jueves, 27 de mayo de 2010

Descúbrete, disfruta, vive



El sexo es placer, pero sin duda alguna también es imaginación.

Por eso, relato tras relato, intento ayudar y si cabe enseñar un poco más, desvelar el tabú de hablar sobre sexo como si fuera algo repudiante, cuando lo cierto es que forma parte de nuestras vidas, de nuestro organismo y es necesario por no decir vital para vivir.

¿Cuántas parejas se ven truncadas, rotas, por no haber comunicación en las relaciones amorosas?

Miles, es triste saber que aún hay gente que se esconde tras un velo, que calla sus instintos y ahoga sus deseos.

Por eso, relato tras relato, intento demostrar que hay algo más allá de sólo un simple sexo duro.

No hay obligaciones para realizarlo si respetamos nuestro cuerpo pero para eso hace falta conocerlo antes.

La pregunta es:

¿Tú puedes afirmar que conoces tu cuerpo?

Por más que exploramos en él, creo que la mayoría de nosotros responderíamos que no.

Pues si no te dedicas a aprender, ¿cómo esperas dar?

Siéntate frente a un espejo.

Colócate de forma que puedas ver la mayor parte de tu cuerpo reflejada en él.

Mírate, y si es necesario, adórate.

Una vez te reconozcas, que no te dé pudor, explorar las zonas más escondidas.

Pálpalas, siéntelas por que son tuyas.

Paseate por ellas y descubre las sensaciones de cada molécula.

No desperdicies ni un solo milímetro de tu piel.

Cierra los ojos, y ahora memoriza tus pezones, seguro que estaban excitados, duros … sientes una sensación extraña y poco a poco se alejan de tí las ideas de temores, ansias o quizás pudor.

Ya es hora de despertar a los sentidos.

Tu cuerpo es tuyo y has de disfrutar de él.

Por lo que haz lo que te apetezca.

Humedece tu mano y acaríciate el sexo, suavemente, después ya acelerarás.

Y disfruta de cada acto, de cada agitación de tu propio cuerpo.

Esta vez no es como las demás …… esta vez te estas descubriendo a tí.

Imagina unos pechos, unas manos, unos ojos.

Desea hacerlos tuyos.

Piensa que te miran mientas experimentas tu cuerpo.

Es excitante.

Visita tus muslos.

Acaricia cada dedo de tus pies, estíralo y enrosca con los de tu mano, cada uno de ellos.

Asciende poco a poco por tus tobillos …. no olvides de contemplar la imagen reflejada en tu espejo …..

Contémplate y visualiza cada movimiento.

Asciende hasta tus rodillas, acaricialas, son parte de tí.

Sé que estás deseando llegar a los muslos.

Estan cerca, muy cerca, pero no aceleres y disfruta de cada parte de tu piel.

Una vez llegues hasta ellos, adéntrate por la cara interior, con la yema de tus dedos ….

Deja que uno de ellos se escape y roce partes más escondidas.

Pero que sólo las roce.

Se inicia una escala de calor interno.

Asciende un poco más y pasa tu mano por el vientre …..

El ombligo, los pechos, detente en ellos, dibuja sus curvas, y pellizca tus pezones, humedécelos con tu saliva, y mantén las caricias hasta que tu pezón esté duro, grande.

Asciende otra vez una de tus calurosas manos hasta tus hombros y si lo deseas acerca tus labios hasta ellos, besa tu propia piel.

Sentirás placer al hacerlo … inténtalo.

Tus manos ahora empiezan a ser libres, y sin darte cuenta, ya no es tu mente la que las domina.

Tus dedos se situan entre tu sexo.

Y saben exactamente donde han de estimular.

Poco a poco crece tu deseo de profundizar más.

Te adentras en tu propio cuerpo, estirándolo ……. escurriéndolo …..

La piel de tu sexo es arrastrada, y sientes el placer que te quema.

Intenta mirarte una vez más tu cara reflejada en tu espejo, podrás comprobar como la expresión de tu cara ha cambiado.

Ahora está en tensión, para después calmarse.

Tus manos y dedos piden más y continuas experimentando con tu sexo …..

Acaricias, te adentras, estiras, humedeces, agitas, comprimes.

Hasta no poder más y aceleras cada movimiento en él.

Estallas en un placer extraño y real.

Conoces las zonas que más te gustan ser acariciadas.

Y mientras te agitas, la respiración se acelera.

Esperando ser inundado/a, en lo más hondo de tú ser ….

No tardas en comprobar que tus caderas, dibujan círculos, y saltan.

Te descubres con una lengua fuera de lugar, paseándose por la piel sudorosa.

Y el contacto acelera aún más el ritmo de tu deseo.

Llega el calor y con el fuego, para hacer brasas en tus partes más adentradas, en las partes más bien guardadas.

Y estallas.

Estallas, descubres que en tu cuerpo y que tu sexo, hay más de mil formas diferentes de aprender, de disfrutar de sentir.

Esa es la esencia del sexo.

Vivirla sin complejos.

Adentrarte para conocerte.

Y saber decir cómo, cuándo y cómo en cada relación.

Descúbrete, deja que tu cuerpo te hable y escúchalo.

Hay mil sensaciones diferentes en cada caricia y cada una de ellas requiere su momento.

Ahora dime, ¿qué es lo que quieres que te haga?.

Deseo. Año 2003.

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