lunes, 3 de mayo de 2010

Juegos de amor



Renata no se encontraba demasiado bien aquella mañana, de modo que, tiró de móvil y localizó a María, su salvadora, que en menos de diez minutos se presentaría en el video club para que Renata pudiera irse a casa.

- ¿Te encuentras mal, puedo hacer algo por tí?, le preguntó la joven, con sus enormes ojos grises tan abiertos y gesto de preocupación.

- Estoy segura de que se me pasará con un buen baño caliente ..... son las cervicales, ya sabes como se las gasta conmigo ..... Cierra a las dos - dos y media y esta tarde te llamo ....

Salió del local colocándose las gafas de sol. Caminó despacio por la acera hasta llegar a casa donde al meter la llave en la cerradura, ya se dio perfecta cuenta de que su mejor tableta ácida y anti-jaqueca paraba por allí. Lo que le extrañó fue no encontrárselo en el sofá tumbado .....

- ¿¡¡¡¡Nandoooooooooo¡¡¡¡¡¡?

- Estoy en el baño, afeitándome.¡¡¡¡

Renata entró para saludarle. Siempre lo hacía de la misma manera, unas veces más disimuladamente que otras, según quien estuviera delante y dónde ..... Consistía en tomar entre su mano, firme, pero también dulcemente, su “muñequito”, el paquetón de su hombre, que aquella mañana no se encontraba tan blando como de costumbre -hasta que ella tenía este gesto tan cariñoso, por supuesto ....-

- Has entrado, por casualidad, en las páginas X de Internet?, porque esto no se puede decir que esté muy tranquilo que digamos .....

- No, cariño, estaba pensando en tí, por eso la tengo dura. Nunca me sacio del todo de tí, ya me conoces, pero entraría contigo para lustrarnos los dos juntos, nunca yo sólo siendo tú como eres, me aburriría ..... ¿y ahora qué haces, amor ....?

- Abro tu bragueta, cariño, aprovechándome de que tienes las manos ocupadas, te desnudo para verte totalmente indefenso ante mí, porque quiero comprobar cómo está mi muñequito lindo. ¿Sabes?, venía con la idea de tomar un baño caliente y una tableta de esas que me descargan la tensión del cuello, pero teniendo esto en casa, capaz de descargar no sólo la tensión de mi cuello, sino la de todo mi cuerpo ..... comprenderás que sea lo primero que me administre vía oral ....

Renata se tragó literalmente aquel cipote ya listo para ser devorado porque sólo su mirada quemaba y la susodicha herramienta no era precisamente de piedra, aunque lo parecía ..... Nando, simplemente se dejaba hacer entornando sus ojos, sintiendo las manos suaves y magistrales de Renata en sus huevos y su boca caliente por toda su polla. Renata se despachaba a gusto de rodillas en el suelo delante de su hombre que empezaba a sentir los efluvios de una mañana muy grata. Notaba cómo Renata masajeaba sus huevos vigorosamente, como a él le gustaba, para después lamérselos dulcemente con la puntita de la lengua y sin olvidarse de ese falo al que con la otra mano dirigía hacia arriba y hacia abajo como en un baile.

- Cielo ....., pudo musitar, casi en un ahogo de placer, déjame que te quite la ropa, déjame que te devore, que me vuelves loco ....

Renata, obediente, dejó que Nando la despojara de su camisa transparente y de la faldita de piel de melocotón. No solía llevar sujetador y en cuanto a las braguitas y los zapatos, no estorbaban mucho, la verdad. Por fin pudo recrearse la vista también, devorando sus senos por un momento y acariciándola toda con sus manos grandes que despertaban todos sus poros al placer de una gata salvaje que se escurrió metiéndose en la bañera y dando el grifo de la ducha del agua tibia muy flojito. Se tumbó en la bañera y mostró a su Nando el ardor de su coñito al colocarse el grifo justo en la pepita que estallaba de placer a juzgar por la cara de Renata.

- Nando, vida, ahora te toca a tí, chúpamelo, por Dios te lo pido, ven .... chúpamelo ......

