
Suelo dormir sin nada, con la intención de que la brisa de la noche, refresque mi cuerpo. No tengo ningún problema en dejar la ventana abierta, no es de extrañar que por ella se cuele el aire y algo más.
Estaba muy dormida, ya que esa noche estaba reventada, hacia días que no podía conciliar el sueño, me despertaba a menudo, caliente y no precisamente de calor.
Creí sentir una presencia o una sombra entre mis sueños, pero no le dí la menor importancia.
Mi cuerpo estaba desnudo, sólo con una sábana entrecruzada en mis piernas.
Estaba en lo más profundo de mi sueño, tanto, que se disparó mi mente y dejé dar rienda suelta a mis instintos más profundos.
Era un sueño muy placentero, tanto que no quería despertar de ellos, mis fantasías más ocultas, salían sin desenfreno.
Quería sentir placer, y hasta sentí el olor a excitación que crecía en la habitación, noté unas manos en mi cuerpo, caliente …….. Me gustaba, NO, NO quería despertar, deseaba hacer el amor con mi sueño.
La sensación de las caricias en mi piel, aumentaba, yo jadeaba de placer, mi cuerpo pedía más.
Deseaba, ser lamida por todas partes, deseaba sentir lleno cada hueco de mi cuerpo.
Deseaba, una penetración, sentía que en mi sueño sudaba, mis piernas se abrían, para poder dejar así mi raja abierta, esperando y deseando que algo la llenara.
Quería que me penetraran.
Noté la presencia de un cuerpo, cerca, muy cerca, no abrí los ojos, no tenía miedo.
Sólo quería sexo, y no dejé de gemir y de jadear.
Decidí abrir los ojos, para descubrir que no estaba sola. Un hombre, una presencia masculina y una polla enorme, estaba a mi lado. Tocándome con sus manos.
Era tal su erección, que mi excitación aún creció más, agarré su pene erecto, duro, grande, con mis manos y lo introduje en mi boca, poco a poco, mi lengua no dejaba de juguetear con su glande, mientras se la chupaba toda.
Sentí sus manos en mis pechos sus dedos oprimían mis pezones, y después ascendían hasta mi boca para que los chupara.
No dejaba de mirarme.
Mi cuerpo se abría ante él, ante sus caricias, ante su cuerpo.
Le pedí que me lamiera mi zona más erógena, lo deseaba, necesitaba sentir la humedad de una larga lengua recorriendo todo mi conejo, sin dejar ni un solo rincón.
Estaba a MIL, excitadísima. Necesitaba su polla.
Me puse a cuatro partas y le pedí que me masajeara mi culo, lo hizo, con la lengua, con sus dedos, mientras mi culo se abría sólo para ser penetrado.
Le pedí que me la metiera poco a poco, nunca me la habían metido por el culo, pero mi cuerpo me lo pedía.
Era todo un experto, la noté entrar, cada milímetro cada pliegue, noté como entraba en mí.
Me corrí y el lo hizo sobre mi espalda, sentía correr su leche por ella y como me resbalaba por el culo.
Le indiqué que se acostará a mi lado, lo hizo y despertamos al amanecer.
Desde ese día me visita a menudo.
He descubierto otra forma de vivir el sexo.
Deseo. Año 2003.
Estaba muy dormida, ya que esa noche estaba reventada, hacia días que no podía conciliar el sueño, me despertaba a menudo, caliente y no precisamente de calor.
Creí sentir una presencia o una sombra entre mis sueños, pero no le dí la menor importancia.
Mi cuerpo estaba desnudo, sólo con una sábana entrecruzada en mis piernas.
Estaba en lo más profundo de mi sueño, tanto, que se disparó mi mente y dejé dar rienda suelta a mis instintos más profundos.
Era un sueño muy placentero, tanto que no quería despertar de ellos, mis fantasías más ocultas, salían sin desenfreno.
Quería sentir placer, y hasta sentí el olor a excitación que crecía en la habitación, noté unas manos en mi cuerpo, caliente …….. Me gustaba, NO, NO quería despertar, deseaba hacer el amor con mi sueño.
La sensación de las caricias en mi piel, aumentaba, yo jadeaba de placer, mi cuerpo pedía más.
Deseaba, ser lamida por todas partes, deseaba sentir lleno cada hueco de mi cuerpo.
Deseaba, una penetración, sentía que en mi sueño sudaba, mis piernas se abrían, para poder dejar así mi raja abierta, esperando y deseando que algo la llenara.
Quería que me penetraran.
Noté la presencia de un cuerpo, cerca, muy cerca, no abrí los ojos, no tenía miedo.
Sólo quería sexo, y no dejé de gemir y de jadear.
Decidí abrir los ojos, para descubrir que no estaba sola. Un hombre, una presencia masculina y una polla enorme, estaba a mi lado. Tocándome con sus manos.
Era tal su erección, que mi excitación aún creció más, agarré su pene erecto, duro, grande, con mis manos y lo introduje en mi boca, poco a poco, mi lengua no dejaba de juguetear con su glande, mientras se la chupaba toda.
Sentí sus manos en mis pechos sus dedos oprimían mis pezones, y después ascendían hasta mi boca para que los chupara.
No dejaba de mirarme.
Mi cuerpo se abría ante él, ante sus caricias, ante su cuerpo.
Le pedí que me lamiera mi zona más erógena, lo deseaba, necesitaba sentir la humedad de una larga lengua recorriendo todo mi conejo, sin dejar ni un solo rincón.
Estaba a MIL, excitadísima. Necesitaba su polla.
Me puse a cuatro partas y le pedí que me masajeara mi culo, lo hizo, con la lengua, con sus dedos, mientras mi culo se abría sólo para ser penetrado.
Le pedí que me la metiera poco a poco, nunca me la habían metido por el culo, pero mi cuerpo me lo pedía.
Era todo un experto, la noté entrar, cada milímetro cada pliegue, noté como entraba en mí.
Me corrí y el lo hizo sobre mi espalda, sentía correr su leche por ella y como me resbalaba por el culo.
Le indiqué que se acostará a mi lado, lo hizo y despertamos al amanecer.
Desde ese día me visita a menudo.
He descubierto otra forma de vivir el sexo.
Deseo. Año 2003.
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