
Sé cuanto te gusta verme vestida de blanco, siempre me lo recuerdas, con tus palabras, con tus gestos.
Yo intento complacerte, pues mi vida ronda alrededor de la tuya.
Hoy visto como te gusta, toda mi vestimenta, se basa en una camiseta blanca, no uso sujetador para estar por casa, me molesta la goma que me oprime, la sudor del calor hace que ésta se ajuste a mi cuerpo.
Marca mis pechos y mis pezones excitados por el calor ….
Me gusta pasearme con la camiseta de talla grande y sólo un tanga, esa es mi ropa.
Toda blanca, y sudorosa.
Mientras cocino, la ropa aún se adhiere más a mi piel, el calor es intenso.
Desde la cocina puedo verte sentado en el sofá.
Disimulas cuando alzo mi mirada, puedo leer el deseo en tus ojos.
Y me gusta a la vez que me excita.
Intento jugar con tu mirada, con la intención de provocarte.
Por lo que tiro una hoja de lechuga al suelo, y me inclino para recogerla, de la forma más inocente posible, pero dejando a tu vista, mi insinuante tanga blanco.
De reojo veo como miras, eso me anima.
Y paso mi mano muy mojada por mi cuello, simulando secarme la sudor, la desciendo hasta colocarla sobre uno de mis pechos, mientras con la otra mezclo la cena en la sartén.
Me siento espiada …….
Me atrae la idea de estar provocándote.
Continúo con el juego …… y pellizco el bajo de mi camiseta, la elevo para dejar a la vista la goma lateral de mi minúscula ropa interior, me paso la mano por entre ella y simulo una vez más acariciar mi sudor, para secarla.
Acabo de encender tu fuego.
Tu sentado con tan solo un pantalón corto.
Agarro un vaso de agua y lo dejo caer sobre mi piel, el líquido, unas gotas … las suficientes como para que aún se mezcle más mi cuerpo.
De tal forma que la camiseta y mi piel sean sólo una.
Apago el fuego de la cocina, porque espero que no tardes en venir.
Y simulo otra vez continuar con la cena.
Mientras mi mano, no la dejo descansar y la paseo por mi cuerpo, mostrándotelo, con la inocencia de mis actos.
Te muestro todo mi cuerpo, mis pechos mis pezones ….
Te levantas con paso firme, disimulando.
Pero el gesto de tu mano, ocultando tu pene, te descubre.
Yo me siento sobre el frío mármol, la sensación es agradable.
Y te acerca para besar mis labios.
Te los ofrezco, pero no dejo que tu lengua se adentre por mi boca.
Prefiero mordisquearte la comisura de tus labios, sentiros, notarlos.
Notar como crecen en mi boca.
Y sentir, como aprisionas tu cuerpo contra el mío.
Haciéndome presa de tus deseos, estimulando tu sexo contra el mío que te recibe, deseoso por ser penetrado.
Impotente por que no te dejo introducirme tu lengua, bajas con ella por mi cuello, …
Yo te lo ofrezco, mientras uno de tus dedos se abre paso por mi tanga apartándolo.
Antes de que pueda reaccionar un dedo está en mí, dentro, entra y sale ….
Humedecido.
Caliente.
Mi cuerpo se agita, no sabía que estaba tan caliente, y gimo ……. mirándote a los ojos.
Mis piernas se abren más.
Mientras clavas tu pene entre mis muslos.
Ayudando a penetrarme con tu dedo.
Una de mis piernas asciende hasta asentarse sobre tu hombro.
Mi sexo queda totalmente abierto para tí.
Húmedo, se escucha el chapoteo del entrar y salir de mi vagina.
Te deseo y con mis manos te atraigo hacia mí ……
Hago que tu glande pasee por mi clítoris ardiente, mojado, resbalando entre mis labios del sexo.
Y una vez encontrado el hueco, de golpe te atraigo hacia mi interior sin esperarlo.
La penetración es brutal.
Pero no por eso menos placentera.
Tu cuerpo se agita y mis manos notan como tus glúteos se endurecen en cada penetración.
El ritmo se acelera.
Mis manos te manejan.
Y siento estallar en mí …. dentro de mí ….. el amargo y dulce sabor del orgasmo.
Te grito que entres más adentro.
Y estallas en convulsiones de placer.
Me miras mientras te corres.
Tus pupilas pierden el color, y la respiración emana sin control.
El mármol de la cocina gotea ……
Te abrazo en un acto de amor y de placer.
Siento que te he hecho mío, casi sin que tú te dieras cuenta.
Saco tu pene de mi interior y con él en mi mano, bajo del mármol.
Deseo beber, de las pocas gotas que salen por tu glande.
Me lo introduzco en mi cabida y mi lengua lo succiona.
Tiemblas, el placer está en tu cuerpo.
El pene te late.
Y después de saciarme, dejo que descanses.
Tú te sientes orgulloso y complacido.
Yo me siento, pícara y saciada.
Quizá mañana te atraiga hasta la lavadora centrifugando.
Deseo. Año 2003.
No hay comentarios:
Publicar un comentario