
Paseaba cada noche solitaria por las calles, en silencio, no importaba si llovía o hacia viento.
Silenciosa, extraña, mis ojos la perseguían con la mirada, noche tras noche, en la distancia.
Más de una vez, tuve la intención de bajar a hablar con ella, pero la veía tan distante que mí presencia pensaba que la perturbaría.
Una noche como otra, bajé la basura antes de que el camión pasara a por ella.
Me extrañé al verla lejana.
Esperé escondida hasta que ella se acercó caminando, con la lejanía de sus pasos.
Pude verle la cara, estaba empapada en lágrimas, su cuerpo arqueado y no se la veía mayor como para estar tan deteriorada.
Sin darme cuenta, la saludé, pareció no darse cuenta.
Mi presencia, su lejanía, era para mi un reto saber de aquella persona, por lo que me decidí a acercarme un poco más.
Me coloqué a su lado y le tendí un pañuelo.
No esperaba que lo usara, pero me sorprendí al ver que lo agarraba y me miraba.
- Hace días que me miras, lo sé.
- Sí es cierto, espero que no te enfades por ello, pero no sé, es como si tú me llamaras.
- Es que te llamo, hace noches que espero este momento.
- ¿A mí? Pero si no nos conocemos.
- Sí que nos conocemos. Tú eres Sara.
- Es cierto, me llamo Sara, ¿y tú quien eres?
- Buena pregunta. Pero no hay respuesta. Mi presencia es sólo para decirte algo ….. algo que será muy importante en tu vida, estoy aquí para hacerte saber que algo pasará contigo y has de saber, has de cambiar, has de dar todo lo que hay en tí para que llegues a ser feliz.
- Mira yo creo que la felicidad no existe, y qué.
- Calla, calla, que sabrás tú chiquilla. Déjame hablar. Un día no muy lejano, una persona se acercará a tu puerta, sabrás de quien te hablo cuando lo veas. Es inconfundible.
- Sólo te puedo decir que lo ames, que seas de él y que le des todo tu amor: Ámalo cada noche como si fuera la última. Entrégate con la fuerza del deseo, y alma.
- No entiendo lo que me dices, sé un poco más clara, yo tengo mis ideas.
Al decir eso me dí cuenta de que estaba en la calle hablando sola, en el suelo sólo una rosa Azul, no entendía nada, y supuse que mi mente me estaba jugando una mala pasada.
Meses después, Jaime, llamó a las puertas de mi oficina, era el encargado de arreglar los aparatos eléctricos de mi empresa.
Tenían que reparar varias cosas, por lo que pasó algunos días muy cerca de mí.
Nos dimos cuenta que había algo que nos unía, pero no conseguía eliminar esa tristeza de sus ojos.
Iniciamos una relación normal.
Éramos y somos felices, quizás estamos al límite.
Pero esa tristeza de su mirada no desaparecía.
Recuerdo que la primera vez que nos amamos fue muy especial.
Hacía varios meses que salíamos como amigos, pero aquella noche después de salir del cine, y con las escenas de amor aún en mis pupilas, nos miramos a la cara y no nos separamos hasta el amanecer, llegó la hora de hacerme suya, tal y como lo había soñado desde el día que lo conocí.
Entramos en su casa, pequeña pero muy limpia.
La cama estaba cerca, no nos costó llegar a ella, a pesar de no separarnos, los pies nos conducían hacia el nido del deseo.
Mi cuerpo se aceleró al contacto del suyo.
Mis manos pasearon por su piel, mi cabeza estallaba con cada palabra, con cada susurro.
Mis dedos se comprimían, cada vez que el contacto se hacía latente.
Mi pecho se aceleraba y le mostraba mis pezones para que los hicieran suyos.
Su piel despertaba mis instintos ……………………….
Hasta que llegó un momento en el que empecé a conocer a la verdadera Sara, deseosa, de ser penetrada ………
Mi boca se hacía agua, al ver su miembro excitado, el glande me pedía a gritos que me lo comiera y no tarde en hacerlo, mi lengua bordeaba, toda la piel que lo rodeaba, mis manos sentían sus genitales.
Mi espalda recostada en el colchón, para poder ver cada sonrisa, cada caricia, cada suspiro.
Recuerdo que me abrí como una flor, como una amapola, para él …………
Mi boca descubrió el gusto del sexo ….. y no cesé de hacerlo mío hasta que me pidió que parara …………………
Me gustó oírlo de su boca, me gustó sentir sus dedos en mi sexo ……….
Deseé que no cesara nunca, a la vez que necesitaba que no parara.
El tacto de su lengua en mí, encendió una llama, mi cuerpo mostraba la excitación y el sudor desprendía olor a sexo …………..
Mi cuerpo quería ser saciado, mientras me lamía entera.
Una de mis manos, movía mis pechos, mientras Jaime, entraba con su lengua por mi sexo, lo lamía y lo chupaba …………………………..
Succionando cada parte de él, entreteniéndose en cada rincón, hasta que sentí como mi clítoris endurecía, y el contacto me hacía estremecer, era una especie de dolor y placer que no podía controlar.
Le pedí, le supliqué que me hiciera suya ………………
Me miró a los ojos, esos ojos tristes, me miraban ……………………
Y me acarició la cara, sus manos en mis pechos, mientras las mías, lo atraían hacia mi cuerpo deseoso por ser penetrado.
Sentí cada milímetro entrando en mí, mis uñas en su espalda …………………….. y calor ………… mucho calor ……………. una hoguera de sentimientos cruzados con deseo y pasión.
El interior de mi cuerpo estalló, me llené con él, con su amor, con su sentido al deseo con su líquido que se esparcía dentro de mi cuerpo ardiente.
Nos fundimos en un abrazo.
Me quedé dormida ………………………………..
Soñé, con aquella cara, ahora sonreía, me miraba, y me sonreía, esta vez no caminaba sola, ni habían lágrimas en sus ojos, esta vez, me miró, con una mirada profunda, serena y me dijo:
Gracias.
Al despertar, encontré una rosa azul, en mi mano …………..
Lloré, lloré como nunca, abracé a Jaime, y mirándole mientras el aún dormía, le prometí amarlo siempre.
Cuando despertó, sus ojos estaban brillantes.
Me hablo de Olga.
Olga fue su novia ….. Murió en sus brazos, en un accidente de tráfico, me contó que sus últimas palabras fueron:
Mi vida, sé feliz, yo estaré a tu lado, pero vive, mi alma te ayudará, no lo dudes. Te quiero.
Y Olga se fue, dejando en su camino la rosa azul que siempre compraba en la floristería de la esquina.
Cada vez que hago el amor con Jaime, sé que Olga está cerca y que lo disfruta.
O ¿acaso no hay sexo en la otra vida?, bien podrían tener su origen los sueños eróticos en un alma perdida en busca de placer ………………………
Deseo. Año 2003.
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