y vencida, cansada y llena de esperma por cualquier parte de mi cuerpo.
Cansada de relaciones insatisfactorias, me adentré en mi mundo de una forma casual.
Bañándome en mi gran recinto con agua termal, la espuma, el calor y la intensidad de mis deseos internos, me ayudaron a tocar mis zonas, mi sexo, mis pechos, mis piernas, mis dedos uno a uno.
Para acabar de animarme, cerré los ojos y visualicé la imagen del profesor que me tenía hipnotizada, mis ojos completamente sellados miraban sus rizos, mi cuerpo mojado, notaba la presencia de sus manos.
Por un momento recordé que en una de las miles de fiestas a las que acudía me traje como recuerdo un consolador que tenía completamente olvidado.
Y por suerte estaba en el baño, escondido bajo las toallas de adorno, esas que no se usaban nunca.
Alargué mi mano, lo busqué como pude estirando mi brazo con los dedos, hasta que lo encontré, el contacto me dio placer, la idea de estrenarlo me gustó, y lo acerqué hasta mis ojos.
Lo examiné, el color era extraño, nada acertado pero el tacto era la perfección, e incluso mucho mejor que los penes naturales.
Lo lamí, con los ojos otra vez cerrados imaginando el cuerpo que lo sostenía, lo adentré por entre mis mojados y duros pechos, lo paseé por mis pezones que crecían a el ritmo que él los tocaba.
La humedad, el vaho, y el calor que también desprendía mi cuerpo me hizo poner mi temperatura a mil.
Lo acerqué hacia mis piernas, una a una, notaba aquella pieza recorrer la parte central de ellas.
Una vez las tuve completas, necesité adentrarlo por mi mojado sexo.
Lentamente abrí mis labios ayudada por mis dedos, dejé espacio para que la punta grande se acoplará por mi agujero.
El agua y mis flujos ayudaron a la penetración que lentamente maniobraba en busca de placer, de mi punto más sensible.
No tenía prisa, ni a nadie a quien dar placer, esta vez era sólo yo y para mí, sin prisa, sin pausas, sin cambios de posición, sin miedos, sólo reconocer cada milímetro de mi cuerpo y saciarlo.
El glande artificial, pero placentero estaba totalmente dentro de mi sexo, de un golpe lo introduje entero, haciéndome gemir al contacto, mis dedos lo hacían rotar hasta que encontré un punto específico en el que el cosquilleo era más intenso, me dediqué por completo a él.
Lo adentraba, sacaba, metía, exprimía, giraba, volteaba, y gozaba con el mete saca, del artilugio.
Mis pechos sobresalían por encima de la espuma que mis propios movimientos creaban.
Mi lengua intentaba atraparlos, pero mis manos se centraban en ese botón duro encontrado cerca de mis entrañas que me impedía dejar de agitarlos notando el calor, el líquido que lo lubricaba.
Con cada uno de mis movimientos, imaginaba un rostro mirándome, sonriendo, acariciándome, pero llegó un momento en el que me di cuenta de que sentía más placer sabiendo que era yo sola la que estaba en el agua, que eran mis manos las que me daba lo que tanto deseaba.
Me di cuenta de que si comprimía mi vagina el placer era mucho más intenso, si sacaba la cabeza del artículo, mis entrañas la deseaban mucho más, jugué con mi placer dándome cuenta de que aquel deseo de penetración, lo alargaba a mi gusto y placer.
Continué durante mucho rato sintiendo el hormigueo, gocé y paraba para notar una vez más la intensidad de mis músculos al contraerse para entregarme una vez más a ese deseo, a ese roce, a esa caricia que yo misma me estaba proporcionando.
Una vez colmada de cosquilleos, fríos, temblequeos, y ardores, lo introduje por mi sexo de un modo contundente, haciendo que la punta rozara justo en donde más placer sentía.
En poco tiempo, estallé en una serie de escalofríos, calenturas, convulsiones, y líquidos que deslizaban por mi piel hasta ser flotantes en el agua.
Mis pechos crecieron, mis labios húmedos parecían hinchados, mi sexo tenia un tic tac propio, mi útero se contraía, y de esa forma tan simple y solitaria comprendí y entendí que era un orgasmo en mi cuerpo.
Sé que algún día llegara el hombre, el cuerpo, el pene o la verga que me den ese placer, pero hasta que ese día llegue, mi consolador como bien dice es mi consuelo.
Me gusta sentirme chupada por una caliente lengua, eso es lo que no me da mi aparatito, pero todo tiene solución en esta vida, mientras llega el día, a gozar amigo.
Deseo. Año 2004.
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