Nando no se lo hizo repetir dos veces y ofreciéndole sus huevos se apoderó de aquel coño húmedo y caliente, introducía ocasionalmente la punta de su lengua hasta lo más profundo de su vagina mientras que con un par de dedos penetraba a Renata en uno de sus preferidos mete-saca mientras esta se desvanecía de placer en un shuuuut ambiental, gemido lacónico de tales juegos del placer. Otras veces, Nando le hacía la “hormiguita”, acariciando su clítoris con el dedo gordo.

Mojaditos pero ardientes, tendieron el albornoz en el suelo y se tumbaron en un sesenta y nueve para que Renata atrapara su preciado cipote entre sus pechos y masajeándolo de arriba hacia abajo provocara que Nando le introdujera aquel viejo amigo- consolador que solían tener siempre colgado a mano para estas ocasiones. Por su parte, Renata, mojando su dedo en saliva, dilataba el ojo oscuro de Nando, para que no se quedara nada por calentar.

- Mi amor, espera, exclamó Renata a su Apolo, para tomar posesión de su pene bien erecto. Siéntate, quiero que me beses la espalda, el cuello y todo lo que encuentres, con esa lengua portentosa que la sabia Naturaleza te ha dado. Yo voy a meterme esto, a ver si me cabe, porque mira cómo está ya .....

- Está a tope, mi vida, cómo me pones ....-. Obedeció al instante y apoyando su espalda en la bañera, comenzó a recorrer cada milímetro de la espalda desnuda de Renata, quien metía y sacaba su polla entre gemidos y resoplidos de placer. El ritmo se iba acelerando.

- Mi amor, ahora deja que vea tus pechos danzar, date la vuelta sin salirte, quiero verte, quiero besarte, cómo me pones, nena ....¡¡¡¡

Renata se dio la vuelta y Nando aprovechó un segundo de descanso para tomar entre sus manos los pechos de su compañera y mordisquear sus pezones, lo que volvía loca a Renata, que saltaba sobre su juguetito favorito posesa de placer.

- Nando, mi vida, fóllame por detrás, que sabes que me gusta mucho ....

Tomando posiciones, Renata a cuatro patas y Nando sobre ella, tiernamente le había robado un poco de la saliva de su boca para dilatar aún más aquel bello y oscuro agujero de deseo y el muñecote penetró sin dificultad. Renata sabía que era un segundo de dolor, pero qué placer sentir aquella polla dentro de su culo mientras penetraba su coño con todos los dedos de sus manos o con el viejo amigo-consolador. Las embestidas de Nando iban poco a poco, haciéndose, cada vez más fuertes.

- Oh, siiii, así, mi amor, hasta el fondo, deja que tus huevos penetren bien en mi coño, qué placer, argggggghhh¡¡¡¡¡, me gusta taaaaaaanto ......

Renata había apoyado una mejilla en el suelo para alargar una de sus manos hasta los testículos de Nando y se los acariciaba, unas veces y otras los empujaba hacia su himen, como si quisiera penetrárselo con ellos.

- Reni, estoy a punto de correrme, nena, no puedo más ..... ahhhhg¡¡¡¡¡

- Espera, machote, quiero que te corras en mi cara, dijo Renata disminuyendo la marcha para dirigirse hacia su juguetito y tomarlo con su manita derecha pajera por naturaleza para cerca de sus labios extraer el jugo ácido y viscoso de la pasión que le gustaba relamer y sentir calentito en su rostro.

Tumbados, rostro frente a sexo, Reni esperaba ver salpicar las gotitas de su pasión mientras que Nando hormigueaba en su pepita maravillosa color de fresa y sabor a limón.

Una vez conseguido el climax, Nando terminó de afeitarse mientras Renata disfrutaba de su analgésico particular, pero sin bajar la guardia, el día era largo y en cualquier momento necesitaría echar mano de nuevo de su farmacia particular. De hecho, lavando su carita y su pelo negro, seguía contemplando el cuerpo de Apolo de su hombre, que entre risas le preguntó:

- ¿Qué tal el cuello, viciosilla míiiiiiiiiiia? ......

María Silvia Cano. Año 2003.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog