martes, 4 de mayo de 2010

Que duro es el trabajo



Aunque aquel día no me apetecía nada ir al despacho ... finalmente me levanté, me arreglé y fui. Cuando entré en mi despacho sentí asco del ambiente, bueno digo asco porque me fastidia decir que aquel día y por primera vez en los cinco años que aquel sitio había sido mi despacho, me sentía bien en él. Y es que lo único que pasaba es que no sabia si lo que la tarde anterior había hecho con el viejo de mi jefe estaba bien o no, teniendo en cuenta que es un hombre casado y que su edad dobla la mía.

Eran las 17.30h cuando yo llegaba a la oficina, Sara la recepcionista había entrado en mi despacho para traerme los informes del día, yo estaba agotada, me dolía la cabeza y lo que menos me apetecía era ponerme a trabajar. Me senté en mi butaca de piel marrón y dejé que el silencio se apoderase de mi despacho, dejé caer mis tacones dejando así mis pies al descubierto ... de repente tocaron a la puerta ... era el señor Fitz, director general de la empresa. Y yo estaba tan cansada que ni me inmuté cuando él entra en mi despacho. Se acercó a mí y me preguntó si estaba bien, yo moví mi butaca hacia él y le susurré al oído ... señor Fitz estoy agotada!!! A lo que él con un leve movimiento separa mi melena de mi oreja y comenzó a susurrarme ... si quieres cerramos la puerta y en fin ... descansamos juntos!!! Aunque en otro momento lo hubiera tomado como un sarcasmo, en aquel momento sólo me importaba descansar, y así lo hice. Me levanté cerré la puerta y volví a sentarme en mi cómoda butaca, aunque esta vez poniendo los pies sobre la mesa. Él se sentó en ella mientras masajeaba mis pies lo que francamente me estaba empezando a gustar después de unos segundos. Dejó de masajear mis pies con sus manos para comenzar a lamer suavemente cada uno de los dedos, mientras sus manos suaves y frías comenzaban a perderse por mis piernas mientras oleadas de placer recorrían mi cuerpo a la vez que sus manos. Levantó la falda y con una sola mano bajó mis braguitas dejando mi coño húmedo ya por el placer provocado por su estimulante masaje. Siguió con el masaje de pies, aunque ya el masaje no era sólo en los pies, sus manos se iban acercando cada vez mas a mi vagina suavemente iba acariciando mis rodillas, rodeándolas sutilmente, subiendo poco a poco mientras el sudor de sus manos se mezclaba con el sudor de mi piel provocado por el calenton que aquel hombre me estaba provocando. Cuando por fin llego a mi coño con sus dedos y empezó a acariciar. Empezó acariciando las ingles mientras sus dedos comenzaban a perderse dentro de mí, mientras desabrochó mi camisa para así dejar mis pechos al aire, mientras sus dedos hacían de mi una mujer poseída por el placer, las mías no paraban de acariciar mis pechos que ya estaban duros y tan excitados como mi coño. Se puso de rodillas y mientras acariciaba con sus manos mi vientre subiendo poco a poco por mis pechos, su lengua humedecía mis ingles hasta que por fin comenzó a chuparme, lamía mi clítoris lo que me hacía gemir de gusto a la vez que una corriente de placer recorría cada milímetro de piel, su lengua juguetona entraba dentro de mí y salía como si hiciese tiempo que lo hacía, mientras humedecía aún más mi coño excitado ... luego se detenía en el clítoris lo que hacía que cada vez me acercase más al orgasmo jamás sentido. Mientras él no paraba de lamer mi coño y acariciar mis pechos ... yo gritaba. Más ... más ... más ... sí ... sí ... sí ... mmmmmmmm ... sí ... mientras la excitación era ya máxima y un largo escalofrío comenzó a recorrer mi cuerpo a la vez que se detenía en mi coño para hacer así que me corriera de gusto ... yo finalmente descansé y mi jefe salió de mi despacho dejándome allí más descansada que nunca.

Gisele. Año 2003.

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