lunes, 17 de mayo de 2010

Ardores



No puedo más.

Mi cuerpo está sudoroso y no estas en casa.

Te llamo.

No respondes.

Quiero sentirte, estoy muy excitada.

¿Dónde estas?

Miro a mi alrededor, buscando algo para darme placer, pero no, no quiero, deseo un cuerpo, deseo que sea una polla la que me lo de hoy, no quiero jugar yo sola.

Me pongo una bata transparente sobre mi desnudo y caliente cuerpo, salgo a la escalera y llamo a la puerta de vecino.

Con una sencilla excusa, lo hago subir a casa.

Allí, en mi territorio, no le dejo tregua y me quito la única prenda que vestía mi cuerpo, se nota mi excitación.

Y su pene comienza a dar señales de vida.

Lo tumbo en el sofá. Para deleitarme con su piel, la saboreo.

Le entrego mis pechos, para que los amase, los apriete, mis pezones están pidiendo a gritos que los chupe.

Por mi sexo se desliza líquido.

Y sin darle más tiempo, lo denudo, agresivamente, mi cuerpo no puede esperar más.

Esta muy caliente, chorrea sudor.

Coloco su miembro entre los cachetes de mi culo y jugueteo con él.

Sé que me desea, lo noto en la forma en la que me estruja las piernas.

Me inclino para mostrar mis agujeros.

Abiertos, húmedos, deseosos de ser acariciados.

Deseo que me dé unos cachetes en mi culo.

Y cuando lo hace y puedo ver que esta rojo, me excito más.

Lo tiendo sobre el suelo, desnudo, sin poder hacer nada, domino yo.

Y con un vaso de agua jugueteo con su cuerpo, se lo derramo por el pene.

Bebo de él, poco a poco. Sintiéndole muy caliente, notando su excitación.

Le ato las manos, se deja. Continúo sobre su cuerpo, esta vez sentada.

Coloco mi sexo en su boca, para que me lo chupe, deseo que me lo humedezca.

Mientras yo con mis movimientos busco mi placer.

Su lengua está dentro de mí.

Me volteo para meterme su miembro en la mía, sin que él deje por un instante de meterme la lengua, le chupo toda la parte de su sexo, me la introduzco en mi boca.

Mordisqueo, chupo, succiono y lamo sin dejar ni un solo rincón de sus partes.

Estoy muy excitada.

Él, mientras allí tendido, con las manos atadas, mi cuerpo extendido sobre el suyo.

Noto su deseo.

Sé que quiere penetrarme.

Me gusta.

Y le ofrezco mi sexo para ser introducido.

No tarda en poseerme.

Lo hace por el ano, me gusta, deseo que entre más, más adentro.

Mientras mis dedos buscan el placer de mi clítoris.

Penetrando por él, saciándolo, y mi culo está ocupado, siento el placer, noto como su gran miembro entra y sale.

No dejo de acariciarme.

Consigo así llegar al placer.

Él no tarda, pero no lo dejo salir, lo mantengo dentro de mí, hasta que la última gota de su semen se descargue en mi culo.

Jadeamos, y la respiración se asemeja, se relaja.

Le doy las gracias y sale de casa.

Pero al minuto suena el timbre, abro, es él y dice.

Ya sabes, cuando lo necesites, llama.

Deseo. Año 2003.

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