
Eran aproximadamente las 4 de la madrugada, cuando caminábamos haciendo jaleo por las calles de la ciudad:
Se había acabado la fiesta de la facultad, uno a uno se quedaba en la puerta de su casa reduciendo así el grupo.
Solo quedábamos tú y yo, estábamos contentos felices, y cansados, llegamos a un parque y me pediste que nos sentáramos ya que los pies te mataban.
Necesitabas descansar.
Te quitaste los zapatos, y yo te ofrecí masajéatelos mientras hablábamos de nuestras cosas.
En un momento me dijiste que te gustaba, que lo hacía bien, eso me animó a continuar, era lo más cerca que había estado de una chica nunca.
Me dijiste que no parara, que te gustaba tanto que no querías que lo dejara, y nos miramos, aproveché para ir ascendiendo, el parque estaba a oscuras, no había nadie, el silencio era inminente. Pero estábamos los dos, un hombre y una mujer.
Yo virgen todavía tú, no sé ........
Mis manos ya estaban por el inicio de tu culo, tú arqueabas el cuerpo de forma que ellas podían penetrar más arriba, descubriendo unos pechos sin ataduras, duros justos del tamaño de mis manos, los pezones erizados, y mi excitación aumentaba.
Mis manos, no podían parar de tocarte, y mi boca buscó la tuya, hasta encontrarla.
Yo no sabía si lo hacía bien o mal, pero tú me apretabas fuerte contra tu cuerpo.
Por lo que continué mi exploración, sentí como te humedecías, era nuevo para mí, y me pedías no parar, tú asiste mi polla con tus manos y la masturbaste, deslizaba líquido para que tu pudieras moverla mejor, estábamos sudando.
Me Preguntaste si me apetecía, eso aun me excito más, era mi primera vezzzzzzzzz, claro.
Y entonces, con tu boca entreabierta, te la introdujiste en ella, quiero humedecerla, por que me han dicho que la primera vez duele.
¡Tú también eras virgen!
Me la succionaste de tal forma, que casi me corro en tu boca, pero pude aguantar.
Entonces levanté tu cabeza con mis manos y le lamí yo, con la misma intención, solo me dediqué a chuparte la zona de fuera, el clítoris por que no sabía hasta donde tenía que llegar.
Estábamos muy calientes, mucho.
El silencio sólo lo rompían nuestros gemidos y eso que luchábamos por apagarlos, pero era imposible.
Me dijiste que parara y que te penetrara.
Sentí miedo, no sabía como lo haría, pero mi pene estaba a reventar, sentía mi esperma en la punta, haciéndose camino y no podía dejarlo ahora.
Te tumbé en el suelo, la postura más clásica, pero creo que la mejor para desvirgarnos, así poder dominar yo los movimientos.
Y humedecí más mi pene, para no hacerte daño, no tenía preservativos, te lo dije, a lo que respondiste que tú tomabas anticonceptivos, por no sé que problema.
Recuerdo que con mis dedos busqué tu agujero escarbando, intentando saber por dónde penetrarte con mi pene.
Cuando lo hallé, lo humedecí aún más con mi saliva, no quería hacerte daño.
Y con mis manos temblorosas lo apunté hacia tu sexo, me costó, sí pero lo encontré, sólo entró una parte de mi glande y ya tenía la sensación de que me iba a correr, pero me pude controlar, sólo te preguntaba si te dolía, me decías que no con la cabeza.
Continué entrando poco a poco, me decías que tranquilo que sólo te dolía un poquito pero que te gustaba y sin darme cuenta estabas gimiendo.
Y yo sobre tí, entrando y saliendo, ya no era lento, mi cuerpo se aceleró al sentirte gritar, gemir, contorsionándote.
Y eyaculé, dentro de tí, tú te corriste, un poco después, yo continué entrando y saliendo de tu sexo hasta darte el placer.
Había unas gotas de sangre, eso me indicó que era cierto, acababas de dejar de ser Virgen.
Nos abrazamos, te pregunté que, qué tal.
Y me respondiste que esperabas más dolor y no placer, que no era lo que te habían contado para una primera vez, pero que te sentías muy bien.
Cada vez que te hago el amor, siento y recuerdo nuestra primera vez.
Noto como te robo tu virginidad.
