lunes, 24 de mayo de 2010

Hasta el fin de nuestras vidas



Como una fiera …. sedienta de calor, de hambre, araño tu espalda, haciendo surcos frágiles sobre tu piel.

Me adentro en tus sentimientos, apoderándome del sentido de tu conciencia, mientras dejo que el aroma de mi cuerpo te envuelva en sus brazos, intento que seas mío, que mi aroma te impregne cada sentido, cada rincón de tu cuerpo, invada tu mente sin permiso y se apodere de tí.

Quiero que esta vez sea especial, como cada vez que me desnudo delante de tí, mostrándome sin pudor, sin miedos y enseñándote, cada parte de mi cuerpo.

No hay tiempo que perder y sin embargo tenemos todo el tiempo del mundo, para darnos, para recibir.

Te siento tan mío que no concibo la idea de perderte.

Por lo que acto tras acto, me estrujo las ideas con sólo una intención, la de hacer que cada vez que nos unamos en un sólo cuerpo, sea la mejor que hayas poseído y guardado en tu mente.

Mi imagen, reflejada en tus pupilas … observando cada movimiento que doy para llenarte de placer.

¡Sí!, no lo dudes, tu eres la persona a la que le dedico cada aliento, cada soltura de mis manos, a la que cada vez intento saciar con más potencia que la anterior.

Sé que el sonido de mi voz te excita, y no callo.

Cada vez que me adentro en nuestro mundo de sexo, mi boca refleja mis pensamientos dándole forma a mi voz para tí.

Mis manos, se difuminan por tu cuerpo, lo mantienen caliente avivando el deseo, al poseerte y caminar por los senderos de tu piel.

Mis pies, se deslizan por tus piernas, por tu espalda …dando un placer desconocido, inaudito.

Alimentando el fuego que minutos antes he encendido para tí.

El ambiente …… es dulce, mis uñas, reflejan el deseo de hacerte mío, de darte lo que sin palabras me pides.

Mis piernas, son mi mundo tan inexplorado como saciado.

Saber encontrar en mi ese reflejo de paz y de ardor que se confunden para dar rienda suelta a cada caricia.

Mientras los sexos se humedecen con la saliva del otro.

Mientras los puños se contraen, estrujando las sábanas síntoma del placer.

Mientras la vista se nubla, al sentir el aire en nuestra parte más sensible.

Mientras nuestras mentes dibujan cada movimiento, cada rumbo al que se dirigen los dedos paseando por el cuerpo llamado deseo.

Cuando tu cuello está tan húmedo como tu sexo, cuando tus manos tiemblan a cada roce, cuando tus palabras se entrecortan a mis caricias.

Me adentro por fin en un abrazo que une nuestros cuerpos desnudos, bajando y alimentándome de esa … tu esencia de hombre, de tu sexo, de tu pene.

Arrastrando mi lengua por toda la longitud de éste, hasta pasearla por tus genitales que están llenos de lo que más deseo.

Pellizcando con la yema de mis dedos esa parte tan sensible de tu cuerpo, con todo el cariño del mundo con todo mi amor, al compás de mi lengua sobre la cima de tu sexo, tu glande emana, las gotas de diamante espeso y líquido a la vez que deseo ver, que quiero saborear.

Mi cuero se abre ante tu presencia como una planta que necesita agua y acaba de ser regada.

Mis manos desean no separarse de tu piel.

Mis dedos se enredan entre el bello que corona la cima de tu sexo.

Mientras mis pies continúan ascendiendo y bajando.

Completamente enroscada a tu piel, intentando no dejar una sola partícula sin ser acariciada.

Los latidos se hacen constancia en el aire, el sonido de los muelles de la cama al saltar sobre ella, acallan nuestros gemidos.

Mi cuerpo abierto te siente como una parte más de él.

Hasta que abrazados, consumimos el acto de acoplarnos.

Dos sexos en uno solo, culminando cada movimiento con la combinación de las sensaciones placenteras del orgasmo.

Estallas y al hacerlo me quemas, produciendo en mí, el mismo resultado.

Una mezcla de líquidos intenta escapar de nuestros cuerpos, mientras manchamos, completamente de acorde.

Nuestros impulsos se acoplan perfectamente.

Nuestros labios se confunden en uno solo, al estallar el fuego en las entrañas, esa mezcla agridulce de placer, de instintos saciados.

Y deseo más.

Deseo que no salgas de mi cuerpo, te retengo para amanecer unidos por esas partes cuando el Sol despierte mañana.

Quiero sentirte así día tras día.

Minuto a minuto.

Hasta el fin de nuestras vidas.

Deseo. Año 2003.

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