
Para mí, ese encuentro era muy especial, te cuento:
Cada año, mi grupo de amigos nos reuníamos para pasar el día juntos, dedicábamos un día en todo un año, para reír, llorar, recordar y bueno alimentar la amistad.
Como suele pasar, el tiempo nos cambia a todos, la vida, las familias, y alguno se fue lejos por causas de trabajo, por fin y tras 4 años en las que en esas citas siempre faltaba alguno, nos reuníamos.
Era muy importante, una vez más la panda al completo, decidimos pasar el día solos y por la noche de juerga, el siguiente se unirían nuestras parejas, las que ya conocíamos y sabían y aprobaban nuestro acuerdo.
Eso era de agradecer, poca gente comparte la vida de los demás y menos dejan sola a su pareja con ex compañeros de infancia.
Ese día me arreglé como nunca, incluso pedí fiesta en el trabajo, para acudir a la peluquería y estar al 100% de mis capacidades, necesitaba que me vieran preciosa.
Mi vida no estaba pasando por buenos momentos y no quería que se me notara.
Comimos, reímos, y salimos a bailar como cuando teníamos 18 años, nos dimos cuenta de cómo cambian las cosas, y agotados del estruendo de la música que en nada se parecía a la que recordábamos, la que nos hacía bailar sin parar, decidimos, ir a mi casa ya que yo era la única que por el momento estaba sola.
Allí teníamos planes de continuar la fiesta.
Luis, Berta, Julio y yo, encaminados a mi sofá, recordando, sin zapatos, nuestras particulares batallas.
El alcohol animó la cosa, ya que sacamos muchos temas, lloramos y reímos como esperábamos.
Siempre dedicábamos unas horas a explicar cosas que queríamos hacer y que aún no lo habíamos logrado.
Como adultos que éramos y somos, salió el sexo, tema central en toda las reuniones, recordando la primera vez de uno, el desastre de otra, y así hasta que se desencadenó una serie de sueños, fantasías sin realizar, creo que fue Berta, la que en un momento dado, insinuó que nunca le habían tocado el culo, por que le daba no se que.
Luis, nos contó que a él se lo chaparon una vez que no se lo esperaba y que era muy placentero.
Los tres mirábamos atónitos aquellas palabras, la forma en que lo describía, realmente nos pusimos cachondos escuchando su narración.
Sin darnos cuenta, todos a la vez, nos propusimos intentarlo.
Sin duda el alcohol, los cuerpos, la temperatura y el deseo nos desencadenó en un juego de sexo al que no nos resistimos.
Como en un principio todo era un juego, con la única diferencia que nuestros cuerpos ya no eran los de aquellos niños que se bañaban desnudos en el río, propusimos denudarnos los cuatro a la vez, y reímos mucho en intentar hacer una postura en la que los cuatro enseñáramos el culo al otro.
Decidimos formar un círculo, dando la casualidad de ser dos chicos y dos chicas era mucho más sencillo.
Berta, fue la primera, tras ella Luis, a continuación yo, y en mi trasero Julio, que a su vez se unía con Berta.
Así en una situación ridícula, cada uno con sus manos abría el trasero al otro.
La situación era cómica, pero pronto pasó de serlo a llenar nuestros cuerpos de sudor y de flujos que escapaban, yo puedo contar mi experiencia, una lengua mojada, un roce, que me penetraba, unas manos ardientes, acoplándose a mi ano, mientras intentaba hacer lo mismo con el cuerpo de Luis, cada vez, nuestros culos, optaban por dar una forma con ellos en la que el de atrás pudiera penetrar mejor.
El chasquido de las salivas, aumentaba nuestra excitación, pronto pasamos a dejar libre una de las manos y acariciar el sexo de la persona que teníamos delante.
De reojo, mirábamos las expresiones, las caras, eran de deseo.
El alcohol, el estado de deseo, el aroma a sexo, las palpitaciones de todos en un solo conjunto, nos adentró todo lo más posible en el interior del que estábamos acariciando, de tal forma que uno a uno, agitamos las caderas pidiendo más.
Una especie de mareo, por la postura me sacudió, pero no era más que el desenlace de mi orgasmo, que continuó con el de mis tres amigos.
Latidos, convulsiones, contracciones, líquidos.
Sin darnos cuenta y tras ese primer orgasmo, formamos parejas, que combinábamos, no importaba el sexo, lo importante era descubrir, sentir.
Ver como dos hombres se besaban, nos excitaba, mientras los cuatro pechos se unían.
Acabamos, con multi orgasmos, disfrutando y amaneciendo los cuatro sobre la gran alfombra de mi comedor.
Para nada estábamos avergonzados, simplemente satisfechos.
Lo más duro fue el encuentro con las parejas de cada uno, pero nos dimos cuenta de que si no nos poníamos nerviosos no se notaba nada, era un día como otro.
Si algo quedó en claro de esa reunión, fue que el año que viene repetiremos, sin pudor, sin tapujos y sin perdidas de tiempo.
Deseo. Año 2004.
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