
Sólo es una comida más, de compañeras de escuela, la tradicional de cada año, una reunión anual a la que me veo obligada a acudir.
Somos más o menos una treintena de mujeres, bueno no creo que en el fondo esté tan mal.
Pero tú te has sentado a mi lado, en mi memoria se agolpan los recuerdos de mis años de infancia, cuando nos escondíamos tras los árboles del patio para estar juntas.
Me alegro de que seas tú la que ocupes esta silla.
La comida transcurre sin más como otra, entre comentarios y bromas, dejamos de ser treinta, no sé es una sensación extraña, parece que solo estemos tú y yo, no me importan los temas de las demás, solo quiero mirarte y saber que estoy cerca de tí, nuestras manos se rozan al hablar, eso no sé , me da una extraña sensación y me gusta, hasta que desencadenamos un juego de pies bajo la mesa.
Somos dos mujeres cómplices de un juego vicioso.
La sensación del tacto de tus medias me gusta, me descalzo y con mi pie desnudo asciendo por tus piernas entreabiertas.
Con la vista te pido algo, sobran palabras, tú lo deseas al igual que yo, reaccionas ocultando tu mano bajo la mesa y me rozas ……. Suavemente mis muslos hasta llegar ala costura de mis bragas, siento que tu mano me quema, siento como mi ropa interior se humedece, con el contacto de tus dedos, sin duda saben lo que hacen.
Nos miramos y entendemos que las dos lo deseamos.
Por eso decimos una tonta excusa y sin esperar ni al café salimos de la sala.
Ya solas en la habitación, nos desnudamos mutuamente, sin dejar de besarnos, nuestras lenguas penetran en la boca de la otra, de tal forma que se siente fuego en la estancia, me gusta verte desnuda, ni un solo momento podemos dejar de acariciarnos.
No nos hace falta ningún tipo de aparato, por que nuestras manos hicieron de hombre.
No lo necesitábamos, yo lamo con mi lengua tu sexo, dulce mojado, resbaladizo mientras tú haces lo mismo con el mío.
El deseo es latente, tu sexo es todo mío.
Nuestros senos se rozan los unos contra los otros, refregándose, lamiéndonoslos, acariciándolos, apretujándolos, me siento excitada y tú sudas.
Somos dos mujeres por eso sabemos dónde acariciar, y cómo hacerlo, dónde mordisquear para llegar al estado máximo del placer.
Sin dejar ni por un minuto de rozarnos, nos acoplamos de tal forma, que nuestros sexos no se separan ni un instante, clítoris con clítoris.
Las dos estamos goteando hasta llegar a corrernos, nos besamos sin parar.
Nuestros cuerpos permanecen, uno contra el otro, juntos, unidos por las partes que nos dan el placer, con las piernas entre abiertas y nuestros sexos rozándose.
No puedo más, mi cuerpo se arquea solo, tengo mi mano en tu pecho y tú mientras sin dejar de rozarme el clítoris con el tuyo me lo estimulas.
Siento el calor dentro de mí, creo que me arde el cuerpo, no puedo parar de moverme, quiero besarte, pero eso haría que dejara este movimiento que me quema, y estalla dentro de mí.
En las sábanas se dibuja un charco, es el charco del orgasmo.
Creo que te llamaré.
Deseo. Año 2003.
Somos más o menos una treintena de mujeres, bueno no creo que en el fondo esté tan mal.
Pero tú te has sentado a mi lado, en mi memoria se agolpan los recuerdos de mis años de infancia, cuando nos escondíamos tras los árboles del patio para estar juntas.
Me alegro de que seas tú la que ocupes esta silla.
La comida transcurre sin más como otra, entre comentarios y bromas, dejamos de ser treinta, no sé es una sensación extraña, parece que solo estemos tú y yo, no me importan los temas de las demás, solo quiero mirarte y saber que estoy cerca de tí, nuestras manos se rozan al hablar, eso no sé , me da una extraña sensación y me gusta, hasta que desencadenamos un juego de pies bajo la mesa.
Somos dos mujeres cómplices de un juego vicioso.
La sensación del tacto de tus medias me gusta, me descalzo y con mi pie desnudo asciendo por tus piernas entreabiertas.
Con la vista te pido algo, sobran palabras, tú lo deseas al igual que yo, reaccionas ocultando tu mano bajo la mesa y me rozas ……. Suavemente mis muslos hasta llegar ala costura de mis bragas, siento que tu mano me quema, siento como mi ropa interior se humedece, con el contacto de tus dedos, sin duda saben lo que hacen.
Nos miramos y entendemos que las dos lo deseamos.
Por eso decimos una tonta excusa y sin esperar ni al café salimos de la sala.
Ya solas en la habitación, nos desnudamos mutuamente, sin dejar de besarnos, nuestras lenguas penetran en la boca de la otra, de tal forma que se siente fuego en la estancia, me gusta verte desnuda, ni un solo momento podemos dejar de acariciarnos.
No nos hace falta ningún tipo de aparato, por que nuestras manos hicieron de hombre.
No lo necesitábamos, yo lamo con mi lengua tu sexo, dulce mojado, resbaladizo mientras tú haces lo mismo con el mío.
El deseo es latente, tu sexo es todo mío.
Nuestros senos se rozan los unos contra los otros, refregándose, lamiéndonoslos, acariciándolos, apretujándolos, me siento excitada y tú sudas.
Somos dos mujeres por eso sabemos dónde acariciar, y cómo hacerlo, dónde mordisquear para llegar al estado máximo del placer.
Sin dejar ni por un minuto de rozarnos, nos acoplamos de tal forma, que nuestros sexos no se separan ni un instante, clítoris con clítoris.
Las dos estamos goteando hasta llegar a corrernos, nos besamos sin parar.
Nuestros cuerpos permanecen, uno contra el otro, juntos, unidos por las partes que nos dan el placer, con las piernas entre abiertas y nuestros sexos rozándose.
No puedo más, mi cuerpo se arquea solo, tengo mi mano en tu pecho y tú mientras sin dejar de rozarme el clítoris con el tuyo me lo estimulas.
Siento el calor dentro de mí, creo que me arde el cuerpo, no puedo parar de moverme, quiero besarte, pero eso haría que dejara este movimiento que me quema, y estalla dentro de mí.
En las sábanas se dibuja un charco, es el charco del orgasmo.
Creo que te llamaré.
Deseo. Año 2003.
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