lunes, 3 de mayo de 2010

El sueño de una mujer fea



Desde que nací, he sido un monstruo de la naturaleza, pero nunca me preocupó hasta que hice los 18 años más o menos, que es cuando empiezas a fijarte en el sexo contrario.

De mí solamente se burlaban, me llamaban de todo, al final dejé de estudiar y me puse a trabajar en unos grandes almacenes, como era tan desagradable de mirar no podía estar cara al público, así que mi trabajo era ordenar el género dentro de los trasteros de la tienda.

Para no perder vicio todos seguían cachondeándose de mí, menos uno, y además era el hijo del jefe y el más guapo de la plantilla.

Un día todos los compañeros me insultaban y se metían conmigo, me arrodillé y empecé a llorar, entonces él me agarró y me llevó al almacén, con sus grandes manos me secó las lágrimas y me cogió la cara entre sus manos y juntó sus labios a los míos fundiéndonos en un gran beso, lleno de pasión, sentía su saliva húmeda que se escurría a través de mis labios.

Empezó a desnudarme poco a poco, con suavidad como si de una muñeca de porcelana se tratara, y empezó a acariciarme, apretándome los glúteos con fuerza, y a besarme los pechos con mucha delicadeza, y todo mi cuerpo, sin dejar un centímetro de piel sin besar o acariciar, poco a poco me tumbó en el suelo, y me fue separando las piernas, hasta que me penetró e hicimos el amor como dos fieras salvajes, en mitad de la selva, me comía la lengua y se movía como poseído por el diablo, hasta que conseguimos los dos llegar al orgasmo a la vez, gemíamos sin importarnos los compañeros, pero el placer que sentíamos no podía explicarse, cuando terminamos se vistió, me besó en la frente y se largó.

Pero una cosa aprendí que hay veces que los sueños se hacen realidad, ya que con ese momento había soñado todas las noches desde que le conocí.

FIN.

Damanocturna. Año 2003.

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