Deseo. Año 2003.
Se había acabado la fiesta de la facultad, uno a uno se quedaba en la puerta de su casa reduciendo así el grupo.
Solo quedábamos tú y yo, estábamos contentos felices, y cansados, llegamos a un parque y me pediste que nos sentáramos ya que los pies te mataban.
Necesitabas descansar.
Te quitaste los zapatos, y yo te ofrecí masajéatelos mientras hablábamos de nuestras cosas.
En un momento me dijiste que te gustaba, que lo hacía bien, eso me animó a continuar, era lo más cerca que había estado de una chica nunca.
Me dijiste que no parara, que te gustaba tanto que no querías que lo dejara, y nos miramos, aproveché para ir ascendiendo, el parque estaba a oscuras, no había nadie, el silencio era inminente. Pero estábamos los dos, un hombre y una mujer.
Yo virgen todavía tú, no sé ........
Mis manos ya estaban por el inicio de tu culo, tú arqueabas el cuerpo de forma que ellas podían penetrar más arriba, descubriendo unos pechos sin ataduras, duros justos del tamaño de mis manos, los pezones erizados, y mi excitación aumentaba.
Mis manos, no podían parar de tocarte, y mi boca buscó la tuya, hasta encontrarla.
Yo no sabía si lo hacía bien o mal, pero tú me apretabas fuerte contra tu cuerpo.
Por lo que continué mi exploración, sentí como te humedecías, era nuevo para mí, y me pedías no parar, tú asiste mi polla con tus manos y la masturbaste, deslizaba líquido para que tu pudieras moverla mejor, estábamos sudando.
Me Preguntaste si me apetecía, eso aun me excito más, era mi primera vezzzzzzzzz, claro.
Y entonces, con tu boca entreabierta, te la introdujiste en ella, quiero humedecerla, por que me han dicho que la primera vez duele.
¡Tú también eras virgen!
Me la succionaste de tal forma, que casi me corro en tu boca, pero pude aguantar.
Entonces levanté tu cabeza con mis manos y le lamí yo, con la misma intención, solo me dediqué a chuparte la zona de fuera, el clítoris por que no sabía hasta donde tenía que llegar.
Estábamos muy calientes, mucho.
El silencio sólo lo rompían nuestros gemidos y eso que luchábamos por apagarlos, pero era imposible.
Me dijiste que parara y que te penetrara.
Sentí miedo, no sabía como lo haría, pero mi pene estaba a reventar, sentía mi esperma en la punta, haciéndose camino y no podía dejarlo ahora.
Te tumbé en el suelo, la postura más clásica, pero creo que la mejor para desvirgarnos, así poder dominar yo los movimientos.
Y humedecí más mi pene, para no hacerte daño, no tenía preservativos, te lo dije, a lo que respondiste que tú tomabas anticonceptivos, por no sé que problema.
Recuerdo que con mis dedos busqué tu agujero escarbando, intentando saber por dónde penetrarte con mi pene.
Cuando lo hallé, lo humedecí aún más con mi saliva, no quería hacerte daño.
Y con mis manos temblorosas lo apunté hacia tu sexo, me costó, sí pero lo encontré, sólo entró una parte de mi glande y ya tenía la sensación de que me iba a correr, pero me pude controlar, sólo te preguntaba si te dolía, me decías que no con la cabeza.
Continué entrando poco a poco, me decías que tranquilo que sólo te dolía un poquito pero que te gustaba y sin darme cuenta estabas gimiendo.
Y yo sobre tí, entrando y saliendo, ya no era lento, mi cuerpo se aceleró al sentirte gritar, gemir, contorsionándote.
Y eyaculé, dentro de tí, tú te corriste, un poco después, yo continué entrando y saliendo de tu sexo hasta darte el placer.
Había unas gotas de sangre, eso me indicó que era cierto, acababas de dejar de ser Virgen.
Nos abrazamos, te pregunté que, qué tal.
Y me respondiste que esperabas más dolor y no placer, que no era lo que te habían contado para una primera vez, pero que te sentías muy bien.
Cada vez que te hago el amor, siento y recuerdo nuestra primera vez.
Noto como te robo tu virginidad.
Deseo. Año 2003.
No hay comentarios:
Publicar un comentario