miércoles, 5 de mayo de 2010

El ciego



Ralph nació ciego, nunca llegó a su cerebro ni una sola imagen. Sin embargo era un tipo muy inteligente y se defendía muy bien en el complicado mundo de los que sí ven. Había aprendido a suplir su ceguera, con el resto de los sentidos y había agudizado mucho su olfato, incluso más que su oído. De este modo, no sólo sabía quién había entrado en una habitación, sino a qué distancia se encontraba dicha persona y si era hombre o mujer.

Él trataba de ser igual que los otros chicos y cuando sus amigos le comentaban lo buena que estaba tal o cual chica, procuraba acercarse a ella e impregnarse de su olor. Así creo un catálogo mental de a qué huelen las mujeres guapas: Por ejemplo descubrió que las chicas con pecho grande aun recién duchadas desprenden cierto tufillo a queso rancio, a ombligo. Las chicas de amplias caderas, con muslos redondos, olían más a sexo femenino que el resto. Y las chicas cañón, las mujeres diez, a una mezcla de cremas, lociones, acondicionadores, y un sin fin más de productos, con un toque hormonal.

El “Ralph” adolescente no se masturbaba con el Playboy, claro está y procuraba conseguir estímulos más sugerentes para él, como una prenda de vestir de una chica, e incluso una vez, pagó mucho dinero a uno de quinto porque le robara unas bragas usadas a su hermana. También se valía de susurros y gemidos, no podía ver las pelis pornos pero sí oírlas y el sonido de un beso, de un chupetón o un gemido de placer, son tan excitantes como contemplar la escena.

Una tarde vino una compañera de trabajo de su madre a visitarles y cuando Ralph abrió la puerta, recibió una bofetada de aroma que no había olido nunca antes. Intentó encajar a la invitada en alguno de sus esquemas mentales pero no lo logró, tan sólo tenía claro que su olor era extraordinariamente excitante pos sí solo, sin relación a ningún físico en concreto. La madre de Ralph se acercó por detrás y le increpó:

- Vamos, Ralph, ¿no vas a dejar pasar a Susie? Si no supiera que no puedes verla, diría que te ha hechizado con su belleza como hace con todos los hombres.

- Oh, Annie, no es para tanto. Tan sólo es que Ralph no ha reconocido mi voz, ¿verdad?

- Querida lo tuyo si es fuerte. Acabas de conquistar a mi hijo adolescente y ciego, ¿será tu olor?.

- Deja de decir tonterías y ponme una taza de té helado que vengo muerta de calor.

Así que era guapa. Claro con aquel olor no podía ser un cardo borriquero. Ralph intentó saber más cosas de Susie y se quedó un rato en el salón con las dos con la excusa de tomar algo también antes de hacer los deberes: Tendría unos 30 años y había estado casada. Ahora según su madre, se dedicaba a romper el corazón a todos los “machos” de la oficina. De vez en cuando le hacía preguntas a Ralph con un tono que le derretía los tímpanos.

- ¿Tienes muchas novias Ralph? Porque chicos tan atractivos como tú no se encuentran fácilmente. Seguro que más de una se muere por ayudarte a cruzar la calle. ¡ Qué pena que seas tan joven!.

- Deja de flirtear con mi hijo, Susie. ¿O es que te has vuelto pedofílica?.

- Tu hijo no es tan pequeño. Ya es casi un hombre aunque no quieras reconocerlo porque eso te convierte a ti en una anciana- bromeó Susie.

Ralph pensó que simplemente trataba de ser amable con él pero le gustó bastante lo que le había dicho. Ella pensaba que casi era un hombre y eso para un chico de su edad, es todo un cumplido.

Empezaba a comprender el significado del olor delicioso de Susie: Era el aroma de una mujer que ardía de deseo. Esa noche se masturbó dos veces imaginado que Susie le dejaba besarle las tetas. Nunca había ni siquiera rozado ninguna pero sabía que tenía que ser una gozada. No se atrevía ni a imaginar nada más.

Una semana más tarde Susie volvió a visitarles, esta vez sin avisar y se encontró con que su amiga no estaba en casa. Annie había ido al supermercado.

-¿Sabes si tardará mucho tu madre?

- No lo creo. Una hora como máximo pero puedes esperarla si quieres.

Al pasar por su lado, Susie rozó con sus pechos el brazo de Ralph que inmediatamente sufrió una erección casi sin saber por qué. Pero no fue una acción fortuita. Por motivos que Ralph no llegó a entender nunca, a Susie le gustaba. Y esto quedó muy patente, esa tarde.

La astuta fémina notó enseguida las consecuencias de su envite y a sabiendas del poco tiempo del que disponía, tendió su red para que el inocente animalillo cayera en ella sin posibilidad de escape. Se acercó a él y le susurró al oído:

- Uy Ralph, veo que te alegras mucho de verme.- Y pegó su muslo al miembro erecto del muchacho que sobresaltado, retrocedió un paso y aturdido, fue a sentarse en el sofá.

- No te asustes, tonto. Es que a mí también me pones. No sé bien por qué pero me pareces tan deseable.

El chico se pellizcó para cerciorarse de que no dormía e intuyendo lo que iba a ocurrir, procuró serenarse y disfrutar al máximo de semejante regalo. Susie se sentó a su lado, muy cerca, le tomó una mano y la colocó encima de su pecho izquierdo. Ralph lo apretó, lo acarició y sopesó la forma, el tamaño, disfrutando de ello con absoluto deleite. Perdió el miedo y la vergüenza por completo y le agarró también el otro mientras la oía gemir y suspirar.

- Nunca me habían tocado así. No pares, por favor.

Pero el chico no tenía intención de parar. Palpó la blusa, desabrochó los botones e introdujo los dedos bajo el sujetador. Susie le ayudó quitándoselo con un movimiento maestro, y no se quedó ahí: se lanzó a la bragueta del muchacho y con la misma agilidad, se deshizo del cinturón, bajó la cremallera y retiró el slip hasta que alcanzó su objetivo y empezó a jugar con él.

- Joder, qué bien dotado estás, cariño. Y qué dura la tienes. Luego me ocuparé de ella, pero ahora, ven aquí. - Y cogiéndole la cabeza, a la vez que se reclinaba en el sofá, le guió justo a su entrepierna. El chico antes de nada, quiso tocarla pero ella, muy agitada, le dijo que ya la tocaría luego y que ahora debía lamer. Ralph recordó las palabras de su amigo John sobre que es como comer un helado que se derrite con rapidez y empezó a lamer y succionar, saboreando un manjar cuyo olor ya conocía de sobra. Ella gritaba y se retorcía hasta que llegó al orgasmo entre terribles convulsiones. Había poco tiempo, así que de inmediato le apartó, le hizo sentarse y se dispuso a devolverle el mismo “servicio” que acababa de recibir.

Eran demasiadas emociones para su primer contacto con alguien del otro sexo, así que apenas un minuto más tarde y sin poder evitarlo, se corrió en la boca de la amiga de su madre, sin que ésta mostrara síntoma de disgusto o desagrado por ello, más bien todo loa contrario.

Unos segundos más tarde, la puerta se abría y Susie corría a refugiarse en el baño para recomponerse mientras Ralph se abrochaba a toda prisa justo a tiempo para que la madre no notara nada.

- Mamá está aquí Susie. Ha venido a verte y ahora está en el baño. Demasiado té, seguro.

Sanke. Año 2003.

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