lunes, 3 de mayo de 2010

Amanecer sexual



El horizonte se aclaraba poco a poco. La luz del sol se debatía con la oscuridad en un pulso firme que Noelia contemplaba desde su Toyota Celica rojo fuego abrazada a una copa fina y elegante aún medio llena de un cava espumoso que saboreaba sorbito a sorbito muy despacio, lentamente, como pretendiendo que no se acabara nunca. Todavía le quedaba parte de una botella en el asiento del acompañante vacío....pero esa era su forma de beber aquellos licores que luego provocaban en su cabeza cierto mareo. Quería tener el control suficiente para poder exclamar: es un nuevo día ..... y se hizo la luz¡ en un marco incomparable, un alto de un camino donde se iniciaba una montaña y ya sólo a pie se continuaría en el dudoso caso de que Noelia tuviera aquella intención, pero no, la suya era otra bien distinta, simplemente contemplar desde allí la ciudad abajo, un cielo desperezándose arriba y su coche y ella entre medias. Le gustaba mucho observar cómo aquellas luces pequeñísimas de todos los colores dejaban paso a puntos de un paisaje iluminado por el sol naciente .... cuando repentinamente vio asomar una cabeza, era un hombre, fuerte y deportista, porque subir andando hasta allí ..... tenía su mérito ..... Al verle, no supo muy bien qué hacer, pero bueno, no estaba haciendo nada malo ..... y simplemente dejó su copa en el asiento, abrió su ventanilla y le saludó:

- .... ¡Hola¡, buenos días ....

- ¡Caramba¡ -exclamó el desconocido admirado de la vista-, una maravilla parlante en este monte ...... nunca la había visto, buenos días, señorita, ¿cómo por aquí tan solita, si no es indiscreción?

- Bueno ..... me gusta espiar al sol .... sobre todo a primera hora .....

El desconocido, soltó su mochila y se acercó a la ventanilla, se le notaba gratamente admirado ...

- Pero .... va usted tan elegantemente vestida, que .... no me imagino de donde ha podido salir. Todo este satén, la seda .... aquí en el monte lo único que puede pasarle a este .... ¿vestido? es que se le rompa, discúlpeme ....

- Jajajaja¡, sí, desde luego, por eso he venido en coche .... porque salí tardísimo de una fiesta ..... y, bueno, quise oxigenarme un poco y de paso contemplar esta maravilla de amanecer, ya ve ..... Todos los días no puedo hacerlo, de modo que hoy, pues ..... como que me aprovecho un poco de las circunstancias, se imagina, ¿no?.

- Si, desde luego, yo me puedo imaginar todo lo que usted quiera, pero .... ¿no le da un poco de miedo que le asalten ahora mismo ...?

- ¿Quién?, porque aquí solo estamos usted y yo .....

A medida que intercambiaban frases, algo .... surgía dentro de este par de dos. Ella solo sabía mirar sus vaqueros ajustados y su paquete, pero, claro, cuando se daba cuenta, intentaba disimular desviando la vista hacia el paisaje -que evidentemente ya había pasado a ocupar un honroso segundo plano- y masajeaba sus muslos a modo de nerviosismo por lo que escuchaba de su repentino desconocido ...., quien al observar aquellas caricias propias que la nena se efectuaba a sí misma, más el cuerpo de la moza más bien ligerito de ropa, más aquel escote de vértigo que le permitía ver desde la altura apropiada unas maravillas también incluidas en la Madre Naturaleza ..... pues la atmósfera se cargó un poco ....

- Yo mismo, ya que no hay otros ....

- ¿Y sería capaz de hacerme daño así por las buenas ...?

- ¿Yo ....?, ¿daño ...?, ¿a ti, preciosa?, no, nena, no, no te confundas ..... he dicho “asaltarte”, no hacerte daño ... daño procuraría hacerte el mínimo posible, vamos, yo, que precisamente soy incapaz de hacer daño ni a una mosca ....¡¡¡¡, pero existe, y serás consciente de ello, otro tipo de ..... bueno, que es que resulta que al verte, aquí sentadita, con tu piel al descubierto, con tu pelo revuelto, tu aroma, tus medias, tus zapatos ..... todo tan sexy, aquí, en este paraje .... pues, oye, yo, una piedra precisamente no soy .... ¿o me habías confundido con alguna por casualidad ....?

Noelia se fue relajando, aquella cuestión era “harina de otro costal”. Abrió la puerta del coche para dejar salir a sus piernas que solicitaban algo de estiramiento, lo que produjo en el muchacho un mareillo y un resoplido, como diciendo: “ ... y encima me enseña las piernas al completo, pues se la está buscando ella solita ....”

- Bueno, todo tú no eres una piedra, pero yo sé dónde encontrar una en ti ...., ¡seguro¡

- ¿Anda¡, qué no tienes abuela, no? .... claro, que, para qué nos vamos a engañar, preciosa, maravillas de mujer no veo todos los días por aquí precisamente. Luego en la ciudad ya es distinto, bajo y encuentro tal vez demasiadas, tan atareadas, que van a lo suyo, y tal .... pero es que al verte, he pensado: ¿vaya, hombre¡, qué flor más hermosa ha brotado aquí, no?.

