
No estás, tu presencia está en otro lugar, en la cena, si la de la empresa, es normal deseo que salgas y disfrutes.
Pero mi cuerpo te llama a gritos, me siento sola, aquí, en esta gran cama sin tu presencia.
Imagino que es lo que estarás haciendo.
Te extraño tanto.
Mi cuerpo te necesita, aquí, dándome calor, entrando en mi vida, y mi piel, sintiendo en cada poro de mi alma.
Decido esperarte. Te necesito y cuanto más miro el lado de la cama vacía, más te deseo.
Pasan las horas, se me hacen eternas, creo que me he dormido.
Desnuda, cansada, pero excitada.
Noto una mano en mi piel, y me dices al oído que estoy preciosa.
¿Acaso me esperabas?
Me acaricias, todo mi cuerpo, te está esperando, mis sentidos se ponen en estado de alerta máxima, esperando que no sea un sueño.
Los abro y estás tú cerca de mí, mirándome, desnudo, excitado.
Te miro, me coloco de forma que puedas mirar mi cuerpo, que te estaba esperando.
Estás excitado, y yo al verte así.
Te inclinas sobre mí y me besas, yo te abrazo y te atraigo hacia mi cuerpo, necesita sentirte, quiere tocarte.
Nos fundimos en un abrazo y de ahí damos paso a las caricias más intimas, te noto, siento como crece tu excitación, como el pene crece, me gusta que te excites en mis manos, puedo sentir la sensación de ver crecer tu miembro por mí.
Por mi contacto, es agradable y me hace estallar en placer y deseo.
Me aposento en tu cuerpo, para poder mantener contacto con la piel mientras te succiono entero, estoy a reventar.
Son las 5:45 de la madrugada.
Mordisqueo tus lóbulos, y tu nuca, desciendo y jugueteo con tus pezones varoniles.
Continúo descendiendo, realizando a la vez un juego con mis dedos.
Siento tu deseo, y me pides ser poseída.
Yo deseo que me penetres, pero antes he de hacer algo, quiero sentir tu pene, toda su presencia, chuparlo para saber que no cambió su sabor.
Y es lo que hago, metérmelo todo dentro de mi boca, tú mientras me hablas, palabras dulces, que me excitan más que muchas caricias, lo sabes.
Decido montarte.
Cabalgar.
Saltar.
Y es lo que hago, mientras tus manos no dejan ni por un instante mis pechos.
La piel está erizada.
El sudor y el contacto de tu piel me excitan.
Continúo cabalgando, tus manos rastrean mi espalda y me agarran de la cintura.
Haciendo una continuidad a mis movimientos, sensuales.
Busco mi placer intentando darte a tí el máximo.
Mi cuerpo emana el aroma a sexo, mis manos sobre tus hombros y continúo cabalgando.
Estallas dentro de mí, lo noto por que todo mi interior me arde, y en ese momento llego al placer máximo, se humedecen las sábanas bajo nuestros cuerpos.
Es tanto el placer que no puedo moverme, sólo me tiendo encima de tu cuerpo y me relajo, mientras mi respiración se calma.
Tú mientras tanto, tan dulce como siempre me hablas.
Es muy agradable sentirte, escuchar tu voz después de hacer el amor.
Me llenas tanto.
Deseo. Año 2003.
Pero mi cuerpo te llama a gritos, me siento sola, aquí, en esta gran cama sin tu presencia.
Imagino que es lo que estarás haciendo.
Te extraño tanto.
Mi cuerpo te necesita, aquí, dándome calor, entrando en mi vida, y mi piel, sintiendo en cada poro de mi alma.
Decido esperarte. Te necesito y cuanto más miro el lado de la cama vacía, más te deseo.
Pasan las horas, se me hacen eternas, creo que me he dormido.
Desnuda, cansada, pero excitada.
Noto una mano en mi piel, y me dices al oído que estoy preciosa.
¿Acaso me esperabas?
Me acaricias, todo mi cuerpo, te está esperando, mis sentidos se ponen en estado de alerta máxima, esperando que no sea un sueño.
Los abro y estás tú cerca de mí, mirándome, desnudo, excitado.
Te miro, me coloco de forma que puedas mirar mi cuerpo, que te estaba esperando.
Estás excitado, y yo al verte así.
Te inclinas sobre mí y me besas, yo te abrazo y te atraigo hacia mi cuerpo, necesita sentirte, quiere tocarte.
Nos fundimos en un abrazo y de ahí damos paso a las caricias más intimas, te noto, siento como crece tu excitación, como el pene crece, me gusta que te excites en mis manos, puedo sentir la sensación de ver crecer tu miembro por mí.
Por mi contacto, es agradable y me hace estallar en placer y deseo.
Me aposento en tu cuerpo, para poder mantener contacto con la piel mientras te succiono entero, estoy a reventar.
Son las 5:45 de la madrugada.
Mordisqueo tus lóbulos, y tu nuca, desciendo y jugueteo con tus pezones varoniles.
Continúo descendiendo, realizando a la vez un juego con mis dedos.
Siento tu deseo, y me pides ser poseída.
Yo deseo que me penetres, pero antes he de hacer algo, quiero sentir tu pene, toda su presencia, chuparlo para saber que no cambió su sabor.
Y es lo que hago, metérmelo todo dentro de mi boca, tú mientras me hablas, palabras dulces, que me excitan más que muchas caricias, lo sabes.
Decido montarte.
Cabalgar.
Saltar.
Y es lo que hago, mientras tus manos no dejan ni por un instante mis pechos.
La piel está erizada.
El sudor y el contacto de tu piel me excitan.
Continúo cabalgando, tus manos rastrean mi espalda y me agarran de la cintura.
Haciendo una continuidad a mis movimientos, sensuales.
Busco mi placer intentando darte a tí el máximo.
Mi cuerpo emana el aroma a sexo, mis manos sobre tus hombros y continúo cabalgando.
Estallas dentro de mí, lo noto por que todo mi interior me arde, y en ese momento llego al placer máximo, se humedecen las sábanas bajo nuestros cuerpos.
Es tanto el placer que no puedo moverme, sólo me tiendo encima de tu cuerpo y me relajo, mientras mi respiración se calma.
Tú mientras tanto, tan dulce como siempre me hablas.
Es muy agradable sentirte, escuchar tu voz después de hacer el amor.
Me llenas tanto.
Deseo. Año 2003.
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