
No puedo callarlo, esta dentro de mi, mi mente me pide que reaccione y que te cuente como paso, que hubo en aquel paseo, que pasó para que llegara a tanto.
Suelo salir, cuando puedo, con mi caballo Alazan.
Es mi mejor amigo, su pelo azabache, su crin larga, me relaja y es mi más profundo confidente.
Nos pasamos largas horas galopando, entre senderos y parajes desiertos.
Nos unimos aún más, cuando alguna inclemencia del tiempo nos acosa.
Era una tarde más, nada me hacía sospechar que sería diferente.
Yo estaba nerviosa ya que la relación con mi pareja, parecía estar deteriorándose por minutos.
Alazan, lo notó reseguida, lo ensillé y así al galope, recorrimos una buena distancia, la suficiente como para alejarnos de todos y de todo.
Más calmada, paré en un arroyo a refrescarnos un poco, yo mi calor, y mi caballo su sed.
No me dí cuenta de que entre las sombras un joven nos miraba.
Alazan, no sé por qué motivo, se asustó y salió corriendo, tirándome al suelo con su huida.
El muchacho corrió a socorrerme, mi cuerpo estaba magullado por el golpe y perdí el sentido.
Al despertar, me ví semidesnuda, recostada entre hierbas y con tiras de ropa en forma de vendas.
Me sangraba el brazo.
Pero no estaba sola, el muchacho, me había curado, haciendo de su camisa los pedazos de ropa que cubrían mis heridas.
El tenía el torso desnudo, era fuerte, guapo, y me tranquilizaba en todo momento indicándome que sólo eran arañazos.
Lo miré y le dí las gracias, sin darme cuenta que al hacerlo un pecho escapó de su escondite.
Pude sentir, como me quemaba esa mirada.
Y él me tapó con la blusa el pecho, rozándome con sus dedos mi pezón que al sentir el contacto se endureció.
Mis pantalones de montar estaban rajados, y mostraban así mi desnudez interna.
Me pregunto como me encontraba.
Y decidí ponerme en pie, al hacerlo, un mareo inesperado hizo que cayera en sus brazos, amarrándome, contra el suyo.
Alcé la cabeza y pude ver los ojos más grandes y perfectos que había visto nunca.
Sin darme cuenta, estaba llorando.
Me limpió las lágrimas con sus manos, acariciándome la cara a la vez, mi cuerpo se estremeció con el contacto.
Y agarrando mi mentón con los dedos, lo condujo hacia sus labios.
Me besó, de tal forma que mi cuerpo, no se pudo separar del suyo, cada vez estaba más cerca de aquel cuerpo perfecto.
El aroma a hombre, hizo despertar mis sentidos, y me desabroché la blusa.
Por aquel entonces Alazan, ya estaba de vuelta, tranquilo, sereno.
Sentí como deseaba que me poseyera, que me hiciera suya, necesitaba sentirme amada.
No era sexo, si no una mezcla de ambas cosas, las que mi cuerpo requería.
Me ayudó a sentarme en el suelo, verde, adornado por hierbas, y él a su vez se tendió frente a mí.
Se desabrochó la poca ropa que llevaba puesta, dejando aquel cuerpo perfecto a la vista de mis ojos, me sentí feliz, ardiente, con ganas de dar y recibir placer.
Acarició con sus labios cada parte de mi cuerpo, y yo hice lo mismo con el suyo.
Sentía que era algo muy hermoso, real, y un cuento a la vez que estaba pasando.
Pero quería y deseaba hacer el amor con él.
Mis piernas se abrieron ante su mirada, dando paso así a la una excitación inminente.
Su pene crecía ante mis ojos, dejando marcadas unas venas que me excitaban.
Su glande estaba cambiando de color.
Después de compartir mil y una caricia, allí tendidos y Alazan, mirando, me penetró.
Le pedí que entrara hasta que no pudiera más.
Le rogué que me poseyera, que me hiciera suya, que me amara, sin dejar de besarme.
Nuestras cabezas rodaban, mientras nuestros cuerpos se agitaban.
Estábamos tan excitados que no tardamos en llegar al placer máximo, me agarró las manos, dedos entrelazados, por encima de mi cabeza y así unidos por todas nuestras extremidades, sentimos el orgasmo.
Su ser, quemó mis entrañas, mi humedad mojó la hierba.
Y Alazan, miraba.
Creo que estuvimos recostados mucho rato, ya no importaba el tiempo, ni las heridas.
Sólo me importaba no perderlo, no dejar que saliera de mi vida.
Mi cuerpo, sintió placer.
Mi corazón, inició un nuevo latido.
Cada vez que me ama, mi mente estalla en sensaciones.
