jueves, 13 de mayo de 2010

Mensajería a domicilio ......



Tengo la necesidad de contarlo, de dejarlo escrito para releerlo y sentir otra vez el placer más intenso del mundo.

Cada mañana acudo al gimnasio, hoy como siempre me duche allí, pero al llegar a casa, mi cuerpo me pedía más refresco esta vez en mi ducha y más relajada.

Lo primero que hice al entrar fue, abrir el grifo, necesitaba sentir el ruido del agua al caer, mientras me desnudaba, para despojarme del calor que me estaba asfixiando.

Miré como siempre mi cuerpo cultivado en el espejo y me introduje en la ducha.

Ya en sí, sentir el agua resbalar por tu cuerpo es un placer.

Después de dejar que me llenara el cuerpo de agua, me acaricié con mi jabón de ducha, por todo el cuerpo, me gusta el aroma.

En ese momento suena el timbre, no sé qué hacer, espero un instante y pienso, decido taparme con una toalla y acudir a la llamada, agarro el telefonillo y pregunto:

- ¿Quién?

- ¿Srta., Paula?

- Si, soy yo.

- Mensajero, le traigo unos paquetes.

- Le abro.

En casa hay ascensor, con lo cual no se tarda casi nada en ascender los tres pisos, por lo que no hice ni el ademán de irme de la puerta, total solo era echar una firma y ya está.

Notaba como se deslizaba el agua por mis piernas, no me había podido secar, la sensación era muy placentera.

Se abrió la puerta del ascensor, el mensajero casi no se distinguía tras lo paquetes, no esperaba tantos.

- Hola (dije sin verlo), ¿Qué cargado?

- Sí, (resonó una voz tras el montón de embalaje).

- Preparo un bolígrafo.

- ¿Dónde quiere que se los deje?

- Mira, me harías un favor si los entraras hasta el comedor.

- No hay problema.

Pasó tras de mí, y al incorporarse, descubrí un hombre moreno, guapo, sus brazos fuertes adornaban su cuerpo, y ví, como se quedó sorprendido al ver que sólo tenía puesta una toalla de baño.

- Perdona, no suelo abrir así, pero acabas de pillarme dándome una ducha.

- No pasa nada tranquila, si es tan amable de firmar aquí.

- Al estirar mi mano para poder firmar, mi poca ropa cayó al suelo, dejándome totalmente desnuda.

- Lo siento, que vergüenza.

- No te preocupes, es un placer.

Me gustó como me miraba, y el se inclinó para coger mi toalla, ya que yo me quedé petrificada.

Al levantarse del suelo con la prenda en la mano, pude sentir como sus ojos se clavaban en cada parte de mi cuerpo, ya que cada centímetro de mi piel le quedaba a la altura de la mirada.

Me entregó la toalla, sin dejar de mirarme a los ojos, yo sentía tanta vergüenza que no era capaz ni de anudármela.

Él me ayudó, rozando con sus manos mis pezones y nuestras manos se tocaron por un instante.

Nos miramos, le dije que sí con la cabeza.

Él, cerró la puerta de casa que aún estaba abierta, y se acercó por mi espalda, besando cada milímetro de mi cuello, con suavidad, con ternura, con pasión.

Me dí la vuelta para poder ver su cuerpo y le fui quitando la poca ropa que vestía.

Recorriendo su pecho con mis labios, hasta llegar a ver, la mayor erección que jamás había visto.

Nuestras manos no paraban, no podíamos dejarlas quietas, nuestras bocas se buscaban, las lenguas se unían para hacer así una sola.

Como pudimos, llegamos hasta el sofá, y caímos en él, dos cuerpos entrelazados y un mismo pensamiento, GOZAR, DAR Y RECIBIR.

Sentí su lengua por mi pecho, mientras sus manos acariciaban el resto de mi cuerpo, yo jadeaba y le pedía que me dejara probar el sabor de su piel.

Me hizo esperar, me puso a mil, y cuando estaba bien caliente, me ofreció su pene para saborearlo.

Lo lamí hasta el fondo, reconozco que disfrute. Mientras, él no dejaba ni un momento que mi cuerpo se relajara.

Allí en el sofá, me penetró, de tal forma que pensé que mi cuerpo estallaría.

Sabía lo que hacía, entraba y salía y cuando yo pedía más, frenaba, quería que yo gozara.

El cuerpo me ardía, dudábamos, y mirándole a los ojos le dije:

- No puedo más, no aguanto más ¡háztelo ahora! Conmigo.

- ¿Está segura?

- Sí, necesito hacérmelo ahora, o estallaré.

No dejo de agitarse dentro de mí, me corrí, me sentía, húmeda, chorreando.

Saco entonces su miembro de mi cuerpo y se corrió, sobre mi barriga, en mi ombligo, toda su esencia estaba esparcida en mi cuerpo.

Con mi mano la esparcí aún más, nos mirábamos.

Le ofrecí mi ducha.

Sólo espero que cuando pase a repartir cerca, se acerque por aquí.

Deseo. Año 2003.

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