- Qué simpático eres, jo¡, y qué cosas más bonitas dices ..... Ven, acércate más a mí, que al abrir la puerta te has ido demasiado lejos, si no muerdo, puedes estar tranquilo .... soy bastante dócil, ven ..... -le decía Noe, extendiéndole sus brazos mientras le abría sus piernas ....-

Raudo y veloz, el desconocido se acercó hasta ella quedándose de pie, para ver qué se le ocurría a aquella flor salvaje que se había encontrado .... Noe, al contemplar su bragueta tan de cerca, lógicamente, bajó su cremallera y se topó, también con otra maravilla de la naturaleza bastante excitada, dura e incluso húmeda, la acarició lentamente hasta que se percató de que cualquier movimiento sería capaz de desinflar aquella hermosura, de modo que la chupaba por fuera con su lengua caliente, muy despacio mientras clavó sus ojos en los de su simpático desconocido quien al notar la caída de sus pantalones, como si de una hoja expuesta al viento se tratase, los arrojó lejos para quedar liberado y a gusto ante aquella mamada. Mucho más cómoda ya, Noe pudo acariciar también los huevos de su ardiente desconocido que parecía ser preso de una fiebre exaltada a tenor de la temperatura de su cuerpo. Le acariciaba por todos lados: su culito prieto, sus muslos, sus piernas .....

- Por Dios, déjame hacer algo, no?, preciosa .....

- Pues entra, que soy muy tímida y sólo expondré mi cuerpo al calor de tus ojos, vamos al asiento de atrás, que estaremos más cómodos ....

- Pero si este coche no tiene ...¡¡¡¡, juer¡

- Pero yo sé un truco. Tiene una bandeja, se echan hacia delante los asientos delanteros, se abaten hacia delante los respaldos, y ..... voilá¡ tenemos una salita del tamaño de una bandeja rodeada de cristales, que pueden oscurecerse si observamos extraños ..... que no nos interese invitar ..... y, el caso es que me recuerda a las cabinas que se ven en la tele de películas de esas guarras, sabes cuales te digo?

- Preciosa, preguntas ahora, para nada ..... sigue chupando por aquí que yo, con tu permiso bajo esta cremallera de este ...... trapito tan fisno que llevas puesto y voy a comérmelo todo¡

- Ah, sí, mi niño, cómemelo todo, haz de mí lo que quieras .... que yo inspeccionaré todos tus puntos vulnerables a las sensaciones y volarás alto, mmmmmmmm¡, tú ya has encontrado uno .... te gustan mis senos, ¿verdad?

- ¡Oh¡, ¿gustarme ...?, están tan suaves y excitados que de un único sorbo me los bebería como el mejor licor .... o los devoraría como hago con los flanes, de dos mordiscos .... sin cucharita ni na¡

Mano a mano, piel a piel, comenzaron el baile del rozarse cada poro de sus pieles, mientras las manos de una acariciaban aquel falo terso, suave pero como una verdadera piedra. Ofreciéndole a él también su entrepierna, Noe se encargó de la del muchacho pero ahora en su boca maestra, sabedora de mordisquear suavemente ciertos puntos que le hicieron vibrar unos instantes, humedecer con su dedito otras para lubricar la zona y que no diera tirones, masajear con sus pechos un arriba y abajo al compás de los besos del joven que se afanaba por compartir boca, dedos y lengua en el coñito de su casual florecilla provocando unos gemidos de pasión que resonaban alto en un espacio tan pequeño.

- Siéntate, desconocido, quiero montar tu tronquito follador al paso, primero, al trote después, para terminar en un galope veloz que me transporte al imperio de los sentidos¡, voy a follarte, mamón, y encadenaré tus manos a estos cinturones para que aumente tu sensación.

Lo ató sin pensárselo dos veces, tal como había dicho, para cabalgar en su polla una y mil veces, hasta que prefirió ponerse cual perrillo faldero para que su varonil acompañante la penetrara por detrás.

- Desátame, vida, que pueda acariciar este culo de lujo ....

- Yo marcaré el ritmo, tranquilo, tú sigue así, eres un árbol con el que voy a follarme el culo, sé cómo hacerlo, no te preocupes .... sólo disfruta de tus cadenas de pasión.

Era una sensación extraña estar allí atado de manos y al mismo tiempo recibir aquellas envestidas mientras contemplaba cómo su flor salvaje se excitaba su propio clítoris, se pellizcaba sus propios pezones y todavía se acordaba alternativamente de pellizcarle a él muy suavemente sus cojones a punto de explotar. No supo cómo pero musitó:

- Cariño, me voy a correr¡¡¡¡...

- Pues tendrá que ser en mi boca, chaval, dame tu leche, siiiiiiiiii, ahghhhh, qué calentita¡, mmmmmmmmm, qué riiiiiiica¡¡¡

- Bufffff, es la primera vez que me siento realmente árbol, flor salvaje¡¡¡

- Flor, yo?, no, no, prefiero ser una gatita, miiiiiiiiiiauuuuuuu¡¡¡¡

María Silvia Cano. Año 2003.

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