sábado, 5 de junio de 2010

Lily



Es un nick como otro cualquiera de los muchos que corren por Internet: lily. Dicen algunos que la casualidad empieza una relación y en este caso sucede algo parecido. Fruto de una casualidad contacto con "alguien" con el nick lily en un chat. Suena a nombre de artista cinematográfico por lo que la conversación inicial da pie a que el tema sea algo relacionado con el cine. Del cine pronto vemos que tenemos un interés común por las cosas artísticas. No está mal. Resulta que mi nueva amiga tiene algo interesante en su "coco" además de llevar unos cuantos gramos de maquillaje. La afición común al arte hace que, por misterios de la ciencia, ella me revele que tiene tatuajes que decoran su piel. Esto me da pie a que la ciberconversación degenere a temas "picantes". Ya medio la había convencido para quedar un día para que me enseñara sus pinturas. Mi petición se hizo extensiva a partir de ese momento a ver, de paso, sus tatuajes. Ella, convencida, me indicaba que sus tatuajes eran algo muy privado y que los reservaba a personas muy queridas. En fin. Lo dicho. Cuando no hay suerte es que no la hay. Y ante esto no hay nada que hacer. Resultado de aquella conversación sólo quedó el que le dí la dirección de mi página personal. Pasó el tiempo y no supe nada más de ella.

Al cabo de unos meses un día que estaba completamente dormido suena el teléfono a una hora de esas intempestivas. Lo cojo ...

- "¿Diga?", pregunto yo todavía dormido.

Y me contesta una dulce y erótica voz cautivadora ...

- "Hola, ¿te despierto?".
- "Pues sí, la verdad, pero no me importa ...", contesto yo intentando reaccionar lo más rápidamente posible.
- "Es que no podía dormir y no sé por qué he acabado pensando en tí ... ¿quieres ver mis tatuajes?.

¡Será posible! ¡Esto es increíble! ¡Sólo pasa en las películas! Pero mi contestación no vaciló un solo instante ...

- "¡Sí claro que los quiero ver!".
- "Pues si quieres verlos ahora me dices dónde vives y voy a enseñártelos ... ¿te parece?", me dijo directa al grano.

Estaba dormido en ese instante. Pero no estaba tonto. Así que le dí mis señas y me dormí de nuevo. No sé cuánto tiempo pasó. La cosa está en que me volvió a despertar el timbre de la puerta. Me levanté sonámbulo y la abrí. Al verla me quedé pasmao. Era preciosa. Los ojos me deberían brillar como platos. Seguro. La invité a entrar. Ella me cogió de la mano y me pidió que la acompañara a mi cama. Una vez llegamos a mi habitación se tumbó en mi cama con una postura muy sensual.

- "Si adivinas en qué parte del cuerpo tengo un tatuaje te lo enseño ..."

¡Ostras con el jueguecito! ... A estas horas. Y yo sin peinarme .... Aproveché el acertijo para contestar con un gesto que indicara sin posibilidad de error mi primer intento. Le indiqué su teta izquierda. ¡Y la cuestión es que acerté! Se quitó lentamente la blusa. Luego el sujetador para darle una magia al instante. Y me mostró una bonita rosa roja muy cercana a su pezón. La exploración duró bastante rato porque ella a partir de ese instante se hizo la remolona y no se mostró tan fácil como al principio. Todo ello me puso muy cachondo y estaba a rebentar. Tanta tardanza en acabar de desnudarnos me tenía algo mosqueado cuando de golpe y porrazo ella me dejó deslizar mi mano hacia su clítoris y me encontré con una sorpresa que me tenía reservada para el final. Resulta que tenía también un piercing justo en los labios de su coño y ella quería reservarlo para el momento de máxima excitación. Después del descubrimiento pronto acabamos follando. Creo que ella ya se había corrido antes de que la penetrara. Se la veía feliz. Yo estaba tan erecto que para que me corriera me la tuvo que mamar bien mamada. Creo que me costará olvidar la corrida que le propiné.

Miquel J. Pavón i Besalú. Año 2003.

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