Y Alazan, mientras mira.
Deseo. Año 2003.
Suelo salir, cuando puedo, con mi caballo Alazan.
Es mi mejor amigo, su pelo azabache, su crin larga, me relaja y es mi más profundo confidente.
Nos pasamos largas horas galopando, entre senderos y parajes desiertos.
Nos unimos aún más, cuando alguna inclemencia del tiempo nos acosa.
Era una tarde más, nada me hacía sospechar que sería diferente.
Yo estaba nerviosa ya que la relación con mi pareja, parecía estar deteriorándose por minutos.
Alazan, lo notó reseguida, lo ensillé y así al galope, recorrimos una buena distancia, la suficiente como para alejarnos de todos y de todo.
Más calmada, paré en un arroyo a refrescarnos un poco, yo mi calor, y mi caballo su sed.
No me dí cuenta de que entre las sombras un joven nos miraba.
Alazan, no sé por qué motivo, se asustó y salió corriendo, tirándome al suelo con su huida.
El muchacho corrió a socorrerme, mi cuerpo estaba magullado por el golpe y perdí el sentido.
Al despertar, me ví semidesnuda, recostada entre hierbas y con tiras de ropa en forma de vendas.
Me sangraba el brazo.
Pero no estaba sola, el muchacho, me había curado, haciendo de su camisa los pedazos de ropa que cubrían mis heridas.
El tenía el torso desnudo, era fuerte, guapo, y me tranquilizaba en todo momento indicándome que sólo eran arañazos.
Lo miré y le dí las gracias, sin darme cuenta que al hacerlo un pecho escapó de su escondite.
Pude sentir, como me quemaba esa mirada.
Y él me tapó con la blusa el pecho, rozándome con sus dedos mi pezón que al sentir el contacto se endureció.
Mis pantalones de montar estaban rajados, y mostraban así mi desnudez interna.
Me pregunto como me encontraba.
Y decidí ponerme en pie, al hacerlo, un mareo inesperado hizo que cayera en sus brazos, amarrándome, contra el suyo.
Alcé la cabeza y pude ver los ojos más grandes y perfectos que había visto nunca.
Sin darme cuenta, estaba llorando.
Me limpió las lágrimas con sus manos, acariciándome la cara a la vez, mi cuerpo se estremeció con el contacto.
Y agarrando mi mentón con los dedos, lo condujo hacia sus labios.
Me besó, de tal forma que mi cuerpo, no se pudo separar del suyo, cada vez estaba más cerca de aquel cuerpo perfecto.
El aroma a hombre, hizo despertar mis sentidos, y me desabroché la blusa.
Por aquel entonces Alazan, ya estaba de vuelta, tranquilo, sereno.
Sentí como deseaba que me poseyera, que me hiciera suya, necesitaba sentirme amada.
No era sexo, si no una mezcla de ambas cosas, las que mi cuerpo requería.
Me ayudó a sentarme en el suelo, verde, adornado por hierbas, y él a su vez se tendió frente a mí.
Se desabrochó la poca ropa que llevaba puesta, dejando aquel cuerpo perfecto a la vista de mis ojos, me sentí feliz, ardiente, con ganas de dar y recibir placer.
Acarició con sus labios cada parte de mi cuerpo, y yo hice lo mismo con el suyo.
Sentía que era algo muy hermoso, real, y un cuento a la vez que estaba pasando.
Pero quería y deseaba hacer el amor con él.
Mis piernas se abrieron ante su mirada, dando paso así a la una excitación inminente.
Su pene crecía ante mis ojos, dejando marcadas unas venas que me excitaban.
Su glande estaba cambiando de color.
Después de compartir mil y una caricia, allí tendidos y Alazan, mirando, me penetró.
Le pedí que entrara hasta que no pudiera más.
Le rogué que me poseyera, que me hiciera suya, que me amara, sin dejar de besarme.
Nuestras cabezas rodaban, mientras nuestros cuerpos se agitaban.
Estábamos tan excitados que no tardamos en llegar al placer máximo, me agarró las manos, dedos entrelazados, por encima de mi cabeza y así unidos por todas nuestras extremidades, sentimos el orgasmo.
Su ser, quemó mis entrañas, mi humedad mojó la hierba.
Y Alazan, miraba.
Creo que estuvimos recostados mucho rato, ya no importaba el tiempo, ni las heridas.
Sólo me importaba no perderlo, no dejar que saliera de mi vida.
Mi cuerpo, sintió placer.
Mi corazón, inició un nuevo latido.
Cada vez que me ama, mi mente estalla en sensaciones.
Y Alazan, mientras mira.
Deseo. Año 2003.
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