martes, 4 de mayo de 2010

Noche de lujuria



Eran las 24.00h cuando de repente sonó mi teléfono, era Diego. Su voz era cálida y con un suave tono que me indicaba que había estado bebiendo más de la cuenta. Empezó a decirme que me echaba de menos, que tenía ganas de verme y de besarme, yo aunque al principio me mostré un poco arisca acabé incitándole a que pasara a buscarme y así unirme a él. Fue rápido en llegar a casa, el mismo tiempo que yo tardé en vestirme, aunque sinceramente tampoco es que mi vestimenta fuese mucha ... me puse una camisa blanca que contrastaba con mi piel color chocolate, y una mini vaquera con la que por más que intenté esconder mi minúsculo tanga, no pude y opté por aquella noche no utilizar ropa interior, tampoco es que pensara llevar ropa interior durante mucho tiempo ...

Me recogió y sin mediar palabra empecé a acariciar su muslo mientras él con su mirada me incitaba a inclinarme y comenzar a lamerle su polla que ya estaba durísima, me ayudó a bajarle un poco el pantalón para facilitar mi labor ... comencé por apretarle suavemente su polla que cada vez estaba más dura y que empezaba a escupir flujo producto de su excitación. Me agarró del pelo y separó mi boca de su polla que estaba a punto de estallar de gusto. Fuimos a un lugar y la verdad no recuerdo muy bien como nos dio por entrar allí, solo sé que cuando nos dimos cuenta estaba en una sala privada de table dance bebiendo y pidiendo un striptisse para nosotros. Era un sitio oscuro con cristales con efecto espejo por todas las salas, olía a lujuria y sexo por todos los rincones. Empezamos a beber los dos solos, mirábamos cada uno de los detalles de aquella sala, la luz, las pantallas gigantes que proyectaban películas porno.

De repente comenzó una música y apareció una chica con un cuerpazo de escándalo, que se contoneaba sobre una barra, tengo que admitir que me excité sólo de ver como aquella chica lamía el hierro de aquella barra, y aún me excité más cuando vi como la miraba Diego. La chica seguía bailando, cada vez estaba más cerca de nosotros, iba quitándose ropa poco a poco hasta que se quedó desnuda dejando así su pecho en la cara de mi novio, mi coño cada vez estaba más húmedo y la polla de Diego ya no cabía en su pantalón, cuando de pronto la chica abrió sus piernas y se sentó encima de él haciendo así que las gotas de sudor de Diego cayeran sobre el pecho de ella ... mientras yo, miraba y me excitaba como nunca jamás antes me había excitado. Diego estaba sentado mientras ella sólo se movía rozando su coño con el bulto cada vez más grande de mi chico. Me acerqué un poco para sentirles cerca, Diego desabrochó mi camisa dejando así mis pechos al aire, y con una mirada hizo que la chica me acariciase los pezones mientras seguía con su movimiento de pelvis sobre la polla de mi chico, yo tenía las piernas abiertas dejando así mi coño al descubierto ya que aquella noche no llevaba ropa interior, metí mis dedos dentro de mi vagina que estaba húmeda y caliente, cuando sentí mis dedos dentro sentí un escalofrío que recorría todo mi cuerpo, igual que recorría la lengua de Diego los pechos de la chica, ella también estaba excitada y el flujo de su coño estaba ya mojando los pantalones de Diego. Mientras ella acariciaba mi pecho, Diego chupaba el suyo y mientras ella rozaba su coño en la polla de mi chico, yo acariciaba mi clítoris, los tres estábamos excitadísimos y cada vez lo estábamos más, los tres gemíamos como bestias, lo que hacía que cada unos de nosotros se excitara más solo de sentir como los demás cuando de pronto la chica se levantó, me agarró y me acercó a Diego. Mientras yo bajaba los pantalones de mi chico ella se iba alejando dejándonos excitadísimos y deseosos de sexo ... saqué su polla y sin que él se moviera, me senté encima mientras con mi mano ayudaba a que su polla penetrase lentamente mi coño húmedo y deseoso de placer. Follamos como perros durante un buen rato ... cuando de pronto los dos sentimos un estallido de placer que hacía que agitásemos nuestros cuerpos más rápido que nunca, provocándonos así el mayor orgasmo nunca antes sentido ...

Gisele. Año 2003.

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