viernes, 14 de mayo de 2010

¿Qué ocurre en el aula?



Otro día más de clase, espero que hoy no estén rebotados, a estas edades, es difícil de controlar, a un montón de alumnos con histeria.

Suena el timbre que anuncia la entrada al aula.

Las 09:00 horas.

Todo un día por delante.

5 minutos para colocarse en sus asientos.

- Buenos días.

- Buenos días.

- Bueno, hoy, he pensado que nos iría muy bien a todos descansar de libros. Propongo ……………. Que cada uno cuente, algo, lo que sea, por mucha tontería que parezca.

Silbidos, aplausos.

- ¿Quieres empezar tú, Pedro?

- Está bien.

Pedro inició su relato sobre el verano, los helados, la playa y no sé que más, por que a esas alturas mis ojos, estaban entre las piernas de Mónica.

Se sentaba justo delante de mí.

Siempre con sus faldas, y al cambiar la posición del cruce de sus piernas, me ponía a mil, dejando por unos instantes la comisura de sus bragas a mi vista.

Estaba esperando el cambio de piernas, ella lo sabía, por que me miraba desafiante.

No llegaba.

Mientras; Pedro acabó su relato, no pude decir casi nada, pues mi mente no estaba como para escuchar las historias, por lo que le dije un breve comentario e hice que Julio iniciara el suyo.

Mientras …………… mis ojos clavados en las piernas de Mónica.

En sus rodillas, en sus manos sobre la mesa.

Pero, pendiente de su cambio de postura.

Ví, cómo me miraba, saco la lengua y se la paso por los gruesos labios, mientras su pierna se deslizó, dejando a mi vista, Su sexo, SIN BRAGAS ………….

Mis latidos se aceleraron, tuve que mantenerme sentado para que no se notara mi aumento de miembro.

Al momento, Mónica las abrió, y bajó una de sus manos, la deslizó por su pierna, descendiente hasta su rodilla, y luego la ascendió hasta su raja, que estaba abierta para mis ojos.

Sonó el timbre.

Un estrépito ruido de sillas y murmullos.

- Bueno chicos, esto a sido todo por hoy, continuaremos en la próxima clase.

- Adiós.

- Mónica, ¿puedes quedarte un momento?

Esperé ……………….. Hasta que no quedó nadie más en el aula.

- Mónica, ¿tú sabes como me pones?

- Sí, creo que lo sé, y me gusta, por eso lo hago.

- Pero, eso no está bien.

- ¿Qué no está bien?, que tontería.

- Mónica, ¡que soy tu profesor!

- ¿Y dónde está lo malo?

- Precisamente en eso, cada vez que te doy clase, al acabar tengo que ir a masturbarme.

- ¿Ese es el problema?, tranquilo.

Se arrodilló ante mi mirada perpleja, con una mano, me acarició por encima de mi pantalón, con la otra, agarró una mano mía y se la introdujo por la camisa haciéndome sentir sus pezones.

Sacó mi miembro y lo agarró con las manos, lo acaricio, mientras mis dedos buscaban su sexo, los introduje por él.

Mi glande, rozaba sus labios, hasta que poco a poco se introdujo mi pene en su boca.

Notaba mi piel estirada, mi excitación era tal, que no podía frenarla, la deseaba, quería que por una vez no fuera mi mano la que saciara aquel calor.

Me chupaba toda la polla.

Lamía mis testículos ………………. mientras acariciaba mis muslos.

Podía ver, como se la introducía para después sacarla, así sucesivamente, mirándome fijamente a los ojos.

La aparté, pues estaba apunto de hacérmelo, ella continuó con sus manos y su boca abierta.

Descargué todo sobre su cara ………… mi líquido blanco, le resbalaba por las mejillas, y se le introducía en la boca …………………… ella lo relamía, parecía saciada.

Y no dejaba de juguetear con mi glande.

Sonó el timbre.

Nos sobresaltamos.

Y empezaron a entrar alumnos, pero ya estábamos vestidos y parecía que habláramos.

Mónica y yo nos vemos cada noche.

En secreto, en silencio.

Y la poseo, introduciéndole mi pene, después de que ella me muestre su sexo en clase.

Deseo. Año 2003.

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