

Sentados en la arena de la paya …..
Parecía mentira, que por fin estuviéramos juntos.
Hacía mucho que nos conocíamos, nuestros ojos se reconocían, por las fotos que nos habíamos mandado, pero eso y una larga colección de cartas, era toda nuestra amistad y cariño.
Por fin nos encontramos, nos costó entender que estábamos uno frente al otro.
Que nos teníamos, pero tenía que permanecer en nuestro silencio, yo estaba casada.
No estaba bien visto.
La primera vez, frente a frente, las manos hablaban solas, los ojos buscaban cada parte del cuerpo del otro esperando, encontrar una salida para no tropezar con el deseo.
Salió bien.
Un poco de tiempo después nos encontrábamos, paseando por una playa, llena de gente desconocida.
Tu cuerpo tomaba el Sol, sentado tras el mío, mi cuerpo sentado entre tus piernas.
Haciendo que tus palabras rozarán mis oídos.
Sabía que tenía que pasar ……………
Después de permanecer, allí tumbados dos horas, me pediste mi cuerpo, diciéndome que deseabas tenerlo a pesar de que solo fuera una vez.
No podía negarme, lo intenté, sabía que eso significaba el final de una linda amistad, y callada acepté a tus peticiones.
Dolida; en parte, por que creía que tú entendías mi postura, y aún más por no saber controlar esa situación.
Nos acercamos a un motel, no recuerdo el nombre.
Me sentía avergonzada, temerosa, no estaba segura de la situación, pero eso sí que lo tenía claro, tendrías lo que querías, pero después ……..
Una vez, dentro de aquella estancia, nos desnudamos, tus ojos no dejaban escapar ni uno solo de mis movimientos, podía sentir tú excitación, tus palabras me lo confirmaban.
Al quitarme mi ropa.
Me susurraste que hasta el uso de mis medias te excitaba, que sentías por ellas, desde muy niño una atracción incontrolable.
Te pedí que antes de tumbarnos en la cama, me abrazarás y bailaras agarrado a mí.
Supongo que eso formaba parte, de mi inseguridad.
Mientras lo hacías …….. clavabas tu sexo en mi cuerpo, temeroso por lo que estaba sucediendo, pero no cedí.
Me acosté en aquella gran cama, dispuesta a demostrarte lo que es ser mujer, y a darte el mayor de los placeres ……………..
Mi cuerpo insinuante, se balanceaba ante tus ojos con la intención de sumar aún más la excitación que tenías.
Me gustaba verte así, por lo que decidí, darte todo ………………
Nuestras manos buscaban el cuerpo del otro.
Las bocas unidas en una sola, sin respirar, solo entregándonos la lenguas ………..
Yo permanecía con las medias puestas, te excitaba el tacto …….
Mi boca descendió por tu cuerpo ……………… comiéndome cada parte de él.
Ocupándolo, lamiéndolo, pellizcándolo.
Haciendo que tu piel, se erizara al contacto de mis pezones.
Estabas como salvaje, cada vez que una de tus manos rozada mis muslos, te agitabas al sentir el contacto de mi piel bajo el tacto de las medias.
En verdad, te hacían sentir placer.
Sudorosos, cambiando de posiciones para no dejar un solo rincón sin acariciar.
Sin ser comido, ni bebido.
Podía mirar tus ojos sedientos, ausentes, encendidos ………………
Tu cuerpo sudaba, y tus manos grandes y fuertes me manejaban a su antojo, haciendo de mi cuerpo, un maniquí a tus deseos.
Me tumbaste bocabajo, así en esa postura, te deshiciste de las ataduras que te impedían penetrarme.
Tus manos me las bajaron, hasta dejar mi cuerpo completamente desnudo.
Poseso, excitado, abriste mis piernas, y en esa posición tu lengua se adentró por mi sexo ……..
Mi cuerpo caliente se agitaba …….. tus manos apretaban mis glúteos ……..
La punta de tu lengua recorría mi piel, mi sexo ……. entrando y saliendo de él ……………..
Así me hiciste tuya ……………….. tu pene me penetro, una y otra vez, con fuerza, con rabia, excitado y goteante …………..
Entraba y salía de mí, mientras mi boca gemía ………………….
Mi cuerpo, no podía cambiar de posición, tus manos me obligaban a permanecer en ese estado ……. y así desencadenaste tu estado de placer, hasta estallar y hacer que mi cuerpo temblara entre el tuyo, bajo tus manos.
Te aparté como pude.
Mi cabeza se inclinó, hasta estar a la altura de tu miembro …………
Mi lengua, se desenfundó de mi boca …… para pasear por tu miembro reposado, descargado.
Poco a poco, crecía en mi boca.
Y tu cuerpo iniciaba otra vez una descarga de impulsos, incontrolables.
Y tu pene, alcanzó una vez más toda su plenitud, entre mi boca y mi lengua.
La situación era muy excitante ………………. sudabas, gemías y agitabas tu cuerpo para que me adentrará aún más en tí ………..
Las manos no las controlabas, los ojos se volteaban hasta mostrarse de color blanco.
Tus convulsiones me indicaban que estallarías sin hacerte esperar ……………………………
Mis dedos, estimulaban tus genitales y tu ano, mientras mi lengua recorría la longitud de tu miembro.
Mi boca parecía un túnel, una aspiradora ………… y así te lo hacía sentir.
Agitado …………. estallaste en mi garganta …. una vez más, consumías el placer que mi cuerpo, mis manos, mi boca, mi lengua, mi saliva, mis palabras ……… te ofrecían.
Sudoroso me abrazaste, llenándome de elogios.
Miré entonces el reloj.
Me vestí apresuradamente, era más tarde de lo que pensaba y salimos de allí.
Al despedirme en la estación, tus manos me retuvieron un instante … tus labios me besaron, tu lengua entro una vez más por mi boca.
Supe que jamás me olvidarías.
Bajé del coche, y mis pasos me alejaron de tí.
Aún sentía el latido del corazón en mis entrañas.
Acababa de hacer lo que muchas mujeres hacen, y no me sentí mal, sólo descubrí que no era lo mejor para mí.
Llegué a casa, me duché, y cuando regresó mi marido, hicimos el amor como cada noche.
No había huellas en mi cuerpo, no existía un letrero proclamando lo que horas antes había acabado de hacer.
Descubrí que es muy fácil engañar. Pero no por ello me sentí llena.
Una semana después, un mensaje.
Deseo que tu cuerpo me roce, deseo que tus manos me acaricien, no puedo olvidarte, quiero poseerte.
Mi respuesta fue muy clara.
Yo deseo que se me quiera por lo que soy, no sólo por mi cuerpo ni por el placer que proporciono. El día que me quieras dímelo, pero se que eso no será posible.
Cambié mi número de móvil, e inicie una vida nueva con mi marido, dándole más de lo que me pedía, entregándome a él en carne y alma.
Noche tras noche.
Javier, no sé ahora por donde andará, el supo desde el primer día, que si algo así pasaba, yo desaparecería.
Deseo. Año 2003.
No hay comentarios:
Publicar un comentario