domingo, 30 de mayo de 2010

Aprendiendo a vivir



Hola me llamo Ramón, tengo 34 años casado con una preciosidad de mujer en todos los sentidos, un cuerpo de infarto, lista, posee todas la cualidades que yo admiro, pero la parte mala de mi relación, era la monotonía, tras 10 años de matrimonio, sumados a 5 de noviazgo, la rutina, estaba acabando con nuestra felicidad, a todo ello le sumamos el nacimiento de mis hijos, es como un cóctel Molotof.

Las salidas escaseaban, no tenemos con quien dejarlos para dedicarnos a nosotros mismos unas horas.

Todo ello, más el incremento de las necesidades, y otras muchas cosas que supongo sabes, hacían que nuestros días fueran exactamente iguales.

Todo ello repercutía en nuestra vida sexual, y como pareja.

Nos dimos cuenta al llegar la noche y como rutina, comentar mientras nos arropábamos, lo casados que estábamos, una excusa más para mantener pocas relaciones, por que la verdad, los dos estábamos agotados.

Comencé a idear un plan, la quiero con locura, pero se estaba yendo todo al garete, y el camino era una ruptura, se olía, y eso me asustaba, por lo que decidí, no ser tan tacaño y alquilar una canguro para los viernes por la noche, en la cual tenía pensado dedicarla a nosotros, a nuestra intimidad.

Sinceramente, la cosa cambió, alquilaba la habitación de un hotel y hacíamos en esa habitación mil y una fantasías que en casa nos eran imposibles.

A menudo ni cenábamos, llegábamos directos y realizábamos nuestras intimidades.

Ella, es un poco cortada en el tema del sexo, pero tras nuestras miles de charlas, descubrí uno de sus secretos, y una de sus fantasías.

A mí que sólo me han de dar mecha me dispuse a cumplir ese deseo, costase lo que costase, mi mujer lo vale.

Le regalé una cajita, en su interior habían las bolas chinas y al lado un bote de lubricante.

Las dejé sobre el aseo de la habitación, ella no tenía ni idea.

Como un viernes más entramos, ella siempre se duchaba a pesar de que yo le pedía que no lo hiciera, me encantaba el aroma a sexo sin ser tapado con jabones.

Me gusta lo natural, pero era como una manía, sabía que como siempre entraría a asearse.

Por lo que encontraría la caja y una nota en la que le pedía que se las colocara.

Tardó en salir del baño.

Mi impaciencia empezaba a ser latente, no sabía que hacer con mis manos, ya hacía rato que estaba desnudo esperándola, las velas encendidas, y el olor a incienso de romero que tanto la excita, se estaba acabando.

Escuché la maneta de la puerta del baño, mi mujer salía por ella, estaba hermosa, desnuda, y el pequeño aro entre sus ingles me indicaba que las tenía puestas.

Noté como mi excitación y mi verga crecía. Ella tranquila, disfrutando de sus andares se acercó hasta el borde de la cama, mientras yo extendía mi mano para tocar y cerciorarme de que estaban colocaditas en su sitio.

Le pedí que caminara, sé que le gustaba, por la sonrisa de su boca, poco después, llamaron a la puerta.

Perfecto, estaba saliendo todo a la perfección.

Era Luis, un compañero mío de trabajo, que siempre piropeaba a mi mujer y yo sabía que ella sentía cierta atracción hacia él.

Entró, mi mujer asombrada se tapó el cuerpo desnudo con sus manos, pero entre los dos, delicadamente se las apartamos.

Los tres estábamos excitadísimos, desnudos, tocándonos.

Mi mujer se mostraba abierta a todo, eso me gustó y me dio más morbo.

Luis, la miraba, la besaba mientras que al hacerlo, su glande y el mío se rozaban, ella disfrutaba con mi lengua que estaba estirando del aro para que poco después mis dedos se lo introdujeran otra vez.

Cambiamos de posición, esta vez mi verga estaba siendo mamada por ella, con su poderosa lengua, extendiéndola, rozándola, aumentando mi deseo, mientras Luis, le lamía el ano.

Ella giraba sus caderas buscando el placer de los lametones y de las bolas.

Yo sudaba, con la mamada, y Luis necesitaba un alivio, por lo que me acerqué como pude, y lentamente hasta incorporarme y situarme de forma que su pene entrara por mi boca, dándole el mismo placer que él le daba a mi mujer o que yo mismo estaba sintiendo con la mamada.

Juli, comenzó a sudar, a agitarse, a gritar, Luis y yo nos dimos perfectamente cuenta de que estaba en su orgasmo, no paramos, continuamos, creo que tuvo tres ya que cesaba unos segundos y comenzaba otra vez a gemir, fue precioso verla así disfrutando.

Luis, le sacó las bolas con la boca.

Juli, no podía respirar, al contacto del aliento y entonces yo coloqué mi verga sobre su dilatado culo, lubricado con la saliva de Luis.

Lo adentré, sintiendo como a mi paso se dilataba, dándome paso, sentí cada partícula del estrecho camino, mientras ella gozaba, y yo me excitaba aún más, en ese momento, Luis metió su verga por la raja de Juli, que gritó de placer.

Nos costaba movernos, bombear, pero el placer era impresionante.

Dos pollas metidas en un mismo cuerpo en agujeros distintos.

Los tres desencadenamos una serie de convulsiones que acabaron en orgasmos.

Juli, repitió, mientras nosotros, esparcíamos nuestras leches por su cuerpo y su interior.

Con los glandes sobre su piel, pintábamos de blanco su cuerpo, ella gozaba.

Agotada se durmió, pero Luis, y yo deseábamos más, comenzamos a tocarnos, al ver que cada uno de nuestros miembros reaccionaba, continuamos, pero esa es otra historia, que ha de ser contada en otro momento.

Lo importante, es que mi mujer y yo nos amamos, disfrutamos del sexo, con otra pareja, con un hombre o una mujer.

Somos felices, tenemos un día para ser libres, disfrutar y así lo hacemos.

Hoy es jueves, me toca preparar algo para mañana, si tienes alguna idea, pues ¿me la das?

Deseo. Año 2004.

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