sábado, 29 de mayo de 2010

Confusiones



Nunca sentí nada extraño en mi cuerpo, sólo la inapetencia al sexo, una vez siendo ya mayor, me decidí a tener relaciones con mi pareja, o bien él fue brusco, o yo no me supe relajar, el final fue desastroso, mentalmente destrozada, sexualmente dolida, rompí con él.

Y creo que comencé a odiar el sexo en pareja.

Pero no tardé en darme cuenta de que no lo odiaba, simplemente que no lo deseaba con las personas, con las que la naturaleza se supone me había otorgado.

A mis 20 años y con esa dolorosa sensación al sexo aún no había experimentado nada más, me consideraba un bicho raro, las caricias de mis parejas, lejos de gustarme me asustaban, me temía otra vez el dolor.

Y ninguno de ellos logro traspasar la barrera que mi mente formaba, reconozco que toqué fondo, no me entendía, no comprendía, que clase de “cosa” era.

Mis padres al ver mi caída, perdida de peso, mis ánimos inexistentes, mis encierros en casa, optaron por darme unas vacaciones, digamos que un descanso en compañía de una de mis primas, claro está que así no me lo pintaron, la versión de ellos fue hacerme creer que la pobre era tan inútil que no podría estar sola en otra ciudad si no era acompañada, en ese caso decidieron que yo al ser más espabilada, la ayudaría ya que acababa de romper con su novio justo dos semanas antes de su boda, y estaba peor que yo.

Total, vaya dos.

De camino Dios sabe dónde, en busca de no sé qué.

Con desgana asumí mi papel de madre protectora.

La verdad al verla, ya que el recuerdo que tenía de ella era muy vago, me quedé asombrada, era preciosa, nos saludamos, y subimos al tren en dirección a otra ciudad.

En el trayecto hablamos, me contó que tras decidir casarse, algo en su interior le decía cada día con más fuerza que no era su camino, que no estaba eligiendo bien.

Tras meditarlo, decidió romper con Pol, iniciar una vida nueva lejos de la gente que la conocía.

La impresión que me dio era de ser muy decidida, nada que ver con la estampa que me vendieron.

Hablamos de miles de cosas, hasta que llegó el momento de las relaciones.

Me contó que Pol, no la llenaba, mejor dicho, no sentía nada cuando se acostaba con él, tapaba esa sensación a hacer el amor siempre corriendo, a escondidas, pero un día reaccionó y se dio cuenta de que no le gustaba, simplemente era atracción, que ella esperaba algo más de la vida.

Repetía una y otra vez que cuando lo viera lo sabría.

Yo apenas hablaba, solo asentía con la cabeza, pues me encantaba como se explicaba e incluso me identificaba con sus palabras.

Llegamos a destino, caminamos unos minutos preguntando por la dirección entramos en un portal grande, subimos y voila, la llave correspondía, era nuestra casa, por unos días.

Elegimos habitación, una colocaba sus cosas mientras la otra se duchaba.

Era precosa, es lo que mi mente pensaba mientras ordenaba la ropa en el armario, poco después salió de la ducha, sus piernas caminaban acercándose a mi lado, hablando.

Su voz era dulce, algo en ella me atraía, se acercó una vez más hasta mi lado dejando su cuerpo desnudo con naturalidad.

Me sorprendí al ver como mi mano cobraba vida y se acercaba hasta su firme pecho, los pezones estaban duros a causa del cambio de temperatura, me disculpé, pero ella con aquellos ojos negros, mirándome serena me atrajo otra vez su mano hacia sus senos y los colocó de forma que mis dedos los rozaran en su plenitud.

Por primera vez en mi vida sentí los labios de una mujer en los míos, electrizante.

Sus manos se colocaron en mis pechos aún vestidos y abrió uno a uno mis botones, para después adentrarse por la obertura y sacándolos de mí sostén, chupó mis pezones, excitados.

Mi voz dijo que nunca había estado con una mujer, ella respondió que tampoco, pero que nunca se dice, nunca jamás.

¿Te atreves?, a mí me apetece, me siento rara, pero me gustaría comerte, acariciarte, besarte, mientras sus manos escarbaban mi cuerpo.

No respondí con palabras, solo saqué mi lengua para que ella la chupara.

Entonces me decidí a bajar por su cuello, lamiéndolo, mis manos se colocaron en su cintura, mi lengua bordeaba su ombligo, su espalda se inclinaba dándome señales de placer.

Sin darme cuenta, sus dedos ya estaban en mi clítoris, lo acariciaban, mis manos bajaban apretando sus glúteos, abriéndolos, mientras me sorprendía a mi misma mordisqueando sus pezones otra vez, con más intensidad, con calor, pasión, algo que no había sentido nunca en mi vida.

Nuestros cuerpos se acomodaron de manera que las lenguas se adentraban por los dos sexos mojados.

Las manos sujetaban las pieles y ese día, sólo nos chupamos, lamimos, mordimos, y penetramos con la lengua alargada, esforzándola al máximo, entrando en toda su cabida.

Sentí como un escalofrío que a su vez era ardiente recorría mi columna, mis manos temblaron, mientras mis labios sellaban los labios vaginales de ella. Me humedecí, mientras mi boca se llenaba de líquidos dulces.

Disfruté temblando, notando como ella se contraía en mi boca.

Disfruté como nunca.

Me sentí orgullosa de haber descubierto mi sexualidad.

La tenía tan cerca y estaba tan ciega. Cada noche dormimos juntas, amábamos nuestros cuerpos, sentimos en esos días, las sensaciones más hermosas, las más placenteras, nos sentimos llenas.

Ahora, somos pareja.

Una pareja feliz, amante, completa.

Deseo. Año 2004.

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