
Era una tarde como otra, solo que estábamos a principio de mes.
Eso quiere decir, que acababa de cobrar.
Sentía ganas de salir a gastar un poco, dicen que es una terapia para una mujer, desde que acabe mi relación con Marcos, la vida me había cambiado, no salía, no leía y lo peor de todo, echaba de menos el sexo.
Me sentía vacía.
Admito que alguna vez me masturbaba, pero no es lo mismo, un vibrador o un dedo que una buena tranca, saliendo y entrando, y sólo preocupándote de mover tu cuerpo para encontrar y dar placer.
Decidida, entré en unos almacenes, la ropa interior me chifla, soy presumida y es mi mejor terapia, si me siento bien en mi intimidad, solucionado.
Entré y de los conjuntos expuestos elegí varios, con ellos me adentré en el pequeñísimo probador de ropa, el típico de cortinilla que nunca cierra.
Me fui desnudando para probarme los conjuntos.
¿Has visto alguna vez a una mujer probarse bragas, sostenes o tangas?, tiene que ser muy excitante, por que sólo haces que colocarte bien el producto, o sea que no dejas de tocarte la piel y el escote, la cinta de las bragas, la goma del sostén.
Me dí cuenta de que por el mal cierre de la cortina de tela, se me veía, y lo cierto es que un chico estaba espiándome.
Me gustó que lo hiciera, por lo que yo actué como si nada.
Me desnudaba y me recreaba viéndome observada, me excitaba la idea, de ser espiada.
Y me fui calentando poco a poco.
En un momento le miré la bragueta y pude contemplar que él estaba peor que yo.
Aún me excité más.
Lo llamé, para preguntarle que ya que me miraba y me los había visto todos, cual me sentaba mejor, y me dijo que ninguno.
La realidad es que los dos sabíamos que queríamos, hacer sexo, y no tardamos en iniciar una guerra de besos excitadísimos, por que podían vernos y oírnos.
No hizo falta desnudarnos ya que yo ya lo estaba y el sólo se bajó un poco el pantalón.
Estaba caliente, muy caliente, y sin mediar palabra, se sentó en el taburete que hay dentro de los probadores, yo me coloqué sobre él, cabalgué como una loca, mientras él me comía el cuello, me agarraba con fuerza el culo, y me lo hacía ascender y bajar al ritmo que el quería.
Olía a sexo, eso nos excitaba más, me penetraba y a la vez me introdujo dos dedos por mi culo, que estaba abierto.
No tardamos en llegar al orgasmo, la situación era muy excitante, allí, los dos, rodeados de gente.
Sentí placer por delante y por detrás.
Él dejó que su leche masculina entrara dentro de mí como le pedí, quería sentir el calor de su corrida y me gustó, por que sentí calor en mi conejo, y placer en mi culo.
Sudorosos, permanecimos así durante unos minutos, intentado saber si nos habían visto u oído.
En realidad no nos importaba, por que el placer fue intenso.
No me compré nada, pero follé como una loca.
Adiós Marcos, mi conejo ya no está triste ni vacío, mi conejo está feliz, saltarín y lleno de algo más que tu polla. Por que hacer el amor es un arte no es cuestión de tamaños.
Deseo. Año 2003.
Eso quiere decir, que acababa de cobrar.
Sentía ganas de salir a gastar un poco, dicen que es una terapia para una mujer, desde que acabe mi relación con Marcos, la vida me había cambiado, no salía, no leía y lo peor de todo, echaba de menos el sexo.
Me sentía vacía.
Admito que alguna vez me masturbaba, pero no es lo mismo, un vibrador o un dedo que una buena tranca, saliendo y entrando, y sólo preocupándote de mover tu cuerpo para encontrar y dar placer.
Decidida, entré en unos almacenes, la ropa interior me chifla, soy presumida y es mi mejor terapia, si me siento bien en mi intimidad, solucionado.
Entré y de los conjuntos expuestos elegí varios, con ellos me adentré en el pequeñísimo probador de ropa, el típico de cortinilla que nunca cierra.
Me fui desnudando para probarme los conjuntos.
¿Has visto alguna vez a una mujer probarse bragas, sostenes o tangas?, tiene que ser muy excitante, por que sólo haces que colocarte bien el producto, o sea que no dejas de tocarte la piel y el escote, la cinta de las bragas, la goma del sostén.
Me dí cuenta de que por el mal cierre de la cortina de tela, se me veía, y lo cierto es que un chico estaba espiándome.
Me gustó que lo hiciera, por lo que yo actué como si nada.
Me desnudaba y me recreaba viéndome observada, me excitaba la idea, de ser espiada.
Y me fui calentando poco a poco.
En un momento le miré la bragueta y pude contemplar que él estaba peor que yo.
Aún me excité más.
Lo llamé, para preguntarle que ya que me miraba y me los había visto todos, cual me sentaba mejor, y me dijo que ninguno.
La realidad es que los dos sabíamos que queríamos, hacer sexo, y no tardamos en iniciar una guerra de besos excitadísimos, por que podían vernos y oírnos.
No hizo falta desnudarnos ya que yo ya lo estaba y el sólo se bajó un poco el pantalón.
Estaba caliente, muy caliente, y sin mediar palabra, se sentó en el taburete que hay dentro de los probadores, yo me coloqué sobre él, cabalgué como una loca, mientras él me comía el cuello, me agarraba con fuerza el culo, y me lo hacía ascender y bajar al ritmo que el quería.
Olía a sexo, eso nos excitaba más, me penetraba y a la vez me introdujo dos dedos por mi culo, que estaba abierto.
No tardamos en llegar al orgasmo, la situación era muy excitante, allí, los dos, rodeados de gente.
Sentí placer por delante y por detrás.
Él dejó que su leche masculina entrara dentro de mí como le pedí, quería sentir el calor de su corrida y me gustó, por que sentí calor en mi conejo, y placer en mi culo.
Sudorosos, permanecimos así durante unos minutos, intentado saber si nos habían visto u oído.
En realidad no nos importaba, por que el placer fue intenso.
No me compré nada, pero follé como una loca.
Adiós Marcos, mi conejo ya no está triste ni vacío, mi conejo está feliz, saltarín y lleno de algo más que tu polla. Por que hacer el amor es un arte no es cuestión de tamaños.
Deseo. Año 2003.
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