jueves, 13 de mayo de 2010

El taxi del deseo



Solo sentía mi cuerpo sudoroso, el calor me hizo despojar de mi escasa ropa, sola sintiendo y deseando el roce de un cuerpo varonil.

Sentía arder mis muslos, mis manos acariciaban mis pechos hasta conseguir hacer de los pezones una erección fuerte dura y sensual, pero estaba sola, tan sola que aún la excitación aumentaba.

Buscaba con la mirada algo que apagara mi calor, necesitaba ser observada y con ese fin abrí las cortinas.

Y encendí una suave luz de color azul a mis espaldas.

Mi cuerpo con el roce de la almohada aumentaba de temperatura, necesitaba saciar mi calor.

Deseaba, ahogar mi sed, y sin dudarlo baje a la calle, semidesnuda.

Paré un taxi, podía ver como el conductor me observaba, a través de su espejo retrovisor, eso me excitaba, abrí mis piernas, dejando al descubierto el triángulo de mi tanga, e inicié unas caricias por mis piernas de forma que él las mirara.

Mis jadeos de placer, mi cuerpo ardiendo, mi sudor a sexo, mis ojos pidiéndole su cuerpo.

Notaba su excitación, sobraban las palabras.

Miró una vez más mis ojos y desvió el rumbo.

Un paraje, vacío, oscuro, sereno, la verdad, no me importaba, solo deseaba amar y ser amada, que penetrara en mí, toda la esencia de un hombre, cada milímetro de él, de su cuerpo de su pene, disfrutarlo, sentirlo y rozar el techo del coche con mis uñas.

La dificultad lo hacía más excitante, lamí cada poro de su piel, y él me recorrió con su saliva todo mi cuerpo, mis pezones reventaban del placer que se creó, gemidos, placer, placer, placer, penetración, y más placer.

Llegamos al límite, dejo escapar toda su esencia en mi cuerpo, nuestros cuerpos se entrelazaron refregando esa esencia de placer, sintiendo cada chorro, cada gota.

Regresé a casa, llena, saciada, me duché y aún sentía el placer recorrer mi cuerpo, de tal forma que me acaricié, bajo el agua, llegué al límite, y me corrí como nunca.

Deseo encontrar a mi taxista, una vez más.

Deseo. Año 2003.

No hay comentarios:

Entradas más populares del blog