
- El amor, si es que existe, es un sentimiento delicado y fugitivo. Debes atraparlo en el momento justo, y luego hacerlo crecer entre tus manos, brindándole tu aliento y tu calor.
- La vida no es un desierto, Lucas, sino una selva. Al menos, eso es lo que a mi me parece. Una selva llena de malezas, donde se ocultan fieras carniceras.
- ¿Qué quieres decir con eso, Lucía?
- Muy sencillo, mira, el amor es bonito hasta que descubres que, lo que tu llamas amor, el que está a tu lado lo llama sexo.
- ¡Anda ya! No digas tonterías.
- ¿Quieres que te lo demuestre?
- Por supuesto, te será difícil.
Lucas y Lucía, estaban solos en una sala charlando como dos personas más, esta vez, como siempre de temas con los que siempre acababan discutiendo.
Lucía sin pensárselo dos veces, conectó el viejo aparato de música y se situó frente a Lucas, desafiante y al son de las notas, inició una demostración de arte al desnudarse frente a él.
Lucas, apenas podía creerse lo que pasaba ante sus ojos.
Lucía, y él se conocían desde niños, habían crecido juntos, y nunca vió en ella, más que a aquella niña tonta que lo hacía enfadar.
Ante él, dejó al aire dos bultos firmes, del tamaño de manzanas, firmes, duros.
La mente de Lucas, no reaccionaba, no podía ser Lucía la dueña de ese cuerpo.
Lucía, continuaba despojándose de sus ropas, dejando muestra de su cuerpo, su cintura, sus caderas, con acordes perfectos a sus pechos.
Lucas, mientras miraba atónito la escena, se excitaba ……… intentaba no creer, pero sí …………… era el cuerpo de Lucía, y él siquiera lo había intuido antes, era perfecta, y ahora estaba situado en frente de su mirada.
Deseaba tocarla, deseaba tenerla, mientras, Lucía proseguía su particular destape sólo para él.
Lucas, sudoroso …… empañado en deseo, la atrajo hacia él, sentándola en sus rodillas, como una fiera, se abalanzó sobre sus pechos haciéndolos suyos, presa del deseo.
Lucía, respondía excitada ………… acariciando la parte más erecta del cuerpo de él.
Los cuerpos sudaban, los labios se entreabrían desprendiendo alientos de placer y sentidos turbados.
Las manos de Lucas, buscaban un lugar donde introducir sus dedos, las de Lucía, se mantenían situadas masturbando el pene de él.
Los líquidos fluían de los sexos.
Los cuerpos entrelazados.
Lucas, besaba el trasero de Lucía, mientras apretaba con fuerza sus pechos.
Lucía se introducía el sexo erecto en su boca, llenándola, hasta lo más profundo de la garganta.
El placer se cortaba, los gemidos eran sinceros.
Los dedos acariciaban, y se introducían por cada parte de los cuerpos.
Lucía se abrió para Lucas, mostrando un sexo perfecto ardiente …………. deseoso por ser penetrado.
Lucas lo lamió, besó e introdujo su lengua húmeda en él, mientras el placer hacía que el cuerpo femenino, soltara sus líquidos, demostrándole así que estaba en su orgasmo.
Eso hizo que Lucas enloqueciera.
La poseyó, dándole la vuelta, introdujo su pene por delante, penetrando en él, sacándolo, y adentrándose una vez más.
Después se lo introdujo por la parte de atrás, más despacio, pero le dio cabida a su gran erección.
Lucía se estremecía, mientras sus dedos acariciaban su clítoris.
Los dos cuerpos unidos, los dos cuerpos excitados.
Llagaron al orgasmo juntos, el segundo para Lucía.
Se recostaron y miraron ahora de forma diferente.
Lucas supo que la amaba.
Lucía le dijo:
- ¿Ves?, soy una fiera carnicera, sólo quería tu sexo y es lo que he tenido.
Deseo. Año 2003.
- La vida no es un desierto, Lucas, sino una selva. Al menos, eso es lo que a mi me parece. Una selva llena de malezas, donde se ocultan fieras carniceras.
- ¿Qué quieres decir con eso, Lucía?
- Muy sencillo, mira, el amor es bonito hasta que descubres que, lo que tu llamas amor, el que está a tu lado lo llama sexo.
- ¡Anda ya! No digas tonterías.
- ¿Quieres que te lo demuestre?
- Por supuesto, te será difícil.
Lucas y Lucía, estaban solos en una sala charlando como dos personas más, esta vez, como siempre de temas con los que siempre acababan discutiendo.
Lucía sin pensárselo dos veces, conectó el viejo aparato de música y se situó frente a Lucas, desafiante y al son de las notas, inició una demostración de arte al desnudarse frente a él.
Lucas, apenas podía creerse lo que pasaba ante sus ojos.
Lucía, y él se conocían desde niños, habían crecido juntos, y nunca vió en ella, más que a aquella niña tonta que lo hacía enfadar.
Ante él, dejó al aire dos bultos firmes, del tamaño de manzanas, firmes, duros.
La mente de Lucas, no reaccionaba, no podía ser Lucía la dueña de ese cuerpo.
Lucía, continuaba despojándose de sus ropas, dejando muestra de su cuerpo, su cintura, sus caderas, con acordes perfectos a sus pechos.
Lucas, mientras miraba atónito la escena, se excitaba ……… intentaba no creer, pero sí …………… era el cuerpo de Lucía, y él siquiera lo había intuido antes, era perfecta, y ahora estaba situado en frente de su mirada.
Deseaba tocarla, deseaba tenerla, mientras, Lucía proseguía su particular destape sólo para él.
Lucas, sudoroso …… empañado en deseo, la atrajo hacia él, sentándola en sus rodillas, como una fiera, se abalanzó sobre sus pechos haciéndolos suyos, presa del deseo.
Lucía, respondía excitada ………… acariciando la parte más erecta del cuerpo de él.
Los cuerpos sudaban, los labios se entreabrían desprendiendo alientos de placer y sentidos turbados.
Las manos de Lucas, buscaban un lugar donde introducir sus dedos, las de Lucía, se mantenían situadas masturbando el pene de él.
Los líquidos fluían de los sexos.
Los cuerpos entrelazados.
Lucas, besaba el trasero de Lucía, mientras apretaba con fuerza sus pechos.
Lucía se introducía el sexo erecto en su boca, llenándola, hasta lo más profundo de la garganta.
El placer se cortaba, los gemidos eran sinceros.
Los dedos acariciaban, y se introducían por cada parte de los cuerpos.
Lucía se abrió para Lucas, mostrando un sexo perfecto ardiente …………. deseoso por ser penetrado.
Lucas lo lamió, besó e introdujo su lengua húmeda en él, mientras el placer hacía que el cuerpo femenino, soltara sus líquidos, demostrándole así que estaba en su orgasmo.
Eso hizo que Lucas enloqueciera.
La poseyó, dándole la vuelta, introdujo su pene por delante, penetrando en él, sacándolo, y adentrándose una vez más.
Después se lo introdujo por la parte de atrás, más despacio, pero le dio cabida a su gran erección.
Lucía se estremecía, mientras sus dedos acariciaban su clítoris.
Los dos cuerpos unidos, los dos cuerpos excitados.
Llagaron al orgasmo juntos, el segundo para Lucía.
Se recostaron y miraron ahora de forma diferente.
Lucas supo que la amaba.
Lucía le dijo:
- ¿Ves?, soy una fiera carnicera, sólo quería tu sexo y es lo que he tenido.
Deseo. Año 2003.
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