martes, 18 de mayo de 2010

Cuéntame qué pasó



Cuando Ana, despertó, tensa y sobresaltada, la sala estaba vacía. El Sol intenso de la media mañana entraba a raudales por la abertura de la puerta y afuera se oían voces y el rumor de algunas de las motos.

Al ponerse en pie, un agudo dolor le traspasó la cabeza y se le instaló en la nuca.

Se sentía presa y aturdida, y culpó a aquellos dos últimos vasos de ginebra y al aire viciado del local.

Como suele suceder a menudo, había olvidado su sueño.

Al salir, comprobó que en el campamento reinaba una gran actividad.

La luz del día era radiante.

Raúl, se le acercó y le ofreció una taza de café.

- Todos nos hemos sentido un poco mal los primeros días, Ana, tranquila ya se pasará.

- Gracias Raúl, no tengo ni idea de lo que sucedió anoche, me siento confusa.

- No pasó nada, Ana, sólo pasó lo que tu querías que pasara, eso no tiene por que aturdirte.

- Ya ………… pero es que no recuerdo nada, y tengo una rara sensación.

- Tranquila Ana.

Dos compañeros, sentados sobre unas piedras, en un campamento juvenil de verano.

Ana, mientras en silencio con la taza de café entre sus manos, se interrogaba.

La cabeza parecía estallarle, pero no encontraba respuestas, no.

Eso hacía que su dolor se intensificara aún más, si era posible.

- Ana, déjalo, no pienses más ya irás recordando.

- Raúl, ¿tu estuviste aquí toda la noche?

- Si, ¿Por qué? - Tú me viste por aquí, ¿estaba tan bebida como para perder el sentido?

- Ana, la culpa de que perdieras el control, no fue de la bebida, te empeñaste en tomar esa dichosa pastillita que te ofrecía Daniel.

- ¿Quieres decir que, ……….. tomé drogas?

- Sí, tomaste.

- Necesito que me cuentes que hice, no te calles nada, es muy importante para mí.

- Está bien Ana, te lo cuento.

Raúl, inicio su relato, ante la mirada distante de Ana, ………………………

Bueno, sinceramente, lo pasaste en grande, hiciste lo que el cuerpo te pedía, te desnudaste delante de todos nosotros, con una sugerente música, y delante de todos, mostrándote muy sensual, te acariciaste cada parte de tu piel.

No podías dejar de acariciarte, estabas deseosa por mostrarnos lo que eras capaz de hacer y nosotros contemplábamos tu cuerpo, tus pechos desnudos, tus pezones, tus largas piernas, tienes un cuerpo perfecto para el deseo, Ana, esa es la verdad.

Yo, como tantos me sentía excitado, tú delante de mis ojos, masturbándote y yo mirando como lo hacías.

Sacabas tu lengua, para humedecerte los labios, eso a mí me ponía a mil.

Tú forma de ondear las caderas.

Tu manera de mirarnos, desafiante, provocadora.

Dani, fue el más lanzado, el fue el primero que se acerco a tí.

Pareció gustarte, y dejaste que te acariciara, sin pudor, delante de todos, es más le ofreciste saciarse con tu sexo.

Después de acariciarte tu sola, le diste tus pechos y tu cuerpo.

Mientras, lo humedecías todo con tu lengua, tus manos buscaban desesperadas su miembro, estabas muy excitada, hasta que lo sacaste de su escondite.

Lo hiciste tuyo, en una buena sesión de succionamiento y de lubricantes, tu lengua recorría cada parte se su sexo, tus manos, no dejaban de acariciar sus muslos y testículos.

Dani, estaba a mil, como nosotros, la diferencia es que él estaba contigo y los demás no.

Por lo que más de uno, tuvo que recurrir a la masturbación en solitario, para saciar su sexo.

Otros encontraron compañía.

Después de chupar, lamer y dejar que te introdujera sus dedos, le gritaste que necesitabas que te penetrara.

Dani, no lo dudó, lo deseaba, su forma de sudar, lo hacía latente.

Y te abriste de piernas para él.

Te penetró …………….. fuerte …………….. insaciable, tus gemidos excitaban todavía más, que tus movimientos.

En la sala, sólo se olía un aroma, el de sexo.

Mientras tú disfrutabas por ser penetrada, llegaste al orgasmo.

Aquí, delante de todos.

Y perdiste el conocimiento.

Ana, estaba en silencio.

- Ahora entiendo por qué me duele mi sexo.

- No te preocupes, Ana, estábamos todos muy borrachos.

- Raúl, sinceramente, eso sí me preocupa, pero ya está, no hay nada que hacer, además si lo disfruté, está bien. Lo que más me preocupa ahora es, que no tomo ningún método anticonceptivo, y un embarazo sería muy duro para mí.

Se hizo silencio.

Sólo eran dos amigos, sentados sobre unas rocas en un campamento de verano, unidos por las manos, hablando.

Ana, recostó su cabeza sobre el hombro de Raúl, y unas lágrimas resbalaban por su cara.

Silencio ………………………………………….

Deseo. Año 2003.

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